AMFest 2018: Día 2. Fabra i Coats 13-10-18

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Desde estas latitudes defendemos a ultranza el hecho de que blanco y negro combinan a la perfección. Me explico, maridajes imposibles a priori como pueden ser los de géneros tan distantes como el folk de caracter íntimo y acústico con el metal progresivo o el del post-rock con la electrónica acaban resultando en una combinación la mar de grata para nuestro paladar. Es por ello que siempre aplaudo el aperturismo en cuanto a nuevos sonidos dentro de un festival. Si hay algo en lo que todo un referente como el Primavera Sound considero que acierta, es en poder meter tanta historia variopinta en un mismo cartel -sin ir más lejos este año pudé disfrutar de actuaciones tan interesantes como alejadas sonoramente como las de SUMAC, Art Ensemble of Chicago, Rhye  e IDLES- y por eso que dentro de ciertos parámetros, me congratula ir viendo que el AMFest con cada edición ha ido evolucionando hacia un cierto aperturismo  más allá de los sonidos canónicamente instrumentales que fueron su motivo de ser al principio. Nombres como los de Amenra, A Storm of Light y Caligula´s Horse creo que confirman dicha dinámica, y en retrospectiva recuerdo la actuación por ejemplo de Leprous hace un par de años. Bienvenida amplitud estilística sin perder su filosofía y razón de ser.

La primera actuación de una larga tarde de Sábado que había comenzado con una tormenta típicamente mediterránea, venía de la mano del bueno de Mike Kinsella y su proyecto Owen. Tras la tempestad de las lluvias caídas llegó la calma aportada por el candor vocal arropado con guitarra acústica del líder de los emotivos American Football. Buena acogida de público pese a lo prematuro del horario. El de Illinois estuvo locuaz y cercano con un público dispuesto a disfrutar de uno de esos momentos de paz y cercanía al artista que son realmente de agradecer. Los arpegios de su guitarra enamoraron por momentos y a pesar de no contar con la ornamentación de los arreglos de estudio, temas como The Sad Waltzes of Pietro Crespi sonaron a gloria. Sensabilidad a raudales durante una actuación que pasó volando y cuya guinda del pastel fue el regalo en forma de versión de su tema más extendido: Never Meant de esa gran banda de culto que son American Football y que tuvimos suerte de ver el año pasado en la Apolo.

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[Fotografía: Antípodas Sonoras]

Nos trasladamos al escenario 3 para ver con curiosidad la presentación en sociedad de iou3R. Un nombre del que poco o nada sabía más allá de alguna referencia que remitía a aquellos tremendamente excitantes (lo:muêso) que publicaron aquel sobresaliente disco Giant Catarzêe que bien merece ser rescatado del cajón de discos olvidados. Noise entremezclando lo musicalmente orgánico sacado de guitarra y bajo y el coqueteo con los efectos, pedales e incluso un theremín. Por momentos las percusiones me parecieron algo a destiempo, no sé si sincopadas a drede o algo faltas de conjunción con el resto. Poco más pude sacar de conclusión en una actuación cortita de los catalanes. Se les seguirá la pista.

 

Volvimos a adentrarnos a la parte principal del recinto para ver la actuación del grupo más “BeProg!” de cuantos formaban parte del cartel. Los australianos Caligula´s Horse son una formación joven cuya música circula por la vía del progresivo virando del carril del rock al metal en una misma canción. A pesar de ser un género del que me nutro bastante no es precisamente un combo que me haya despertado hasta ahora un gran interés, algo extraño puesto que no están tan lejos de unos TesseracT, Leprous o Pain of Salvation. Sin embargo, hay ciertos clichés y “mecánicas” en su sonido que me recuerdan a unos Animal As Leaders con un puntito menos de técnica, entiéndase esto como algo negativo. Esa inclinación hacia la “autofelación” de algunos grupos proggies les hace perder el norte musical, de ahí mi alegría con excepciones como la de su paisano Plini. El cantante, Jim Grey, intentó reclamar la atención del público de mil maneras y sus aspavientos/poses calculadas al milímetro me sacaron de quicio por momentos. Un poco del narcisismo de Daniel Gildenlöw sí que vi allí. Musicalmente y dejando de lado mis prejuicios de futuro viejo carca, temas de su último disco como Dream the Dead sonaron estupendamente. Mención especial a las guitarras de Sam Vallen.

 

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[Fotografía: WasFoto]

A Jaime L. Pantaleón hay que quererle por haber sido punta de lanza primigenia en este país de tantos grupos que llegaron después, por 12twelve y por Cuzo, pero el vanguardismo siempre un paso por delante de su nuevo proyecto electrónico/modular es café para muy cafeteros. Difícil digerir para alguien no muy dado a cierta electrónica experimental lo que ha lanzado en E.N.T.E. y lo presenciado el Sábado. Algunos me comentaban que “el cacharreo y la paja no era su rollo” y es difícil negar que aquello era como la física cuántica, harto complicado de asimilar, al menos para el que aquí escribe.

 

 

Despues de la complejidad de Pantaleón nos dirigimos con cierta expectativa a ver al combo de Josh Graham: A Storm of Light. Su música con cierto resgustillo a la corrosión metalera de unos Neurosis algo filtrados era previsiblemente de las alternativas que al sector más metalhead presente más podían contentar. El sonido del trío en un primer momento fue bastante atropellado hasta que consiguieron ajustarlo y la mayor parte que los presencié fueron de menos a más. Contundentes por momentos pero sin acabar de sacar toda la potencia que por ejemplo han mostrado en su disco publicado este año, Anthroscene, donde ciertamente guardan cierta similitud con los Mastodon en los que Troy Sanders lleva la batuta al micro. Algo decepcionantes por lo que viendo que el personal ya había tomado posiciones en las trincheras delanteras del escenario grande para los japoneses MONO decidí hacer una escaramuza buscando algo de una visibilidad complicada por la estructura propia del recinto.

 

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[Fotografía: Antípodas Sonoras]

MONO eran el principal reclamo por el que deseaba asistir sí o sí a esta edición. Los japoneses son un grupo especial por una infinidad de motivos más allá de lo exótico de su procedencia, si bien cada vez son más sus paisanos asentados dentro de la galaxia rockera occidental. En más de una ocasión he admitido que tendrían mi pasta si organizasen un concierto en un recinto tipo Auditori, Palau de la Música con orquesta completa. Soltaría guita, y mucha de ser menester. MONO me robaron el alma definitivamente en el 2009 con Hymn To The Inmortal Wind, disco bello como pocos que hayan pasado por mis oidos. Y ahora llegaban a Barcelona con su leyenda acrecentada y a las puertas de publicar en Enero de 2019 su décimo trabajo de estudio, un Nowhere Now Here grabado con el uraño a la vez que genial Steve Albini. Lo de MONO supera mi capacidad de expresar con palabras lo vivido. Sus actuaciones tan catárticas como extrasensoriales son experiencias en toda la amplitud de lo que personalmente busco cuando asisto a un concierto. Arrancaron con el torbellino sonoro de After You Comes The Flood un single de adelanto crudo y directo que puso la piel de gallina a un volumen ante el que no me pude resistir, dediciendo aceptar la sumisión total, someterme y mandar a paseo a mis tapones. A partir de ahí un set muy centrado en piezas hasta ahora inauditas puesto que forman parte del citado nuevo álbum, destacando Breathe donde la bajista Tamaki aportó al micro algo ciertamente novedoso. Cayeron por el camino momentos divinos como el redoble militar in crescendo de Death in Rebirth, la belleza pura de los teclados de Dream Odyssey, cello de apoyo de Jo Quail y el colofón épico de Ashes in the Snow. Y por supuesto un Taka Goto celestial con su guitarra, presencia y entrega en un concierto de los que perduran por años. A la altura de lo experimentado en A Perfect Circle, Anna von Hausswolff y poquito más por ahora en este curso 2018.

 

A Ralp y su oferta de sintetización modular similar a lo expuesto de Pantaleón nos lo decidimos saltar para hacer un avituallamiento más que necesario de cara a la noche y para relamernos en el subidón eperimentado con MONO. Aprovechar para comentar el acierto del espacio de la entrada con los food trucks al aire libre que funcionaron notablemente sin siquiera aglomerar demasiada cola para poder pedir comida a pesar de ser poquitos. Tras haber enguliido las necesarias viandas nos dispusimos para ver la media actuación que quedaba de los alemanes My Sleeping Karma. Un grupo fetiche del que la organización se confiesa abiertamente fan y que me pareció gozar de un sonido más cértero y nítido en el escenario 2 que A Storm of Light. Sin comentarios puesto que ante su post-rock con ciertos aires de psicodelia engarzada en las conjugaciones de las guitarras no pude estar atento al 100% y tampoco engañaré confesando que no son la banda que más pilote.

 

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[Fotografía: WasFoto]

Finalmente llegaron los Toundra y lo suyo fue Veni, Vidi, Vici. Saltaron ante un público extasiado y con decenas de camisetas con su nombre. Vortex es un disco que me dejó a medias y su actuación vista en perspectiva no es la más precisa que les recuerdo- ya sea como Toundra o en su faceta como Exquirla- y es que lo suyo más que pulcritud y perfección técnica fue por la vía de imprimir energía incendiaria al respetable. Que nadie me entienda mal, mancos no son precisamente, pero les vi con una actitud más hardcore-punk que de costumbre, en gran parte dicho carácter lo marca la actitud y el peso que lleva Esteban Girón, arropado por Maca, y en ciertos tramos nos envalentonaron cosa mala. Arrancaron con la dupla CobraTouareg de tirón y luego fueron picoteando de obras pretéritas a excepción de su debut. Clavaron el final épico y groovy de Kitsune y aún más aplaudidas fueron esas dos perlas extensas de su segunda obra: Bizancio y Magreb, dejándome con la baba en el suelo ésta última durante ese pasaje en el que todo gravita alrededor del martilleo del bajo de Alberto. En cualquier caso si tuviera que quedarme con un único momento del recital ese sería la ejecución de una potentísima Cielo Negro aupada por un frenético final que oposita claramente al mejor tema de toda su discografía en mi humilde opinión. Cierre épico previsible con Cruce Oeste y a campeonar. Decía alguien de la buena comunidad del Foro de La Plazoleta – de la que es ilustre forero cierto miembro de Toundra precisamente- que si Shellac son la banda inquilina del Primavera los madrileños merecen tal distinción en el Aloud Music Festival. Me sumo desde ya.

 

A última hora y con tanto cansancio acumulado pensé en dimitir y perderme a los Za!. Por suerte si se tiene compañía cercana que te incite a aguantar el tirón todo es mejor y me lo pasé bastante bien con la bizarrada absoluta que son el dúo catalán. Locura a la batería, en los efectos de las voces, en las interpelaciones al respetable-como ese momento Top del bataca usando efecto para soltarse la broma del tempo tan distante entre Amenra y los Mutiny on the Bounty- o en una música que a ciertas horas despierta a un muerto. Seguramente a Za! no les dé muchos minutos de cancha en mi día a día pero no me importaría lo más mínimo pegarme una farra en uno de sus descacharrantes directos de tanto en tanto.

 

NOTA: Fotografía de cabecera del Post cortesía de WasFoto

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