Repaso de novedades discográficas a fondo sin luz

La siempre complicada cuesta de Enero unida a un Febrero con vacaciones en mitad de carnavales mediante ha hecho que el ritmo de publicaciones prácticamente haya rozado el cero absoluto. En una semana marcada por la adaptación post-vacacional y en un fin de semana en el que he tenido la suerte de ver hasta siete grupos en directo -especialmente destacable la actuación de DobleCapa y mis paisanos Viva Belgrado poniendo fin a su extensa gira de presentación del gran Ulises, así como el gran bolo en formato semiacústico montado por el omnipresente Luís Benavides y por la patilla en el que lo gocé sobre todo con Ànteros- vuelvo para intentar condensar en un sólo post todos los lanzamientos discográficos que en estos dos primeros meses de año no han tenido su hueco por aquí aunque bien lo merecen. A buen seguro que no están todos los que debieran, pero sí que deben todos los que están. Hay de todo, como mandan los cánones de Antípodas Sonoras.

Akula: Akula (02/01/2018)

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En Akula nos encontramos con una suerte de post-metal que por momentos se acerca al sonido árido del stoner más primitivo y que sobre todo sorprende por el registro vocal del cantante Jeff Martin tan alejado de los cánones habituales de un género como el post-metal a veces tan trillado en ese apartado. El álbum consta de tan sólo cuatro cortes, que puede hacernos pensar de primeras en un EP, pero nada más lejos de la realidad, ya que cada tema merodea, cuando no sobrepasa, los diez minutos de duración.

La apertura con A Pound of Flesh deja bien a las claras las intenciones musicales de este quinteto de Ohio, riffs machacones arropados de una sección rítmica firme y segura unido a una voz que por momentos raya momentos sobresalientes. Un tema, que discurre y progresa a medida de su minutaje dejando pasajes en los que pueden recordar a mis amados ISIS –curioso además que la portada del disco se asemeje tanto cromáticamente a la del Oceanic de los de Boston- o inclusos al uso de guitarras de los recientes discos de Elder o Pallbearer. La sucesora Force Me Open tras un inicio desconcertante se transforma en una rocosa montaña de de guitarrazos metálicos en su parte central con el que dejarse la nuca y que además con la melódica voz de Martin adquiere una dimensión extra.

Sin duda uno de los logros de esta novel banda es la capacidad de tener una identidad de sonido marcada por las influencias comentadas pero saber llevarlas a su terreno dotando a las canciones de ese contrapunto sonoro melódico que puede ser que sea un arma de doble filo a la hora de cautivar al oyente habituado a sonidos ásperos, post-metaleros o inclusos doomers. En definitiva, Akula personalmente se convierte en un grato descubrimiento tan inesperado como agradable.

Ty Segall: Freedom’s Goblin (26/01/2018)

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Al pelanas de Ty Segall seguirle el ritmo es tarea complicada. Raro es el año que no se casca un disco, un par o lo que venga bien. Este año ha comenzado tempranero con Freedom’s Goblin. Álbum en el que encontramos ese registro de hombre banda en el que su habitual fuzz y garage guitarrero comulga a la perfección con la experiencia de banda completa como ya muestra a las claras en la apertura con la divertida Fanny Dog. Sobredosis de Ty Segall aquí con hasta 19 temas, entre los que puede encontrarse quizás un compendio de todo los palos: guitarras casi funkies en Every 1’s A WinnerDespoiler Of Cadaver que bien podrían colarse en el score de una peli de Guy Ritchie, balada con intro acústica en My Lady’s On Fire, She con el vodoo a tope o ejercicios jazzies como en Talking 3.

Disco excesivo quizás por lo abrumador de la profundidad de temas y minutaje o bien porque el bueno de Ty es capaz de mutar tantas veces de un corte a otro que al final cuesta seguirle el ritmo sin usar ninguna sustancia estupefaciente. El cierre del disco es de traca con la extensa a la par que intensa And, Goodnight. Comulgo con las opiniones que se han vertido de este disco indicando que si a este disco le quitas 5-7 cortes, pasando la tan necesaria criba que a veces a cagadiscos del pelaje de Ty Segall se les suele olvidar, el asunto quedaría en disco más que sobresaliente. Los muy fans de la obra del prolífico y jovenzuelo californiano amarán la verborrea del disco mientras que otros nos quedamos con una sensación de haber oído temones allí y allá pero que la experiencia global abruma y deja demasiado margen a caer en la zozobra de verse agotado por tanto material con la consiguiente consecuencia de recuperar pocas veces en el futuro el material publicado. Un pesado, pero es nuestro pesado. Le veremos a buen seguro en directo este año en la ciudad condal.

Kalte Sonne: Ekumen (01/02/2018)

El panorama instrumental nacional no deja de sorprender. Esta proclama ya la he pronunciado en numerosas ocasiones como para que de nuevo vuelva a tener que daros la chapa con las bondades de bandas como Jardín de la Croix, Toundra, El Altar del Holocausto, Böira, Astralia y un largo etcétera. Hoy, sin caembargo es el momento de poner en primera línea, y merecida, a los gallegos Kalte Sonne. Trío de Lugo que presenta aquí un disco tras varios EPs que al que esto escribe se le habían pasado de largo. Por suerte, y gracias a la inigualable fuente de recomendaciones que son el submundo de los foros musicales, llegó hasta a mí el tema Serendipity que sirve de apertura de este trabajo. Amor a primera vista. Post-metal con pasajes más lisérgicos y cercanos al post-rock pero con la fortaleza de unos riffs perfectamente construidos y sobre todo un trabajo a la batería de Víctor tremendamente sólido. Un disco que había que seguir.

Ekumen es un buen compendio en cuatro temas como carta de presentación balanceada y descriptiva del sonido de Kalte Sonne una vez repasados sus anteriores referencias. Temas con largos desarrollos en los que la evolución de las líneas de guitarras van dibujando imponentes obras. En Athshe por ejemplo son capaces de sacarse de la manga un tramo que es puro tour de force hacia la mitad del mismo y romperlo de golpe y porrazo con un cambio de tercio que de primeras descoloca pero que demuestra la inclinación y esfuerzo de la banda por evitar algunas manidas estructuras dentro del género post-rockero.

Igualmente alabable es el factor de la naturalidad para conjugar una propuesta mayoritariamente metálica con momentos más melódicos y calmos sin que ello suponga una pérdida del hilo en la experiencia musical del disco. En la propia Ahtshe encontramos un final pétreo con un riff de bajo martilleante con un envoltorio que se acerca a lo espacial y prog de algunas bandas de relumbrón internacional. Serendipity igualmente es digna de mención por su manera de abordar una melodía y sacarle el máximo partido posible. Una canción que a buen seguro estará a final de año entre lo mejor de la añada rockera.

El último tema Ansible, con su juego de desdoblamiento de guitarras reverberizadas y el jugueteo final con apoteósis de efectos a las seis cuerdas vuelven a dejar con la sensación de que queda mucho por paladear del talento técnico de numerosas formaciones jóvenes españolas. Otra mención de honor para el trabajo de producción que han conseguido en los estudios Kollapse e Iván Ferro. Aplauso grande dado lo bien que suena este Ekumen.

Rhye: Blood (02/02/2018)

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¿Y cómo hemos llegado a este disco? Curioso caso el de cómo he conseguido conectar con Rhye. Quizás por su llamativa portada en blanco y negro que recordará a la del debut de los Strokes o quizás porque su nombre me sonaba de entre los nombres del cartel del Primavera Sound. Segunda referencia de un antes dúo, y ahora proyecto en solitario, aunque muy arropado, del canadiense Michael Milosh.  ¿Cómo definir el sonido de Blood? ¿Estos es R&B electronizado? Qué gracia las cuqui-etiquetas que se pueden leer en su página de Wikipedia “Downtempo” y sobre todo “Sophisti-pop”.  Todo eso me la trae el pairo cuando oigo una vez tras otra ese magnífico ejercicio de sensualidad que es Waste. Una sensualidad, bien hilada, que es lo que se mantiene flotando vaporosa en todos los cortes de este proyecto. Arreglos exquisitos que hablan de una producción con mimo que es la base de esas texturas tan trabajadas para maridar la andrógina voz del citado cantante.

Me acuerdo de los primeros The XX que coqueteaban con ese minimalismo electrónico y delicadas composiciones, me acuerdo en los temas de más tempo del swag de The Rapture, en lo puramente vocal de Silversun Pickups, de James Blake o incluso de Perfume Genius. Sofistificación y ese ritmo pausado qué te arregla según qué veladas y con según qué intenciones. Los arreglos orquestales elevan composiciones como Please, la propia Waste, o la sintetización pluscuamperfecta de base en Count To Five de colarte una guitarra a lo Daft Punk en Loose Yourself To Dance y que ni te cosques. Esa interpretación casi susurrada en Song For You vale también un potosí.

Obra desbordante en intensidad que a muchos puede parecer impostada o demasiado continuista en cuanto a lo ofrecido con su puesta de largo en Woman (2013) pero que a los que ahora nos desvirgamos con ellos y recorremos sus poros nos parecen un éxtasis orgasmático. Todo lo que subyace por debajo de la música de Rhye tiene el mismo fondo, pero no nos engañemos, eso mismo es lo que mueve el mundo. Si se entregan a esta causa seguro que caen rendidos. Otro flechazo.

Long Distance Calling: Boundless(02/02/2018)

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Regresamos al siempre necesario para mí rinconcito de lo instrumental post-whatever. Y de la mano de probablemente mis alemanes favoritos: Long Distance Calling. Respeto máximo siempre por una banda que en su día publicó una obra como Avoid The Light (2009) que para un servidor es todo un pilar de este género que roza lo post-metálico. Regresan por sus fueros instrumentales después de un par de intentos de zambullidas en el prog-metal con peso vocal en sus últimos trabajos, y es que para mí nunca encontré alma verdadera en The Flood Inside y Trips; ojo digo esto a sabiendas que temas como Nucleus, Ductus o Lines poco defecto contienen aunque para mí siguen estando a años luz de los temas contenidos en el citado disco de portada roja. ¿Es Boundless una completa vuelta a las raíces? Pues sí y no. Sí porque supone un acercamiento notorio a las estructuras post-metaleras. Veáse el inicio con Out There marcando ya territorio desde la primera estrofa. Y no porque hay coqueteos más espaciales y proggiesno imagino a los germanos pariendo por ejemplo la concepción inicial de In The Clouds u On The Verge sin el rumbo tomado en los anteriores discos- que salpimentan la obra aquí y allá.

Al final lo grato es que volvemos a encontrarnos con un grupo en estado de gracia a la hora de crear temazos. Momentos como ese solo final de Out There, el vigor de guitarras de Acending, el groove de la línea de Weightless es 100% ellos y con un remate final de aúpa o incluso los tramos soprendentemente aloquecidos con doble-pedal en Skydivers. Todo señales de que la banda está de vuelta a un nivel superlativo. tengo la sospecha que conforme pase el tiempo y le dedique aún más escuchas a este Boundless se va a convertir en el grower de la temporada a lo Mogwai el año pasado con su disco. Todo es felicidad, a excepción de que su gira no tiene parada por nuestras tierras.

 

Harakiri For The Sky: Arson (16/02/2018)

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Y de Alemania pasamos a la vecina Austria. Y de paso subimos un puntito en la escala metálica. Hablamos obviamente de los caracks Harakiri For The Sky y su nueva obra Arson. Con unos adelantos que ya anticipaban algo al menos igual de gordo que lo oído hace apenas un par de años en III: Trauma (2016), esta pareja compuesta por “MS” y “JJ” dan una nueva lección de black-metal de tintes atmosféricos. Hace de hecho bien poco me entraba la nostalgia por unos pioneros en este apartado como fueron los norteamericanos Agalloch por lo que la llegada de este disco me ha venido en un momento pintiparado. Cómo no acordarse de los de Portland cuando suena el arpegio inicial Heroin Waltz! Arson es una hora y once minutos de intensidad desbordante, completísima y que te enchufa desde la primera escucha. Un ejercicio de técnica y capacidad en las virtudes de lo mejor de la batería de doble bombo, y unas guitarras que como titulaba una referencia en otras latitudes son puro fuego.

Suenan implacables en Fire, Walk with Me , melódicamente isuperables con los teclados en You Are The Scars, nuevamente aguerridos en Tomb Omnia pero con dosis de luz en los riffs que firmaría cualquier combo considerado “menos extremo” y colaría sin calzador.  Lo sinuoso de Stillborn e incluso la colaboración fémina de Silvi Bogojevc  en la cover Manifesto acaban por funcionar.

Difícil discernir si con su cuarta obra han conseguido su referencia cumbre, al menos para mí se consagran definitivamente como punta de lanza del género a ambos lados del charco, y eso con la competencia que hay de vanguardia en blackgaze y afines ya es mucho decir. Era uno de los discos más esperados del primer trimestre y no sólo no ha defraudado ni un poquito sino que ha alcanzado una cota de excelencia que lo convierte probablemente en el nombre propio de mi 2018 hasta ahora.

 

 

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