BeProg! 2018: la reconquista de A Perfect Circle

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Este pasado fin de semana hemos tenido la suerte de asistir al BeProg! Festival celebrado en el entrañable enclave del Poble Espanyol de Barcelona. Con unas expectativas muy altas puestas, casi todas, en lo que aconteciese en la primera de las dos jornadas, nos dirigimos a hacer verificación del estado de la galaxia progresiva en sus numerosas vertientes. Con la cada vez más notable adición de grupos que bordean lo progresivo, pero que no deberían ser etiquetado en primer lugar como tal- véanse Baroness- el festival hacía una apuesta muy fuerte por congregar a un buen número de asistentes. Mezcla de público nacional/internacional con una media de edad alta, reflejo quizás de bandas como Gazpacho, Burst o sobre todo la figura de Steve Hackett que no son precisamente unos quinceañeros.

Antes de entrar en harina, comentar que en cuanto a aspecto organizativo y a comodidad, ha sido un par de jornadas casi perfectas. El casi, viene dado porque el acceso de la primera jornada a las 17:00 horas con toda la flama que a esa hora caía, se hizo por un único acceso lo que llevó a unas colas Montjuic arriba que hicieron que hubiese una espera de algo más de media hora para poder acceder al recinto. Como consecuencia de ello, nos perdimos parte de la actuación de los andorranos Persefone. Primeros en abrir la veda, con sus dosis de vigoroso metal en el que el peso del doblo bombo lleva la batuta. No gozaron del mejor de los sonidos pero consiguieron calentar el nivel sobre todo con los temas de su último trabajo Aathma – no confundir con el trío de mismo nombre madrileño- destacando la interpretación de Aathma Part 3. One with the Light con su épica intrínseca. El vocalista Marc Martins sudó de lo lindo y poco se le pudo achacar a la entrega del sexteto del país vecino.

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Con esas, y tras avituallarnos convenientemente, llegaba uno de los nombres que más habían ejercido de reclamo para que me presentase en el festival por primera ocasión. Hablo de Baroness. Sin material nuevo que presentar en directo pero con una formación que ha sido progresivamente renovada por John Baizley – en gran parte por tristes razones derivadas de aquel accidente casi trágico que tuvieron de gira– y de la que había ganas especiales de ver como se defendía en directo la guitarrista Gina Gleason. Una joven que demostró sobre las tablas el por qué de su puesto en la alineación actual que comanda Baizley.  Actuación en primer momento con un sonido que fue a más y mejor por fortuna. Arranque con entrega total de la parroquia con la coreable Take My Bones Away que enlazó con dos absolutos temarrales como son The Sweetest Curse y March To The Sea. La primera sonó a gloria en el desdoble de guitarras, amén de unos más que cumplidores coros de Gina. Parece que el mojo en directo entre las guitarras de Baizley y Pete Adams no se ha visto mermado con la salida del segundo. En la parte central del setlist levantaron el pie del pedal con medios tempos como Green Theme o la épica de If I Have to Wake Up (Would You Stop The Rain?). Más madera metieron a quemar con Shock Me y A Horse Called Golgotha con sus requiebros infinitos en los riffs. Para el final Isak como único tema de su primigenio disco rojo.

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Tremenda actuación de una banda que siempre ha contado con mi venia ampliamente en cada casi paso que han dado hasta el día de hoy. Más impresionado aún tras comprobar que John Baizley y Gina son personas la mar de amables con las que pude casualmente departir unos momentos tras la actuación  y felicitarlos por el concierto, y a John por su carrera como artista total en todas sus facetas.

 

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Y tras Baroness, llegaba el turno de una de las bandas fetiches del público y de la organización del festival: Pain of Salvation. Los suecos desgranaron durante un set bastante alargado la mayoría de temas de su reciente In The Passing Light of Day. Un disco, que un servidor en su momento no terminó de conectar más allá de los hits incopstetables que son Meaningless y Full Throtle Tribe. Ambas cayeron de inicio y demostraron con el calor del público el por qué eran tas esperados por el personal -algo tendrá que ver la importante colonia escandinava que se intuía presente- que allí se hacía notar coreando cada verso. Mención especial para un Daniel Gildenlöw espectacular en todas las facetas. Frontman total con un porte y presencia que ya lo quisiera yo para mí. Igualmente difícil hacer la comparativa para un servidor entre la vuelta del musculado Johan Hallgren en pos de Ragnar Zolberg. Espectaculares con temas como la lejana Inside Out, la propia Meaningless o Rope Ends. Algo menos entré en conexión con los momentos algo bajoneros más melódicos como los de Silent Gold. En cualquier caso, actuación que de haber sido algo menos extensa hubiese ganado en intensidad y resultado sobre el público a mi modo de ver.

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Y tras los suecos el nombre propio de la velada y del festival. A Perfect Circle. Catorce años después de su última parada en el país. Ganas máximas tras un disco que tanta polvareda ha levantado. Y con una figura tan polarizante como Maynard James Keenan que en la misma semana había sido objeto de una polémica que habrá que ver en que queda. Todo preparado con una puesta en escena sublime, pero sin caer en el barroquismo, con unas columnas de iluminación y tres plataformas para la batería de Jeff Friedl, Greg Edwards y en el centro un Maynard vistiendo impolutamente traje similar a rosao carmesí -cuya chaqueta tuvo que quitarse a mitad de actuación-  y chaleco negro y camisa blanca. Todo a punto y entonces se produjo la magia: una hora y cuarenta minutos que discurrieron entre la calmada Eat The Elephant y la épica Feathers, si bien este tema fue de los que menos me pareció que creciese respecto a la versión en disco. Diecinueve momentos de sonido perfecto, comunión total con el respetable y un juego de luces más que acertado. Cómo describir con palabras la perfección vocal en Disillusioned, el primor del toque de un Billy Howerdel que erigido en una especie de figura celestial que levita sobre el escenario va dejando melodías sublimes como en ese back-to-back insuperable que fue The Hollow y Weak and Powerless.

 

Ojiplático igualmente al comprobar como temas que no terminaba de ver en el disco como The Contrarian o Hourglass se elevaban sobre mí sin poder poner la más mínima pega. Al final se ha confirmado que Eat The Elephant era un disco de digestión larga y salvo algún patinazo es otra obra notable. Del Mer de Noms no cayeron favoritas como Judith u Orestes pero cómo olvidar los aires industriales de Rose o la perfección vocal de Maynard de 3 Libras. En todos los registros estuvo acertado el calvo cantante -aunque ataviado con conveniente peluca- durante el concierto. Clavó el clímax de y los estribillos de TalkTalk – mi momento de la noche- con ese brutal “Get the Fuck Out of My Way” o en el grito final de The Doomed. Y todavía antes de echar cerrojo a una incomensurable actuación cayeron The Outsider y The Package, dos hits rotundos del Thirteenth Step. Intento no querer jugar a la hipérbole y ser objetivo y frío pero las emociones vividas y la sensación global de todos los asistentes de que aquello fue enorme no pueden ser equivoadas. Concierto del año personal. Se reivindicaron como lo que son, todo unas leyendas con un status a la altura y dimensión de los pedazos de autobuses de giras que estaban aparcados en el laterla del recinto. Unos músicos que se resarcieron tras el fiasco técnico en el Download. Inolvidable.

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Tras la obnubilante actuación de los norteamericanos y tras el impás para el cambio de escenario y montar para los finlandenses Oranssi Pazuzu nos entró la bajona post-orgasmo y comenzó todo a hacerse cuesta arriba. Y eso que había ganas de comprobar la experimentación black-metal del combo finés, finalmente un servidor sólo me quedé hasta mediado el segundo tema dentro de la intensa actuación de los de Tampere. Una pena que no me quedase al menos un tema más para oír mi favorita Saturaatio que según he visto cayó justo después. Poco que comentar sobre una banda que requiere de plenas facultades para entrar en su universo y que dadas las circunstancias decidí posponer para una futura cita.

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La segunda jornada de esta edición encuadraba probablemente nombres y estilos algo más acordes al progresivo más clásico y filosofía de los primeros carteles de este festi. Un hecho, que personalmente no iba de la mano con ser más potente que los primeros cinco grupos vistos en la primera jornada. Mi mayor interés estaba en Plini, a quienes recientemente he descubierto, y los últimos Burst con su Show de reunión tras bastantes años en el dique seco. Con estas, llegamos a la torera hora de las 17:00 al recinto -sin esta vez tener ningún problema obviamente para acceder con nuestra pulserita ya puesta- y con un ambiente menor que en el primer día nos colocamos en primer lugar en busca de las cotizadas sombras para ver al virtuoso australiano Plini y sus secuaces. Fusión de progresivo con tintes math/djent en modo soft sin ruidismo/distorsión en unas composiciones que asombran por la facilidad técnica con la que este hombre maneja esa extraña Strandberg Boden OS 6 – que así se llama el invento- y cómo intercambia estilos como el que toca una simple pandereta. Espectacular tour de force junto con el bajista Simon Grove en Handmaid Cities. Donde en tantas ocasiones hallo paja y masturbación inocua en guitarristas virtuosos – apunto a Ste Vai a Tosin Abasi de Animals As Leaders y otros por no citar más- en este joven australiano si que encuentro un cierto sentido de la melodía y de definición de dónde quiere llegar con sus exhibiciones a las cuerdas. Menos lúcido estuvos en sus parlamentos donde se le veía menos cómodo, pero al final con temas como Cascade, el math similar a Jardín de la Croix de Electric Sunrise o sobre todo una deliciosa Selenium Forest hacen que aplaudas a rabiar una de las mejores actuaciones que vimos en el fin de semana.

Posteriormente era turno para los mucho más experimentados noruegos Gazpacho. No esperaba mucho de su propuesta qu roza ese progresivo con pequeñas incursiones sinfónicas que en ocasiones me chirría tanto. Así que desde una posición pasiva vi su actuación sin llegar a conectar con el preciosismo de la voz de Jan-Henrik Ohme. A juzagar por la entrega de los fans, se puede decir que su público ya tiene unos años y alababan cada tema con bastante más fervor que un servidor. Poco que valorar desde el mayor del desconocimiento de su discografía.

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Los terceros en pisar el escenario eran Sons Of Apollo. Enésimo proyecto de Mike Portnoy junto con otros tantos artistas de currículum experimentado dentro de subgéneros colindantes al estilo madre de este festival. Personalmente nunca me he dejado convencer por el culto a Dream Theater pero reconozco que Portnoy es una bestia detrás del tremebundo set que golpea. El sonido por momentos me pareció con más volumen que nitidez y en alguna ocasión la voz de Jeff Scott Soto sonaba casi más alta que los riffs de Bumblefoot. El particular estilo hardrockero de otra década vocal del cantante no me convenció en absoluto y mucho menos el recurso efectista de la petición del coro, del sing along y excesivos parones durante temas. Cayeron temas de Dream Theater para gozo y aplauso de muchos, la alocada Just Let Me Breathe y la mucho más experimental Lines In The Sand. Se me hizo larga la actuación. Definitivamente no son my cup of tea.

 

Por tema personal no me quedé a ver a Steve Hackett -sacrilegio seguro para muchos puristas proggies- pero he de confesar que me dio más pena perderme a los suecos Burst con su metal vanguardista pese a su época y casi emparentado con lo que a posteriori ha mutado en un metalcore bastante insulso. He leído poco de su actuación, con lo que no sé si consiguieron dejar buen sabor de boca y poner la guinda a dos jornadas de intensos y especiales conciertos.

 

 

Espero que la organización de Madness Live! haya cosechado buenas cifras económicas con esta edición que le permitan continuar adelante con su proyecto de festival y de giras de este palo musical. En su momento ha sido muy cuestionado los precios para un festival cuyo cartel solo tipografía 10 nombres, si bien ofrece otra serie de ventajas con respecto de la competencia de la oferta festivalera. Aunque si reflexionas no tienen rival en cuanto a propuesta centrada en el progresivo y derivados dentro de nuestras fronteras. Lo del precio del abono escama en cualquier caso. No me cabe duda que el recinto y su alquiler debe llevarse un picotazo importante del presupuesto de la organización, con lo que alguna rumorología de cambio de ubicación quizás tenga algo de fundamento. Si bien, con un marco tan especial como el Poble Espanyol donde 4000 personas ven comodamente en un sitio pintoresco un concierto como el de A Perfect Circle no tiene precio. El propio Maynard en sus únicas palabras invitó a los presente a disfrutar de la velada en tan bello sitio. Grandes sensaciones, pese a todo, que pueden inclinarme a volver en próximas ediciones si el aperturismo hacia otras tendencias -la inclusión de Baroness así lo veo yo- trae a figuras como por citar unos Mastodon, Gojira. Y si soñamos, ojalá por aquí un hipotético regreso de The Mars Volta y Tool.

 

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