Lanzamiento plataforma FanFairAlliance


La industria musical lleva un tiempo alertando de las consecuencias negativas que acarrea el mercado creciente de la reventa de entradas para espectáculos como conciertos y festivales. En concreto, atacan a una determinada serie de plataformas cuyo negocio es revender entradas, yendo un paso más allá del intercambio/ venta puntual entre clientes interesados en asistir y que no han conseguido tickets mediante “la vía oficial” o mercado primario. Ante lo que consideran un problema que finalmente revierte en nosotros, los fans de la música, se ha lanzado en Reino Unido una campaña para aunar esfuerzos en contra de la reventa organizada.

Involucrados en esta campaña aparecen nombres como los de Arctic Monkeys, PJ Harvey, Iron Maiden o Biffy Clyro. La declaración completa publicada por esta nueva asociación y sus firmantes puede leerse aquí.

No admite discusión que el problema de la reventa afecta muy negativamente a quien desea adquirir una entrada para un determinado concierto o festival. Pongamos un ejemplo ficticio (aunque podría ser real y además más común de lo que pensamos):

Los miembros de Led Zeppelin anuncian una pequeña serie de conciertos con el hijo del malogrado John Bonham a la batería. El interés obviamente es enorme pero a la hora de salida a la venta de las entradas a través de internet sólo unos cuantos afortunados consiguen entradas para algún concierto. Se agota todo en minutos. Hasta aquí todo normal, la demanda es mayor que la oferta y puede ocurrir. Pero entonces, tan sólo minutos más tarde en plataformas de reventa como Viagogo, StubHub, GetMeIn y Seatwave aparecen cientos de localidades a la venta a precios que duplican los iniciales del mercado primario encargado de distribuir las entradas. ¿Casualidad?  ¿Es esto debido a una red de reventas oficiales cuyo negocio es este?¿Y si se ha hacheado el sistema haciendo uso de redes de bots para una compra masiva de tickets con objeto de revenderlas?

Foto de Kristen Holt

En cualquier caso, el mayor perjudicado por esta situación es el consumidor final, el fan. Primero, no consigue una entrada a precio de mercado y si se decide por el mercado secundario (nuestra legislación nacional es bastante ambigua al respecto) acaba pagando una cantidad desorbitada y sin las garantías que ofrece la distribuidora oficial.

En resumen, la proliferación de reventa organizada mediante plataformas de Internet es una lacra para quienes decidimos voluntariamente gastarnos nuestros cuartos en nuestra afición musical. Obviamente, no seré yo quien critique el hecho de revender una entrada por imposibilidad de asistencia al evento usando algún medio online para encontrar interesados, eso sí, si querer obtener una plusvalía por ello. Sobre este caso es indignante que las distribuidoras (y por ende las promotoras en última instancia) no ofrezcan al comprador ninguna garantía de devolución en pleno siglo XXI. Si a mí se me diese de la posibilidad de devolver mi entrada de un concierto al que finalmente no puedo asistir por el importe pagado(los famosos gastos de distribución estarían perdidos con total seguridad) no tendría ninguna necesidad de complicarme la vida encontrando un comprador interesado.

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