Mis discos favoritos de 2016: Parte 1 (25-11)

Se nos acaba otro año más, en esta ocasión el 2016 es el que pronto va a echar la persiana. Y como ya es tradición en las postrimerías de cada año es momento de hacer balance. Finiquitamos doce meses en los que hemos asistidos atónitos a inesperados acontecimientos electorales a nivel internacional que a buen seguro marcarán el devenir de los próximos años. Pero como aquí el tema principal de discusión es el universo musical, y en concreto la galaxia rockera, es hora de hacer recuento delo que ha dado de sí este año. En un par de entregas recogeré los lanzamientos que más he disfrutado. Hoy toca la primera tanda.

De entrada, algo que ha marcado este año musical han sido las tristes noticias de los fallecimientos de figuras tan icónicas como David Bowie, Prince y Leonard Cohen o de otros menos conocidos para el gran público pero igualmente respetados músicos como son los casos de Alan Vega o Keith Emerson. Pero como no queremos quedarnos con el mal sabor de boca de los sucesos negativos, compensamos con una lista de lo que para mí personalmente han sido mis trabajos discográficos favoritos del año. Huelga decir que no coincidirán con todas mis preferencias, es más, no digo que sean los mejores trabajos – de ahí que titule mis favoritos de y no el clásico “lo mejor de”- pero sí son los que por motivos de diversa índole considero que más me han gustado. Dicho lo cuál, a disfrutar de buenos discos que aunque puedan objetarme que no están todos los que son, sí que les puedo prometer que son todos los que están.

 

25. Anciients: Voice of the Void

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Para arrancar uno de esos descubrimientos que tan a menudo encuentro dentro de la escena metálica. Voice of the Void es una bestia agazapada en mitad de un oscuro bosque que a poco que encuentra ocasión arremete contra todo lo que se interponga a base de musculosos riffs de guitarra. Segundo trabajo de una banda canadiense que suena como un cóctel entre el sludge pantanoso de unos Mastodon pre-Crack The Skye y la fiereza a las voces guturales de alguna que otra banda post-metal. Con un disco bastante inspirado y abrumador con temas que golpean duro y con algunos leves arrebatos progresivos que hacen que el tracklist respire y que su escucha, a pesar de alcanzar la hora de duración, no resulte monótona ni asfixiante. Les seguiremos la pista de cerca.

24. Radiohead: A Moon Shaped Pool

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Quizás porque el hype estaba por las nubes o porque como me pasa con casi toda obra del quinteto británico, mis primeras reacciones hacia A Moon Shaped Pool no fueron del todo positivas. También el hecho de la inclusión de temas cuyos “bocetos” habían sido ya ideados tiempo atrás suponía una traba personal hacia el nuevo trabajo. Un disco que con la perspectiva del tiempo ha ganado tras alcanzar a vislumbrar los detalles que atesoran temas que en primera instancia resultan aparentemente simples. Menos inmediato que un In rainbows la dosis de nervio y catársis sólo la aportan Ful Stop y Burn The Witch a medias- pero con un Jonny Greenwood convertido en hombre orquesta otorgando más matices si cabe a una banda a la que pocas cimas les quedan ya por conquistar en la música alternativa. Delicadeza y minimalismo fundidos para conquistar a todo el que disfruta de la suerte de contemplarles en directo. A mí me conquistaron.

 

23. Catorce: Agua. Naufragio. Equilibrio.

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No soy yo normalmente muy dado a reivindicaciones baratas de terruño y trapo. Pero sí que considero necesario que apoyemos a nuestros paisanos, y es que a veces por puro ejercicio de esnobismo tendemos a descartar que dentro de nuestras fronteras se produzca música de calidad. Y sin que se tome como ejercicio de patriotismo de hojalata, durante este año a nivel nacional ha habido lanzamientos tremendamente disfrutables. Uno de los que mejor poso me ha dejado ha sido lo nuevo de los sevillanos Catorce. Un discarral que alcanza cotas aún más altas que su predecesor, un potencial que ya estaba en Atlas como comprobé cuando les vi en directo el pasado año en su ciudad natal. En Agua. Naufragio. Equilibrio. todo suena con una acojonante madurez, entregando unas melodías muy trabajadas. Como si la base sonora de Toundra se fusionase con aquellos inolvidables Nothink a excepción de que aquí Jaime canta en castellano. Levantarse y aplaudir es lo que toca.

 

22. Rival Sons: Hollow Bones

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Hollow Bones puede que objetivamente no sea un trabajo sorprendente ni siquiera se le considere a la altura de referencias pasadas, pero igualmente está cargado de momentos de elegancia bluesy-rock. Y esto es algo que escasea, y como tal hay que disfrutarlo. A ratos hay acercamientos a los Black Keys que pueden resultar altamente sospechosos ( Tied Up) aunque con temas tan vigorizantes como Thundering Voices o con ese pelotazo que es Hollow Bones Pt. 2 todo se olvida. Más un disco de jitacos que un gran trabajo en su conjunto. En los momentos inspirados los picos de calidad son enormes, y una vez más la voz de Jay Buchanan cautiva – para muestra su trabajo vocal en Fade Out o en el emotivo cierre de All That I Want en un espectro de frecuencias clásicas que rezuman jugo de guitarras setenteras y la esencia clásica que jamás debe desaparecer. Larga vida al Rock & Roll.

 

21. Summerlands: Summerlands

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Tomando de base aquel tonto eslogan de un anuncio de quesitos en porciones, aquí diría que ” Yo del sello Relapse y de todo su catálogo me fío”. Y es que bajo el paraguas de dicho sello lo más granado de la corriente metálica progresiva/sludge de nuevo milenio publica siempre recomendables referencias. Y es que dejando de lado los grandes nombres como Barones, Mastodon, Kylessa o Red Fang de vez en cuando se encuentran perlas de nombres más pequeños. Hace bien poco que he descubierto a Summerlands con su homónimo debut. Una banda que concuerda bien con el sonido esperado dentro de la filosofía sonora del sello. Lo que hace que Summerlands se hayan cascado un gran disco es una capacidad genial para englobar en canciones de cuatro minutos toda la esencia de unos Baroness conjugando además un trabajo de guitarras y unos tremebundos solos que están dentro de lo más espectacular que ha pasado por mis auriculares este año. Otros a los que se les debe hacer un marcaje de cerca.

 

20. Swans: The Glowing Man

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Adentrarse en el universo sonoro de Swans, o lo que es lo mismo en los oscuros entresijos de la mente de Michael Gira, es una experiencia similar a pasear en la soledad de la noche por callejones umbríos en los que todo tipo de peligros pueden acechar. Un ejercicio masoquista y casi desaconsejable. Pero dado que la razón no gobierna completamente nuestros impulsos, al final acábamos sumergiéndonos en el vasto y tenebroso océano musical que es The Glowing Man. Otro trabajo más que añadir a la lista de un proyecto que explora los límites retorcidos de composiciones que como en este caso superan hasta en tres ocasiones los 20 minutos, habiendo otras dos por encima de la decena de minutos. Sobra añadir que éste no es un trabajo de fácil digestión, de hecho ciertos tramos pueden atragantarse, sin embargo con cierta dosis de paciencia y predisposición acabas admirando el perverso e impredecible paisaje pertreñado por un retorcido genio que no conoce límites. Un disco/experiencia para entrar en absoluto trance.

 

19. Eight Bells: Landless

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Otro de esos descubrimientos de este año dentro de la escena metálica más experimental. Una banda femenina al 100% en su composición, y no será el último caso de alta presencia fémina que habrá en este repaso. Este detalle no lo paso por alto y es que en este 2016 entre mis predilecciones hay una tendencia cada vez más alta a que música creadas por el género femenino acaben teniendo gran cabida entre mis gustos. Igualmente interesante es que cada vez más mujeres se abran paso en géneros en los que históricamente no han destacado. Dejando de lado dicho asunto, en Landless existen razones suficientes para alabar el trabajo del trío de Portland. El tema de nombre homónimo contiene encápsulado las mayores virtudes de una suerte de Blackened Post-Metal que marida perfectamente con los predominantes claroscuros vocales. En cinco cortes muestran suficientes cartas como para que buena parte de la parroquia metalera las esté aupando merecidamente gracias a un trabajo en el que hay garra, tensión, melodía, intensidad y fuerza. Un disco que por irracionales motivos me recuerda a la sensación que me dejó el inmenso Autumn Eternal de Panopticon en el pasado año. Y eso ya es suficiente razón para aparecer aquí.

 

18. Descendents: Hypercaffium Spazzinate

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Con el punk, y por extensión con sus múltiples derivaciones, ocurre lo mismo que con el género de la comedia en la industria del cine. Prácticamente nadie lo toma en serio y la crítica especializada parece siempre ignorarlos. Por sus aires festivos y porque esencialmente su leitmotiv es la diversión o por ser técnicamente “simplista” a leyendas vivientes como son Descendents no se les aúpa a los mismos escalones de otras bandas legendarias que se han prodigado en otros géneros del rock “más serios”. Sin ser yo un punk-rocker de manual sí que he disfrutado como un enano con Hypercaffium SpazzinateUn divertido disco que condensa esa capacidad de concentrar en intensos temas toda la energía de una banda que a pesar de su edad sigue contagiando una energía rejuvenecedora y un espíritu y actitud que ya lo quisieran para sí cualquier punky wannabe incluso con 30 años menos. Se niegan a envejecer y  con su música nos hacen sentirnos más jóvenes y vivos.

 

17. Jardín de la Croix: Circadia

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Otro paso tremendo en la carrera de la banda madrileña. Siguiendo la estela de los siempre nombrados Toundra ahora se embarcan en una aventura aún mayor intentando conquistar con su directo al público internacional. La música instrumental de estos chicos es técnicamente casi insuperable, y partiendo de sonoridades que cada vez más tienen más de math y menos del post-rock convencional logran explorar nuevos senderos con su última referencia CircadiaUn disco del que no me he enamorado hasta las trancas como sí me ocurrió con aquel magnífico Ocean Cosmonauts pero que en muchos tramos deja ojiplático por la exhibición instrumental que derrochan. Con un peso mayor de teclados y con las habituales progresiones hacia el clímax final tras zigzaguear por serpenteantes tramos como los que ofrece la gran Intermareals. Quien no les conozca todavía debería ponerse las pilas ya y engancharse a un grupo sobresaliente, y cuyos gustos musicales comparto ampliamente. Aprovechen por ejemplo su cita en el próximo Primavera Sound, seguro que arrasarán.

 

16. Car Seat Headrest: Teens of Denial

Parándome a pensar no ha sido el mejor de los años de cosecha en la parcela de eso que podríamos llamar indie-rock. Uno de los nombres que sí que tendrán la suerte de ver en la multitud de listas top y resumen del año que como ésta inundan la red será el de Car Seat Headrest. El proyecto de este precoz y polífico cagadiscos jovenzuelo de estética IñigoErrejoniana que es Will Toledo – no confundir con nuestro polémico paisano Willy- es notabilísimo. Con esa apariencia juvenil y con esos sonidos lo-fi ha conseguido facturar en Teens Of Denial un buen repertorio de canciones con gancho como Fill in The Blank , Vincent o Drunk Drivers/Killer Whales que son aunténticos temazos de lo mejor de la añada alternativa sin ningún género de dudas. Por talento y aptitudes el devenir para Will Toledo pinta mejor que bien y añadido al impulso de las alabanzas recibidas no me extrañaría que a no muy tardar el nombre de Car Seat Headrest pegue un considerable salto dentro de los carteles de algunos de los principales festivales. Pura teenager angst canalizada a través de canciones geniales.

 

15. Cult Of Luna: Mariner

El último trabajo de los suecos Cult of Luna llegó con la novedad de que la cantante Julie Christmas compartiría protagonismo en el terreno vocal con los habituales paisajes áridos y casi lunares a los que la banda nos tiene acostumbrados. Tras un enorme Vertikal la cota estaba altísima y aquí han conseguido entregarnos un disco con únicamente 5 canciones pero con mucho por desgranar. La incógnita de como encajaría la voz de Julie con la música del combo quedó resuelta cuando presentaron como single A Greater Call, un corte que es lo mejor del disco y en el que la potencia sónica habitual se funde perfectamente con  los tramos de voces melódicos de Julie. A partir de ahí en Mariner hay mucho de ese post-metal de tintes algo industriales y con una presencia de una Julie Christmas que toma el mando con unas voces que si bien para algunos pueden llegar a resultar cargantes -dada su personalidad e histrionismo característico podría haber sido mucho pero- para mí es lo que precisamente termina dotando de una originalidad y frescura necesaria en un estilo cada vez más saturado. En Chevron cohabitan multitud de registros, acertados en mi opinión todos ellos. Un disco rocoso en el que Cult of Luna se muestran en una faceta que puede pillar con el paso cambiado. A mí me han convencido de sobras.

 

14. Thee Oh Sees: A Weird Exists

Por desgracia no he podido comprobar aún como se las gasta e directo el Sr. John Dwyer, alma máter del proyecto, en sus tan a menudo etiquetadas como actuaciones must go . Habiéndole tenido relativamente sencillo hace bien poco me duele aún más saber que A Weird Exists, el primero de los dos trabajos que este curso Thee Oh Sees han lanzado, se ha convertido en uno de esos discos que me han alegrado la existencia durante los últimos meses. Aquí nos encontramos con el enésimo ejercicio de sudoroso garage y ese toque fuzz psicodélico que es la firma del amigo John. Cuarenta minutos que se pasan volados y del que caben destacar trallazos como la inicial Dead Man´s Gun o la gran Plasic Plant o la aún más alocada Gelatinous Cube. Distorsión en cada acorde y el martilleo constante de las cada vez más características dos baterías marcando el compás rítmico. Unas canciones que se suceden y que son como una estampida de hipervitaminados elefantes arrasando una juguetería, un estridente y epiléptico trabajo que a ratos coquetea con sonidos sintetizados como en Jammed Entrance pero cuya auténtica fuerza reside en esos arrebatos distorsionados con los que perder la cabeza en el pit. Un polvo rápido, sucio y desenfrenado en un rincón de mala muerte. Un frenesí que deja exhausto pero que estás como loco por repetir.

 

13. Triángulo de Amor Bizarro: Salve Discordia

De la escena indie-rock nacional y su vertiente más noise nadie le ha podido toser a los gallegos Triángulo de Amor Bizarro desde incluso su disco de debut en esa innegable virtud para crear pelotazos sónicos capaces de convertirse en pequeños himnos alternativos de una buena generación de paisanos. Precisamente es esa mi única pega que he tenido con ellos, ser una banda más de grandes canciones que de poder lanzar discos 100% redondos. Ojo que eso no quiere decir que los predecesores fuesen mediocres ni mucho menos. Pero aquí asistimos al que para mí personalmente es el trabajo más completo de toda su discografía. Parece como si los gallegos hayan sobrepasado los límites de velocidad y han acelerado considerablemente en sus composiciones, de hecho en temas como Gallo Negro se Levanta con Rodrigo al micrófono suenan más acelerados y a degüello que alcanzo a recordarles. Se hablará de Sonic Youth o de cualquier otro pero al final a día de hoy Triángulo de Amor Bizarro suenan a Triángulo de Amor Bizarro. Una base rítmica que suena fenomenal también en otras canciones como en ese tramo sobresaliente que es Nuestro Siglo Fnord-EuromaquiaLuz del Alba. Esa micromusa indie que es Isa exprime al máximo el bajo junto a las humeantes baquetas de Rafa en este trabajo. Un trabajo que muestra como nunca una clarividencia compositiva y una evolución a la que no se le termina de vislumbrar el techo.

 

12. Savages: Adore Life

El segundo esfuerzo de Savages tiene esa misma fuerza magnética que la que imprime su portada de puño cerrado en alto. Asombra la personalidad con la que se presenta nuevamente una banda que tiene una cortísima vida  a sus espaldas. Buena parte de esa identidad que se han fraguado y de su atrayente propuesta la tiene su frontwoman Jehnny Beth, quies es capaz de encandilar y cautivar  tanto con sus interpretaciones rabiosas y viscerales como con una presencia y aura que no abundan en estos días. La banda londinense sigue asentado en ese sonido deudor post-punk y en el que el bajo martillea en cada segundo de cada corte. Me resultan tan hechizantes en su vertiente más acelerada, casos de The Answer, Sad Person T.I.W.Y.G., como en su cara más pausada aunque siempre con minicombustiones como en Adore. Ese momento de clímax de Adore que cortan en seco, noqueándote y demostrándote quién manda en el asunto. De buena gana y por lo embobado que me quedo ante estas londinenses este trabajo lo podría haber situado bastante más arriba. Con la reputación labrada y el buen hacer sobre las tablas que demuestran el futuro las debe catapultar a un estrellato que les sería totalmente más que merecido. Adore Life derrocha fuerza por los cuatro costados, apretando hasta la extenuación sin llegar a ahogar.

 

11. Viva Belgrado: Ulises

Ulises de los cordobeses Viva Belgrado es mi disco nacional favorito. Y para el de muchos medios especializados veo que también. Aprovecho por tanto para que de una vez por todas parte de los medios nacionales cubran más la escena rock y derivados. Es loable el intento que por ejemplo Radio 3- no olvidemos cadena pública que por tanto pagamos los ciudadanos- realiza apoyando a infinidad de bandas nacionales, si bien la mayoría de ellas quedan encuadradas dentro de la escena indie, relegando a marginal su difusión de otras propuestas igualmente de calidad. Finiquitado este alegato y regresando a Ulises, el disco que nos brindan es un completísimo trabajo sin fisuras donde su particular e intenso screamo alcanza momentos sublimes. Hay mucho de emotividad en cada verso que Cándido canta, desbordante por momentos con infinidad de momentos a flor de piel. Un sonido que apunta a referencias como esa escena post-hardcore The Wave norteamericana y sobre todo en algunos momentos spoken existen similitudes – a veces demasiado obvias- con La Dispute. Melódicamente el disco es impecable, excelso en momentos como Annapurnas o Transatlántica. Seguramente algo tendrá que ver ese genio que es Santi García, productor de infinidad de mis discos favoritos patrios. Un banda con un techo aún altísimo a poco que continúen con su evolución. Con un empunjocito seguro que alcanzan cimas más altas que el Annapurna.

 

 

 

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