Junkmusic, payola y la radiofórmula española

Hacer un zapping sintonizando las distintas frecuencias de las cadenas musicales en este país, es constatar para nuestro pesar que la calidad musical no es un factor a la hora de ser pinchado. En la inmensa mayoría de casos la selección musical es de vergüenza ajena, pero aparentemente y según los datos de las distintos olas de los EGM (a pesar de leves disminuciones en el seguimiento)las emisoras musicales de carácter comercial cuentan con el apoyo y seguimiento de la audiencia.

No es objeto de esta reflexión abordar el asunto de si la radio programa lo que el oyente pide (hasta cierto punto esta justificación es cierta) sino estudiar por qué por ejemplo la canción de turno del ínclito Enrique Iglesias suena con puntualidad británica cada 2 horas en cierta radio española.

Si el dinero mueve el mundo no iba a ser menos con los criterios de selección musical de una cadena de radio. Para entender el funcionamiento de la programación, pongamos de los 40 Principales, es necesario conocer lo que se conoce como “Payola“.

Payola es un término que básicamente es usado en el argot de la industria musical y que viene a significar pagar por que emitan cierto contenido. Las discográficas (multinacionales en casi todos los casos) realizan esta práctica como una inversión más en marketing de manera que el dinero que pagan a las cadenas esperan que posteriormente se traduzca en reconocimiento y difusión de su artista, lo que traducido resulta en ventas directas de sus discos e ingresos indirectos (conciertos, merchandising…).

Si bien esto se puede ver simplemente como una inversión de marketing comparable a las campañas publicitarias de cualquier producto del mercado (pongamos el anuncio de un coche en TV) plantea ciertas cuestiones que deben ser analizadas.
La primera obviamente es tratar un nuevo lanzamiento musical como un mero producto. ¿Es una obra musical, que por concepto se puede considerar arte, un bien de consumo? Para multis como las que integran la denominada Big Three: (Sony, Warner y Universal) y para algunos artistas la respuesta es afirmativa. La industria musical (entendiendo como tal las grandes disqueras y artistas “mainstream”) ha mutado (deformado) de manera que usa sus lanzamientos musicales como productos de usar y tirar, a los cuales explota comercialmente. Una nueva cara bonita con single y que pase el/la siguiente señores.

Hay excepciones, artistas que se han consagrado a base de posicionarse y obtener visibilidad constante (billetera por delante dicho sea de paso). Y es que por algún motivo se han convertido en un producto rentable y apetecible al gran público (las divas del pop ahora han pasado a ser divas del porno pop.). Tampoco existe piedad con estos “artistas” consagrados, se les exprime con un disco anual como mínimo y 4 singles y videoclips por año (Beyonce, Rihanna, Nicki Minaj…). Esto además subraya una sospechosa capacidad prolífica de estos artistas, cuando la cruda realidad es que su labor se reduce a ser intérpretes de una legión de escritores buscahits que tienen detrás.

En definitiva, la música mainstream de las radiofórmulas es al panorama musical lo que la comida basura/rápida a la gastronomía. Accesible a todo el mundo, como el Mcdonalds, pero de dudosa calidad. Fast-music radio stations. Las emisoras de alcance nacional han optado por ofrecer Junkmusic y les es rentable. Esta ” basura para tus oídos” ha venido camuflada de diferentes maneras (los 40 por ejemplo ha involucionado de una programación basada en pop ñoño en castellano y auge de “triunfitos” a principios de milenio a un electropachangueo/reggeaton aderezado con pequeñas dosis del pop mainstream internacional) pero al final su objetivo es proporcionar al oyente a base de repetitividad, y ser taladrados con la misma oferta, que la basura musical se quede en tu cerebro.

Otra interesante cuestión es la que concierne a la responsabilidad de esta situación.¿Es culpa íntegra de esta mercantilización de la música de las demonizadas discográficas, artistas “que se venden” y medios de comunicación? ¿Acaso en esta ecuación no pintan nada los “periodistas musicales” de los medios?

Apelar a la honestidad, integridad y buen hacer del periodista es tener demasiada fe. Pocos son los casos de personal que haya sobrevivido a presiones y podido programar con libertad música según su criterio. (La mayoría de casos se ha dado en la radio pública- Diego A. Manrique podría ser un ejemplo- la privada hace tiempo que usa a sus locutores como pincha discos con una playlist preseleccionada,y cortita). Es más en una profesión con tanta oferta y tan poca demanda como es la de periodista, es curioso contemplar como el papel del periodista especializado en lo musical casi está en peligro de extinción.

Ser una marioneta en manos de una industria dominante y mercantilista es como poco síntoma de carecer de una mínima dosis de ética profesional y dignidad personal (¿todo por currar vale?. Aplíquense la reflexión amigos bajo el paraguas musical de Prisa, Atremedia y demás cadenas de la oligarquía mediática.

El corporativismo de los medios de comunicación en España y la polarización que impera gracias al poder de este oligopolio que solo se mira el ombligo, ha cerrado por completo la posibilidad de programar música en la parrilla de sus principales cadenas de TV. Lo más infame es que consideran que su oferta musical queda cubierta con los denoninados “talent show musicales”, cuyo nombre está tan mal puesto ya que normalmente son de poco talent y mucho show. En fin, la venta de un reality show al uso pero con fondo artístico-musical. Bajo esa etiqueta no pocos programas han sido adoptados por nuestras queridas cadenas de TV. Programas potables como Mapa Sonoro han tenido una vida efímera mientras que  el espacio audiovisual de Los conciertos de Radio 3 se sigue viendo relegado a horarios intempestivos, tratando al amante de la música alternativa cuanto menos como a un vampiro con horarios de trasnochador.

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Yo después de 4 horazas de no-talent show

Por último cabe preguntarse: ¿es lícito la Payola en España? En España no hay legislación definida al respecto. Diferente es el caso de EEUU que fue pionero en el impulso e implantación de leyes con objeto de prohibir está práctica .

Legislar sobre este tema es obviamente peliagudo. Por un lado, quien programa la pauta de transmisión de una determinada cadena está amparado en su derecho de libertad de prensa para poner lo que le salga del níspero. Bien diferente sería, que al igual que en EEUU, existiese una obligación de publicar quien ha pagado contrapartidas económicas por ser emitido, algo que sería la confirmación de una práctica habitual en nuestras ondas . Como ejercicio de comprobación cojan la lista de los 40 Principales de una semana al azar, y vean qué discográficas distribuyen (ojo muchísimos sellos están bajo el amparo de las majors) el material radiado. Apuesto a que las cuentas con los dedos de una mano y que salvo milagro serán en gran porcentaje 3 (las Big Three).

En fin, allá cada uno en su libertad de elección. Yo elijo no seguir la vulgar receta basura de la oferta de la radiofórmula musical generalista de este país. Hoy día, con la democratización de la cultura que ha traído Internet (otro asunto que da para amplia reflexión), prácticamente todos tenemos la posibilidad de elegir que meternos por nuestras orejitas a diario. Convendrán conmigo que está probado que meterse un Big-Mac entre pecho y espalda a diario no es sano (veáse Super Size Me ) pues yo (extremista por naturaleza) me aventuro a creer que tampoco lo es el abuso de la música prefabricada que suena por tu reproductor de radio y que más de uno se traga a diario.

 

Y es que si a Mcdonalds no se le conceden estrellas Michelín, ¿por qué pollas a Pitbull se le otorga un puñetero Grammy ? . Aunque quizás viendo el criterio de los Grammy Awards (Drones de Muse fue elegido el mejor disco de rock del pasado curso) tampoco hay que tomarse en serio esta farsa desvirtuada de premios.

Me niego a recordar la degradación infame que ha sufrido esa cadena musical que ya es indigna de tener la M de Music en sus iniciales.

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