Primavera Sound 2017: Miércoles/Jueves

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Como viene siendo la tónica habitual últimamente, mal que me pese, llego algo más tarde de lo que me gustaría para repasar la actualidad musical. Un presente que durante la última semana ha venido marcado por cuanto ha acontecido en una nueva edición del Festival barcelonés Primavera Sound durante la pasada semana. Con un cartel este año que a priori no incluía ninguno de esos gigantescos nombres que hace que te gastes la pasta sólo por él, sí que tenía la suficiente calidad en la zona de tamaño medio en la tipografía como para que asistiésemos pensando que mi primera visita sería lo suficientemente satisfactoria. Ciertamente, puedo decir que ando notablemente satisfecho con el resultado tras lo vivido. Una experiencia e impresiones sobre los conciertos a los que he asistido que paso a desgranar. Empiezo por la primera jornada y el aperitivo del Miércoles.

Miércoles 31/05: Toma de contacto

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Como viene siendo habitual desde pasados años la jornada del Miércoles es la apertura oficial de la programación en el Fórum– no así en el ciclo anterior que tiene lugar por salas con según me cuentan bastante éxito en la jornada del Martes en Apolo con gente incluso quedándose fuera- y el pistoletazo además es abierto tanto para abonados como para cualquier que quiera acercarse. No había mucha expectativa despositada en los nombres que conformaban el Line-Up de dicho día, por lo que básicamente me dediqué al trámite de conseguir pulsera, y la dichosa tarjetilla que le acompaña, y darme una vuelta por el recinto hasta ver a los norteamericanos Local Natives en el escenario Primavera. Sin haberlos escuchado hasta entonces tampoco conseguí engancharme con su especia de pop alternativo de tinte bailonguero. En fin, unas birras y a casa a descansar que esperaba bastante tralla.

 

Jueves 01/06: la sorpresita y la leyenda de Mordor a la altura

 

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El primer día de los “de verdad” lo tenía marcado en rojo porque confluían una buena cantidad de grupos y artistas a los que tenía bastantes ganas de ver. Así que con las ganas de arrancar prontito decidí desvirgar el escenario Adidas para ver a la torera hora de las 17:00 a Kokoscha. Grupo indie patrio del que más allá del “indie-hit” del pasado año No Queda Nada tampoco andaba muy ducho en su repertorio. Debo admitir que su sonido en directo me decepcionó debido a que, por decirlo de alguna forma, la cantante Amaia no afinaba como debía. Pues nada, se aguantó hasta la susodicha canción y a subirse las escaleritas dirección al escenario Primavera. Allí tocó ver a Cymbals Eat Guitars, quienes durante el rato que les ví me gustaron con su propuesta, a pesar de la sensación de que el cantante tenía una voz un poco cascada y la mirada un tanto dispersa”. Dado que se solapaba en el último tramo con Kevin Morby, decidí pegarme el primer paseíto a Mordor bajo el solecito.

 

 

Muy seria la actuación del tejano, engalanado con un traje blanco a lo Elvis y acompañado por la elegancia de las seis cuerdas de Meg Duffy. Un concierto que disfruté en modo relaxing-beer deleitándome de las slide-guitars y el aroma añejo de clásicos como Dylan o Lou Reed presente. De hecho, cerró con una versión del último de Rock & Roll. Y del fondo de Mordor, escenario Heineken, me fui directo y rápido para posicionarme para su acompañante en la gran explanada para disfrutar de uno de los mejores grupos que tenemos la suerte de contar dentro de nuestras fronteras: Triángulo de Amor Bizarro.

 

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Primera fila agarrado a la valla por detrás del “corralito de los Vips” fue desde donde pude presenciar que los gallegos son una máquina super-engrasada. Quizás el principio con un sonido un tanto sucio y disperso, pero cuando técnicamente se solventó consiguieron encandilar tanto con el certero y extenso repaso a su genial última referencia (Nuestro Siglo Fnord, Euromaquia, Seguidores…) como con sus más longevos himnos ya tan insertados en el hipotálamo colectivo como El Fantasma de la Transición, Amigos del Género Humano y ese cierre hipercoreado con De la Monarquía a la Criptocracia. Gozo máximo. Isa=Diosa.

 

 

Y con el buen cuerpo que dejó la actuación de TAB me disponía a hacer de una parada técnica de avituallamiento antes de la tanda de conciertos en franja nocturna cuando me percaté que finalmente el revuelo que había en RRSS y foros se confirmaba con una actuación sorpresa de Arcade Fire en el improvisado escenario al que apenas había prestado atención de la zona posterior al Primavera. Pues nada, carrerita y posicionamiento lateral a ese escenario hiperpoblado en el que la banda se paseaba por los cuatro costados. De Arcade Fire se pueden decir bastantes cosas y casi todas discutibles, sin embargo la gran mayoría seremos de la opinión que la evolución en su sonido les está llevando a terrenos peligrosos, insulsos y en el que esa aura magna de banda orquestal está perdiendo todo el peso en favor de un grupo disco que no me gusta ni chispa. No obstante, saben montar suficiente alboroto como para que lo pases bien en la vorágine y acabes disfrutando esos oasis que ahora son las interpretaciones épicas de No Cars Go, Power Out o Rebellion (Lies). Sensaciones encontradas. La de estar recibiendo un regalo y por tanto deberías estar la mar de agradecido pero sabes que dicho regalo lo vas a usar bien poco en el futuro cercano. Lo pasé bien, pero más ruido que nueces.

 

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Y como aquí somos muy de contrastes, que mejor que enlazar a los Arcade Fire en modo verbena de pueblo con la contundencia de los franceses Gojira que empezaban justo después. Era ver sólo la batería de Mario Duplantier y su doble bombo y constatar que aquello iba a ser una muestra de poderío. Efectivamente y aunque le diera bastante cera a Magma en directo la cosa gana enteros gracias a la contundencia y el despliegue técnico del grupo. Disfrutando como estaba a mitad del concierto con Flying Whales, me acordé de mi dichosa rutita de Clashfinder y de que había que emigrar para ver al cabeza del día Bon Iver en el Heineken. A sabiendas de que la propuesta de Justin Vernon podía desentonar con las dimensiones del recinto y por qué no decirlo con el tipo de público asistente decidí asumir el riesgo y para allá que me marché dejando atrás un concierto que jamás debí abandonar…

 

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Y es que Mordor tiene la fama que tiene, ganada a pulso. Que sí, que hay mucho de poser cuando se dice que no hay que pisarlo y que lo que mola son los escenarios pequeños, etc… Pero es que a ciertas horas aquello se convierte en una fortaleza inexpugnable y toca rezar si estas lejos para que se alineen los astros, es decir, que el sonido llegue como debe, que tus vecindad esté por la labor de escuchar/disfrutar y en definitiva que puedas meterte de lleno en el concierto. Del primer supuesto no tengo mayor queja, ya que el buen rato que estuve se oía todo de puta madre pero del segundo sólo decir que me arruinaron la velada. Que el Setlist iba a estar centrado en 22, A Million lo sabían en la China y que quién fuese a oír el rollo acústico del primer disco se iba a llevar una buena decepción también. Para no explayarme demasiado, solamente mandar a paseo al personal que se dedicó a comentar sus cosillas a un palmo de mi oreja, a deambular de un lado a otro, etc… y a hacer preguntas del tipo : “¿Este DJ quién es?” o la más divertida afirmación pronunciada por un chicuelo: “Me acaba de bajar la regla con esta canción”. Señores/Orcos que no salen de Mordor y van de un escenario grande a otro porque “se supone que es lo que hay que hacer” háganse un favor y daros un paseíto que el recinto es bien grande si no es de vuestro agrado quien esté sobre las tablas. Una puta pena y mira que sabía que el combo ganador iba a ser Gojira+The Afghan Whigs…

 

A los de Greg Dulli tas mi espantada tras dejar la preciosa 8 (circle) de Bon Iver de fondo llegué casi para los últimos temas. Sonido de puta madre, escenario Ray-Ban con gran aspecto y un Dulli que incluso agradecía sabedor de la competencia en esa franja horaria. Quiero recordar que llegué con Demon In Profile sonando espectacularmente bien. Una calidad que por cierto se repitió en cada actuación que estuve en dicho icónico escenario. Oportunidad perdida de verles.

 

 

La bajona del suceso Bon Iver provocó que mi entorno se amuermara en las gradas de la Ray-Ban algo que aproveché para ver el conciertazo de los Black Angels desde la lejanía de la primera fila de abajo. Psicodelia Rock espectacular abierta por ese gran tema que es Currency, sonido de primera y puesta en escena con proyecciones para aumentar el viaje mental. Como molaron Black Grease o la más reciente I´d Kill for Her o la sinuosa Comanche Moon. Concierto super redondo.

 

 

Y para cerrar la jornada seguramente el concierto que más esperaba de todo el día. Los chalados de King Gizzard & The Lizard Wizard en el Primavera. Primera vez en nuestro país. Garage psicodélico hipervitaminado a las 02:00 es todo un acierto de los programadores -que todo no va a ser palos por los dolorosos solapes- y es lo que una buena muchedumbre andábamos esperando. Me quedé a una distancia prudencial de la parte central delantera donde los pogos y el jolgorio dieron comienzo en cuanto las baterías marcaron el camino de Rattlesnake. Un Stu Mackenzie al que es imposible no querer cuando nada más salir soltó un macarrónico “Buenos Días” o con esa Doom City en la que empezó a dejar muestras de lo que nos esperaba después. Y es que los puntos álgidos de botes, frenesí y el clímax se alcanzaron con los cuatro grandes pelotazos del fantástico disco del pasado año: Evil Death Roll, Robot Stop, Gamma Knife y mi mega favorita People-Vultures con la que me desgañité. Es salir de Stu el conjuro de “Nonagon Infinity opens the door, Wait for the answer to open the door ” y cualquier hijo de bien cae hechizado del galopante estilo de la banda australiana.

 

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Un concierto espectacular al que iba ya más que predispuesto a pasar la jarana máxima y que aunque no acabó en bacanal sí que puedo decir que fue la guinda y punto álgido de una jornada que tuvo por desgracia un mal sabor de boca que empañó en parte lo demás. Sonrisita recordando los King Gizzard y largo camino a “casa” o como deba llamarse lo que ahora mismo habito.

 

 

 

 

 

 

 

 

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