Neon Bible una década más tarde

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El nombre de Arcade Fire en 2017 es sinónimo de gigante. Una banda que casi desde su mismo inicio y debido a un debut casi perfecto (Funeral, 2005) se erigió en la banda que debía servir de punta de lanza de una escena indie-rock en plena búsqueda de nombres a los que encumbrar a los altares. El desarrollo de su carrera les ha conllevado con cada paso mayores cotas de popularidad hasta convertirlos en un grupo de esos que trascienden de vez en cuando las fronteras de lo alternativo y se codean con las élites del mainstream en cualquier festival en el que participan, no teniendo en los últimos años que mirar hacia arriba en los carteles en los que su nombre aparece impreso Sus dos últimos discos no me convencieron en absoluto, con un The Suburbs excesivamente ambicioso – permitan la redundancia ya que Arcade Fire y ambición/épica muchas veces vienen a ser casi lo mismo- y un Reflektor en el que nunca encontré alma. Es con motivo de que hoy se cumplan 10 años desde la publicación de segundo trabajo Neon Bible que reflexione sobre el último disco que disfruté plenamente de los canadienses.

¿Cómo vamos a darle continuación a un disco como Funeral? Imagino que esa pregunta sobrevoló no pocas veces al grupo comandado por Win Butler y su señora Régine Chassagne. Pues a lo grande quizás fue la respuesta. Para la grabación de Neon Bible los de Montreal adecentaron una antigua iglesia en Quebec para usarla como estudio, y en gran parte de ahí surgió lo que publicaron en Neon Bible. Un disco en el que las señas de identidad de esa banda tan especial que por aquellos momentos costaba encontrarle artistas similares seguían aún manteniéndose intactas.

 

Los que disfruten de Arcade Fire por la grandilocuencia y el efectismo de sus mega coros de Wake Up no encontrarán demasiados motivos para alegrarse con Neon Bible. Si exceptuamos el crescendo épico de No Cars Go o la puntual luminosidad de Keep The Car Running y The Well and The Lighthouse, los momentos de unión de gargantas para grandes recintos escasean. Sin embargo, para todos los que enamoramos de ellos con esa primera parte espléndida de Funeral, volvimos a reencontrarnos con esa banda-orquesta capaz de encapsular en estructuras pop-rock sonidos de violines, teclados, acordeones, vientos… Espectaculares y magnos suenan por ejemplo en una Ocean Of Noise que culmina con unas trompetas que me parten en dos cada vez que las oigo (y que comprobé en directo en Lisboa el pasado año), o la presencia desbordante del órgano en Intervention y  My Body is a Cage.

 

La apertura con Black Mirror y esa tensión desbordante es otro de los temas destacables. En una línea similar pero con mayor cantidad de matices y detalles es la central Black Wave/ Bad Vibrations en la que Régine canta en la primera parte para darle el testigo a Win en la parte final. De lo más reseñable del sonido de la obra es el tono oscuro que la recorre casi por completo convirtiéndola sin lugar a dudas en la referencia más hermética e introspectiva de cuanto han publicado hasta el día de hoy. Imagínense que este disco no hubiese existido y lo lanzasen en este año, seguramente dejaría descolocado a un montón de seguidores que esperan que le den continuidad a esa faceta bailonga de Afterlife o Here Comes The Nightime, no obstante nada augura un próximo paso así en la carrera de los canadienses, máxime tras ese reciente artefacto extraño que fue I Give You Power.

 

Seguramente una década después la visión de Neon Bible es la de un disco que aprobó notablemente la misión de dar sucesión a una obra considerada maestra casi unánimemente y no pegársela por el camino, pero lo contenido en ella debería otorgarle mayor posicionamiento dentro de la carrera de Arcade Fire. En la evolución de los canadienses se han quedado por el camino algunos elementos que no sabemos si volverán en el que será su quinto disco que debería publicarse a lo largo de este año, hasta entonces me deleitaré con la desaceleración magistral de The Well and The Lighthouse, el acordeón y esa percusión en crescendo de No Cars Go (para mí su mejor tema épico ever), los coros de Régine en Black Wave/ Bad Vibrations, las palmas en (Antichrist Television Blues) y otra buena ristra de grandes momentos que hoy cumplen diez años.

 

 

 

 

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