Arctic Monkeys: Tranquility Base Hotel & Casino

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A una semana vista exacta de que los Arctic Monkeys abarroten Mordor en el Primavera Sound – miedo me da las hordas de putifans britishal fin he encontrado el momento para recopilar y vertir aquí mis pensamientos acerca del polémico nuevo disco de los de Sheffield. Y es que el sexto disco de Alex Turner y compañía, deja a pocos indiferentes. Opiniones que se polarizan entre el amor y el odio sin término medio, con cierto desequilibrio hacia el lado negativo según la opinión que he podido pulsar. Lo que pocos pueden discutir a estas alturas de la película, es que los británicos, y en concreto su cabecilla, han tenido lo santos huevazos de sacarse un disco en el que poco artificio de single o concesión a la radiofórmula mainstream hay. Quizás de ahí su salida sin teasers, adelantos ni campañas rimbombantes, algo a todas luces impropio del coloso en que se ha convertido la marca Arctic Monkeys. Intentemos desgranar Tranquility Base Hotel & Casino.

Que haya discos que generan cierta polémica y te encuentres con opiniones en medios de comunicación, comentarios en Youtube, RRSS y demás se agradece para alegrarte ratos muertos, y no engañaré a nadie si confieso que me he pegado alguna risa con diversas opiniones, comentarios, tweetscomo los que abajo enlazo:

“Arctic Monkeys se convierten en señoros canallitas que beben cerveza sin alcohol”

“Esto lo saca Bowie en el 72 y la lefa salpicando las paredes.”

“AEROPUERTO DE MADRID BARAJAS ADOLFO SUÁREZ TRANQUILITY BASE HOTEL & CASINO”

Y ya me jode no haber incluido otro par de enlaces con perlas cachondas que he leído del tipo  “Por fin Matt Helders está ganandose el sueldo por la cara” y “Miles Kane la Yoko Ono de los Arctic Monkeys”.  Unas opiniones ante las que me imagino a un Alex Turner eufórico si es eso lo que estaba buscando, cosa que no dudo. Un Turner que en definitiva vendría a expresarse en los términos del gif:

Dejando de lado el chismorreo y las coñetas -algo dicho de paso que me pasa a menudo cuando se trata de este artista– y entrando en lo estrictamente musical que ofrece Tranquility Base Hotel & Casino hay que admitir que en una primera escucha, incluso estando advertido de que los teclados eran los protagonistas, desconcierta a un nivel que hasta ahora jamás habían conseguido. No descubro nada diciendo que la evolución de los Monos desde aquel iniciático ejercicio de frenetismo con Turner escupiendo versos a velocidad supersónica que fue Whatever People Say I Am, That´s What I´m Not hasta este nuevo disco no es que sea notoria sino que marca la reinvención de un grupo que en década y media ha ido dando pasos adelante -la mayoría acertados- sin miedo a perder por el camino su fanbase. Muchos apuntarán en análisis más sesudos que el que pretendo hacer la importancia en la progresión de la carrera de Turner de las figuras de Josh Homme, Miles Kane y Alexandra Savior a la hora de cómo se ha moldeado como artista el británico. Lo que sí me parece razonable asumir es que por primera vez en la carrera del grupo, el resto de componentes han seguido a pies juntillas las instrucciones de la iluminación de su cantante. Vaya, que todo un toro a la bataca como Matt Helders ha tragado y aquí es casi un mero espectador más. Los Arctic Monkeys convertidos en una cámara orquestal de apoyo de lujo para arropar a Turner y sus teclados.

 

 

Tras la deconcertante primera escucha, y aceptando que el sonido 2018 de la banda es el que es sin entrar en pataletas infantiloides, se consigue encontrar algún resquicio al que agarrarse como tema con gancho que sobresalga de la linealidad y planicie imperante. De la primera parte del tracklist se podría subrayar la canción homónima y  Four Out of Five junto con She Looks Like Fun que es lo más parecido a una canción con poso de encajar en un Setlist sin ser el momento cortarollo de la velada. Un tema con un estribillo que sí haces que conectes sin ser todo lo memorable que se espera a la vista de la carera y pasado de Arctic Monkeys. Conforme avanza el minutaje de la obra acabas por caer un poco en el ostracismo y no encuentras momentos en los que te apetezca aparcar lo que estás haciendo y sumergirte a fondo en su escucha. Como si de música de fondo amenizando la sala de espera de un dentista se tratase, pasan los temas a la espera de algún chispazo que me saque de la monotonía imperante. Science Fiction, amén de seguir el tono general de la obra, me parece interesante con algún detallito sintetizado que compro. Los jueguecitos y coqueteos al cierre con Batphone no ayudan a mejorar mi impresión global, y la vuelta a la encarnación del crooner de vuelta de todo, tocando con profundida el piano en The Ultracheese terminan por convencerme de que quizás esto sea un paso más en la evolución natural de la banda, pero a mi modo de ver un paso en falso.

 

 

¿Hubiese cambiado mi opinión si hubiese sido esto publicado como Alex Turner en solitario o vía The Last Shadow Puppets? Quizás sí. Sea como fuere, se me queda en obra demasiada insulsa, según mis preferencias y expectativas – dado los buenos ratos musicales que la mente de este ya treintañero inglés me ha ofrecido durante un buen puñado de años y discos- no alcanza unos mínimos. Los que vieron en AM un descarado movimiento hacia lo comercial y la señal inequívoca de “venta absoluta” de los monos tendrán pocos motivos para argumentar ahora la justificación de un disco con tan poco cariz comercial a priori como es Tranquility Base Hotel & Casino. Lo cuál no es óbice para que en nuestro país se hayan colocado en lo más alto de ventas y es que como decía, la marca Arctic Monkeys ahora es más sólida y fuerte que nunca. Si mañana Apple saca un ñordo con pantalla táctil también lo vendería como churros.

 

Resumiendo, para mí es su disco más olvidable. Y creo que la elección del adjetivo es la clave. Olvidable. Poco hay que me pueda hacer acordarme de ellos en unos meses, por no decir semanas. Si AM y su rollo sexy no me convenció globalmente menos lo hace el deje vocal de un Turner mutado a crooner a sus pocas primaveras vividas. En AM al menos había unos temas algo facilones -véase la cuarteta inicial- pero acababas por encontrar algún momento para volver a echufártelo. Ahora no veo el momento en el que me volverá a apetecerme escuchar un disco que como jocosamente también he leído podríamos a partir de ya acortarle el título y dejarlo en Hotel Cansino. Y sí, se puede hacer encaje de bolillos y justificar la línea evolutiva del nuevo sonido y emparentarla con 505 o The Jeweller´s Hands, pero eso es trampa y ventajismo. Aplaudo la valentía de todo el ente de Arctic Monkeys de asumir riesgos pero sencillamente no les ha salido todo lo bien que debiera. Ahora mismo mi mayor duda es ver cómo encajarán los temas nuevos en directo junto a canciones pasadas. Aunque ahora que lo pienso bien, tampoco es que temas como I Want It All, Brick By Brick, The Jeweller´s Hands, Do me a Favour o Mardy Bum sean un calco precisamente. Para bien o para mal Alex Turner vuelve a no dejar indiferente. Una cualidad en mi opinión. Ya que acierte es otro tema.

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