Mis discos favoritos de 2016: Parte 2 (10-1)

Es el momento de revelar mis trabajos discográficos favoritos lanzados durante el año. Una selección final en el que hay un poco de todo, desde bandas con una ya longeva carrera hasta incipientes grupos que hace que sigamos creyendo en el relevo generacional pasando por jóvenes songwriters e incluso regresos anhelados así como tristes despedidas. Incluso se cuela uno de esos tan a menudo mal denominados supergrupos, término que aquí sí hace justicia a la calidad ofrecida. Sin más dilación, os dejo con los que para un servidor se han convertido en mis lanzamientos preferidos de este 2016. 

10. Alcest: Kodama

En el término medio está la virtud. Eso quizás debió pensar Neige cuando afrontó qué dirección artística y estilística otorgar al que ha acabado siendo el quinto disco de nuestros vecinos franceses Alcest. El dilema residía entre optar por explorar aún más el cambio de rumbo que supuso la luminosidad, y en ocasiones excesiva vaporosidad, de su predecesor Shelter o bien renegar de ese sonido y volver a su raíz primitiva más black. Al final ni una cosa ni la otra, más bien se ha servido del casi dream post-rock de Shelter de base y lo ha matizado con fogonazos puntuales de blackgaze, bordándolo en Eclosion, Je suis   d´Ailleurs Oiseaux de Proie. Una obra que en primera instancia me pareció demasiado homogénea y algo plana, pero que pasado el tiempo me ha acabado conquistando de forma sutil, casi sin darme cuenta he acabado enganchado inconscientemente. Trabajo de muchos matices, melodías, arrebatos muy inspirados y de misteriosa e intrigante belleza. Habrá quién les haya abandonado tras su criticado anterior paso y se haya quedado estancado en sus primeras referencias, unos recelos que no deben impedir dilucidar que Kodama es el reflejo de como suena Alcest en 2016. Una identidad en pleno proceso de evolución que me recuerda a la de Anathema, y que como en el caso de los británicos provocará opiniones encontradas. Kodama es un disco que no contentará a todos sus seguidores pero que les abrirá más puertas entre quienes disfrutan de sonidos más apaciguados propios del post-rock o shoegaze. Tirar por la calle del medio puede resultar simplista, pero Kodama es un disco de sensaciones, de momentos en los que o se te eriza la piel o no llegas a conectar. En esa dicotomía será tu psique y tu alma quien dicte sentencia. La mía ya lo ha hecho.

 

9. Dinosaur Jr. : Give a Glimpse of What Yer Not

Será por cosa del timing de la salida al mercado de este Give a Glimpse of What Yer Not o porque efectivamente hay cierto componente de estacionalidad en cada tipo de música, el último disco de estos dinosaurios se convirtió en la auténtica banda sonora de mi verano. También puede ser porque todos los rocklovers desearíamos en una futura reencarnación ser guitar heroes, y dado que aquí hay mucho material con el que hacer las delicias de cualquier amante de las seis cuerdas amplificadas al final todo confabula para que te vuelvas loco con un trío por el que el paso de los años no pesa. Unos puretas que ya en las década de los 80 tuvieron un papel fundamental en el ascenso de la música alternativa y que pese a sus idas, venidas y conflictos latentes entre sus miembros son capaces de seguir reivindicándose la tira de años después. Un disco de contagiosa y desbordante felicidad, un buen rollo al que sucumbo cada vez que me enchufo I Told EveryoneGood To Know. Indescriptible a otra dimensión es ese artefacto sónico llamado I Walk For Miles, con un tempo novedoso y un tratamiento en las guitarras tan excelso como de costumbre. En Give a Glimpse of What Yer Not Lou Barlow tiene su espacio en temas que aportan variedad dentro del particular e inconfundible estilo vocal de su colega, o no, J. Mascis. Un Mascis al que se hace complicado calificar para describir su aportación con la Fender colgada mediante una colección de solos para quedarse con la boca abierta y dejar que se te caiga la baba. No sabemos si con este trabajo se cierra el ciclo discográfico tras la última reunión, pero estando en un estado de forma envidiable no descartaría que dentro de poco volvamos a hablar de que estos señores se han vuelto a superar y a dejarnos ojipláticos. Tampoco hay señal aparente de que sus directos se resientan, y podemos dar casi por seguro que J. Mascis seguirá moviendo su blanca y larga cabellera encima de las tablas. Se podrá envejecer de muchas formas, pero a mi no me importaría hacerlo con la energía y pasión intacta como hacen estos cada día más legendarios Dinosaur Jr.

 

8. King Gizzard & The Lizard Wizard: Nonagon Infinity

Todo lo que dije en el post anterior del A Weird Exists de los Oh Sees queda aquí suscrito con la salvedad de que queda elevado al infinito. Acceder a Nonagon Infinity es entrar en un bucle de locura y esquizofrenia lo-fi psicodélica del que no puedes escapar durante 41 minutos y 45 segundos. Una majadería tras de otra sin tiempo de recobrar el aliento, todo planteado como un discurso continuo en el que cada secuencia parece ser más disparatada que la anterior. Un laberinto en el que medio aturdido deambulas y en el que cada nueva puerta que abres conduce a otras nuevas, llegando a un punto en el que ves puertas y sitios en los que crees haber estado. Una vez que escapas del laberinto, o el laberinto más bien te permite salir, no sabes donde carajo has estado. Pues eso, aquí es harto complicado destacar canciones independientes, es el proceso continuo el que aporta la sensación de haber asistido a algo realmente magnífico. Desde el presagiador inicio de Robot Stop, atravesando la alocada a la par que alucinógena People-Vultures y la todavía más agitada y epiléptica Evil Death Roll hasta la gran evasión en Road Train. Nonagon Infinity ha situado a estos australianos en el radar de muchos que no les conocíamos y la banda lejos de acomodarse con la ingente cantidad de parabienes que están recibiendo ya han anunciado que el próximo año tienen intención de publicar nada más y nada menos que cinco discos de estudio. Una ética de trabajo de la que Ty Segall debe estar orgulloso. Me relamo con la perspectiva de poder verles el próximo 1 de Junio dentro del Primavera Sound. Para entonces a lo mejor ya habrán lanzado tropesciontosmil momentos más de este caótico, convulso y psicodélico garage rock. Hasta entonces háganse un favor y enchúfense a esta bacanal que es Nonagon Infinity. Consúmanlo en dosis moderadas, de lo contrario sufrirán consecuencias irreversibles. A punto de cogerme cita para el psiquiatra ando yo. Advertidos quedan.

 

7. Michael Kiwanuka: Love & Hate

Michael Kiwanuka es un tío peculiar, empezando por su raíces que ascienden a la África profunda y porque su propuesta musical no es la tónica general dentro de su generación, ya que lamentablemente muy a menudo ésta se muestra más preocupada por obtener réditos inmediatos a cualquier costa que de labrarse una identidad como artista. El bueno de Michael con este Love & Hate consigue facturar su personal visión en la que confluyen elementos del soul, del folk e incluso a ratos ramalazos de góspel y guitarras blues-rock, todo ello bajo una cuidadísima producción. Unas canciones cuyo espíritu beben de todas las fuentes anteriores pero que desembocan en temas redondos que no distan en exceso de lo que debería ser buena música pop, entiéndase como música popular contemporánea y no como la música “más popular” de radiofórmulas. Una suerte de neo-soul o neo-folk pero de raíces puras. Sin embargo, lo que me encandila de este álbum no es que Michael sea un visionario o un pionero sino simplemente que este tío tiene un talento extraordinario. Con una voz prodigiosa y una capacidad para emocionar en cada sílaba, es imposible no conmoverse con temas como I´ll Never Love o no quitarse el sombrero y aplaudir ante ese trío de gemas perfectas que son Cold Little HeartLove & Hate The Final Frame. Una terna que comparte momentos de quejidos de guitarra que forman parte de mis highlights del años sin lugar a dudas. Love & Hate es en su mayor parte un ejercicio introspectivo y de lamento de Michael pero supura esa escalofriante belleza que a veces sólo ve la luz a través de las más profundas heridas. El relativo éxito de Michael Kiwanuka y del disco, con bastante personal usando el manido “clásico instantáneo”, mantiene viva la esperanza de que ciertos géneros puedan transcender de sus propias parcelas hacia terrenos más mayoritarios, y lo que es más importante, ensalza y pone de relieve que la esencia en este asunto de la música reside en el talento. Talento, un don escaso del que Michael Kiwanuka va sobrado.

 

6. David Bowie: Blackstar

Paul Smith for David Bowie ★ (Blackstar) T-shirt

Descontextualizar ciertas obras normalmente carece de sentido, aunque en ocasiones puede servir como ejercicio para la realización de una crítica objetiva y no “contaminada”. Aquí es imposible. Inevitable no pensar en Blackstar como lo que es: la última obra, testamento y última voluntad de David Bowie. Su inesperado fallecimiento, para nosotros y no tanto para él, justo dos días después de la publicación de Blackstar ha elevado al camaleónico Bowie a la categoría de mito con su escalofriante última performance.  Intentando dejar de lado todo lo que ha rodeado el disco y su triste pérdida, parece complicado contradecir la afirmación de que el Duque Blanco se ha marchado con una de sus obras más inspiradas. Musicalmente en Blackstar hay una inabarcable cantidad de detalles, disfrutando en particular los arrebatos de saxofón jazz en la apertura teatral en tres actos que es el título homónimo o esa profética Lazarus con la que soy incapaz de no estremecerme cada vez que la oigo. El testimonio fantasmagórico del que se va pero que se libera y vuela sin rumbo con una sonrisa. La orquestada y de tempo tétrico Girl Loves Me o la más convencional y conmovedora Dollar Days también mantienen el tipo dentro del corto tracklist. El simbolismo y todo lo que Bowie lúgubremente canta a lo largo del disco da para estudio aparte. A estas alturas no siento necesidad de justificar la inclusión entre mis trabajos favoritos una obra que de rock tiene poco, pero que por indomable espíritu transgresor ya tiene razón de estar aquí. Además es el factor emocional, algo que siempre se requiere, el que hace de Blackstar una experiencia que va más allá de lo meramente estético o musical. David Bowie se fue de la única manera que sabía, rompiendo con cualquier ley no escrita y dejando un legado inmenso. Que nadie se engañe, las muertes magnifican a muchos grandes artistas del starsystem y ponen en el candelero a otros casi olvidados -sirva el cercano caso de Geroge Michael de ejemplo- pero eso no es óbice para apreciar justa y objetivamente a Blackstar como un gran disco de un artista único que ha roto moldes en todo lo que ha hecho hasta su último suspiro en este mundo.

 

5. Minor Victories: Minor Victories

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La de Minor Victories es una historia mil veces vista últimamente. Varios reputados músicos de distintos géneros se juntan y crean un proyecto paralelo con el que ocupar el tiempo muerto, abordar otras inquietudes y saciar así sus ansias de ofrecer nuevo material. El problema normalmente aparece cuando las expectativas creadas al ver los miembros y sus currículums nos induce a pensar que estas nuevas bandas, supergrupos, nos van a cambiar la vida como poco. El debut de Minor Victories no te cambia la vida, pero es un trabajo más que interesante y a la altura del bagaje de dos nombres propios como Rachel Goswell y Stuart Braithwaite. Es en el punto de equilibrio entre los géneros respectivos en los que se han prodigado los susodichos por donde camina este proyecto. Con un mayor peso quizás de las atmósferas armoniosas de la envolvente y melosa voz de Rachel pero en todo caso con momentos de tensión e intensidad de guitarras que engarzan a las mil maravillas en canciones como Cogs, la cuál podría haberse editado bajo el nombre de Mogwai feat Rachel Goswell. Sin embargo lejos de sonar el producto final como un pastiche en el que cada tema suene a Slowdive o a Mogwai, resuelven fenomenalmente la tarea de dotar de carácter propio al asunto. Excelentes son los momentos delicados de Folk Arp, la cuasiperfecta The Thief y el cierre épico con Higher Hopes. Minor Victories no le parecerá la panacea a aquellos seguidores de Mogwai faltos del post-rock de mareas de guitarras, así como tampoco le entrará a quién no termine de convencer el tono onírico y frágil del registro vocal de la cantante. Por contra, yo he conectado de inmediato con casi todas las composiciones del álbum, y la belleza-sutileza presente a lo largo del tracklist me ha conquistado. No me extrañaría que este proyecto pudiera tener vida más allá del pasatiempo para sus miembros, y sería además interesante verificar como sonaría un sucesor de este magnífico debut que durante gran parte del año me ha acompañado.

 

4. Angel Olsen: My Woman

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Angel Olsen se ha convertido este año en una de esas nuevas micromusas alternativas que alcanzan el reconocimiento de toda la comunidad y que empiezan a generar veneración entre sus seguidores. Esta cantautora nortamericana no es nueva, de hecho su My Woman es su tercer trabajo de larga duración de estudio, pero es aquí donde el reconocimiento masivo le ha llegado. Y de acuerdo estoy con todo lo bien que se habla de ella. Con ella me ha pasado casi igual que con el anteriormente citado Michael Kiwanuka. Paralelismos entre ambos hay, songwriters que comparten misma edad y que paulatinamente se están haciendo un gran nombre a base de grandes canciones y de gran personalidad. La guapa Angel Olsen sigue asentándose en un folk indie pero en el que cada vez hay menos de esas reminiscencias country y sí más de momentos de chicha guitarrera y composiciones que son temazos. Shut Up Kiss Me es todo un himno alternativo del 2016 – arrebatadora en el vídeo de la canción- y Not Gonna Kill You con su poderoso cierre no le va a la zaga. Menos directas son las dos grandes perlas del final del tracklist: Sister Woman. Dos piezas largas, ambas por encimas de los siete minutos, perfectamente construidas y con las que caer rendidos a los pies de Angel Olsen. Interpretación prodigiosa en la primera que conduce progresivamente a un clímax en crescendo que la convierte en un momento mayúsculo de este año. Difícil no ponerse tontorrón con esta mujer que lo mismo te derrite con un susurro que con su vena más aguerrida. Excesivamente complicado de esos grandes pequeños momentos, detalles como esos acordes iniciales nirvaneros en Give It Up, o la explosión teclado-solo de guitarra final de la referenciada Sister demuestran que Angel Olsen no es otra – con todos mis respetos- cantautora chochocaído que aburre hasta a las ovejas. Seguramente un disco que ha hecho de Angel Olsen amor platónico de muchos. Lógico. Es entendible.

 

3. Thrice : To Be Everywhere Is To Be Nowhere

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Pese a que el parón de actividad que tuvieron Thrice a comienzos de esta década no ha sido tan amplio, el poco tiempo no ha sido óbice para que su ausencia haya sido echada en falta. De hecho, pocas bandas deseaba con más ansia que volvieran a trabajar que los californianos. La noticia de su vuelta por tanto ya fue suficiente alegría para quien escribe, pero es que además su regreso está a la altura de su carrera previa. To Be Everywhere Is To Be Nowhere es el siguiente paso lógico dentro de la carrera de una banda cuya fase más experimental parece haber quedado atrás con trabajos antológicos. No por ello esta versión más directa, más cercana a un rock alternativo que a un post-hardcore al que tienden a ser etiquetados, es menos disfrutable. Formando una trilogía en cuanto a sonido con Beggars y Major/Minor creo que siendo objetivo es éste el trabajo más destacado de los citados. Inspiradísima como siempre la base rítmica de los hermanos Breckendridge y un Dustin Kensrue que sabe cómo tocar la fibra en los momentos más rabiosos como en las inflamables Whistleblower Wake Up o el conciso single  Blood on The Sand. Sé de sobras que con ellos no soy objetivo totalmente, pero es que retomando estos días la escucha del disco me cuesta encontrar un solo tema que sobre. Hasta al interludio central y la outro ambient les pillo matices para que no desentonen. A día de hoy un tema como Stay With Me, el corte más accesible y comercial que les recuerdo y que en su día me mosqueaba, me parece emotivo y necesario dentro del álbum para un grupo que en cada movimiento que hace termina convenciéndome. Si me paro a pensarlo, aún no sé que los hace tan especiales para mí, al final es cuestión de hacer click y yo siempre lo he hecho con todas sus obras desde Vheissu. Es esa energía, ese algo, que desprenden sus canciones lo que cada cierto tiempo me lleva a pensar que Thrice son mi banda favorita del mundo mundial.

 

2. Black Mountain: IV

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IV es, el titulado así en un alarde de genialidad, cuarto disco de Black Mountain. Porque eso tienen los genios, que se las suda el detalle de nombrar la obra y se preocupan en lo importante, lo que contiene. Y aquí el contenido es pluscuamperfecto. A estos canadienses los conocí con su magnífico segundo disco, In The Future,pero es que da igual si empiezas por cualquier otro. Su space rock con riffs de guitarra que se acercan tanto al clásico sonido de los 70 como al stoner a ratos, está aquí ejecutado excepcionalmente. Desde el inicio ambient de Mothers of The Sun, roto por uno de los mejores riffs de guitarra de este curso, sabes que entras en un álbum especial. Le sigue la acelerada y psicodelia sintetizada de Florian Saucer Attack. En Defector y Space to Bakersfield suenan a unos remozados Pink Floyd, dicho esto como un piropo. La segunda es toda una oda, un viaje expansivo que no conoce límites, alucinógeno hasta converger en un solo de guitarra de esos de pellizco. Más en línea directa se muestra Constellations donde nuevamente reparten labores al micro Stephen McBean y Amber Webber, una tónica que se mantiene en la mayor parte de la obra. Especialmente anonadado me quedo con el buen hacer de Amber y su registro magnético en Mothers of The Sun. Otra pieza destacadísima es Cemetery Breeding con otra de esas melodías que atrapan. Lo vea desde la perspectiva que lo vea , IV es una obra completísima tanto en sus momentos y canciones más inmediatas como en los largos desarrollos espaciales en los que tanto se prodigan. Si finalmente no lo he emplazado en lo más alto es porque simplemente he decidido con el corazón. Razones y motivos tenía de sobras para haber nombrado este IV como mi favorito, pero no engañaré a nadie ocultando que aquí objetivamente puede encontrarse el mejor, más complejo y mejor ejecutado material de cuanto ha pasado por mis oídos durante todo el año. Disfruten.

1. Touché Amoré: Stage Four

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Stage Four no es un disco, es una lectura de las últimas páginas del diario de Jeremy Bolm. Un acceso a lo más profundo de sus entrañas en las que casi se puede escudriñar todo lo que siente una persona que como él ha perdido a su madre como consecuencia del cáncer. Como siempre, el cantante y alma de esta joven banda californiana sale a pecho descubierto y con total honestidad canta acerca de sus dudas, problemas, éxitos y fracasos. No sabe hacerlo de otra manera. Y es esa pasión la que a él ,y por extensión a su grupo, les ha valido para conseguir una buena cantidad de fieles que sentimos sus canciones como algo que va más allá de pildorazos rabiosos de post-hardcore/screamo. Unas etiquetas que para este cuarto trabajo de los californianos no cubren todo el espectro que en algunas canciones desarrollan. Es en la faceta musical donde más han conseguido sorprender con temas con aires post-punk y shoegaze, sobre todo en las finales Water Damage y Skyscraper. Precisamente en esos temas escuchamos el registro más grave de Jeremy, todo un contraste con su habitual tono, pero que definitivamente logra aportar esa mayor cantidad de aristas y ángulos que tan en falta se echan en multitud de grupos acomodados dentro de cualquier escena que beba del hardcore. Sin embargo, no por ello han perdido su identidad y su capacidad para facturar canciones que te noquean al instante y en menos de 3 minutos son capaces de cascarse Displacement, Palm Dreams, Posing Holy o ese regalo extra en la versión bonus que es Gather. Que ésta se haya quedado fuera del LP pone en valor el nivel de lo que aquí hay. El arranque del disco con esa sucesión Flowers and You, New Halloween, Rapture es de traca con un grupo que suena cohesionado en el que cualquiera destaca algo por encima del resto. Imagínense lo que tiene que ser eso en directo. Sirva esto como un llamamiento para que algún promotor los traiga a tocar en sala – ya sé que visitarán España dentro del Download, pero su esencia es la de sudar en sala y es la que me pide el cuerpo- ya que de su próxima gira continental de principios de año nos hemos quedado fuera. Y sí después de las 381 palabras anteriores describiendo el disco no he podido/sabido explicar por qué este Stage Four es mi disco favorito del 2016 es simplemente porque me siento incapaz de plasmar con palabras las sensaciones y sentimientos que me provocan este extraordinario disco de un grupo al que me faltan adjetivos para describir.

 

 

 

 

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