TOP 25 Discos 2018 (III): 15-11

Justito de tiempo pero llegamos a la cita semanal preestablecida para lanzar la nueva tanda de 5 discos que forman parte de mi selección personal de favoritos del año. Y digo lo de justo debido a que el que aquí escribe ha tenido una semana la mar de movidita. Con un puente mejor que bien invertido en la ciudad de Bristol de por medio. Una ciudad a la que ya hemos aludido en este espacio habida cuenta de la procedencia de los IDLES -tan en el candelero en los últimos tiempos- como por su pasado musical marcado a fuego irremediablemente por la explosión trip-hop en los noventa. Reflexionaba durante el trayecto de vuelta a Barcelona acerca de varias anécdotas musicales que había presenciado durante mi estancia. Especialmente reseñable la relacionada con un local como The Lousiana, al que no fui expresamente a escuchar música, y para mi asombro me encontraba con que de sus paredes interiores colgaban innumerables reliquias en forma de carteles de conciertos. Con orgullo exponían carteles de bandas que han trascendido tantísimo al mainstream como los Strokes, Coldplay o incluso Muse, con la peculiaridad de que todas pasaron por allí justo antes de explotar y convertirse en fenómenos de masa. Como se reiría el Matt Bellamy de 2018 con la simpleza del cartel que encabeza el post sin contener su nuevo/actual rollito visual Ready Player One, por no decir con lo simbólico del precio de la entrada. Chascarrillos aparte, tocaba reflexión acerca de la cultura de música en directo, y en extensión musical del Reino Unido, a la que además siempre se ha mirado con cierta envidia -sana o no tanto- desde este lado del viejo continente. De hecho, no hace mucho esta misma idea de hegemonía british era algo más desarrollada por el más que recomendable canal de YouTube Music Radar Clan. Se podrá estar más o menos de acuerdo en dicha posición, pero es harto difícil negar la mayor y no sentir que en multitud de formas la cultura musical popular británica, en todas sus expresiones, se ha cuidado infinitamente más por aquellos lares. Ya podríamos aplicarnos el cuento por aquí.

15 – Cult Leader: A Patient Man

Este puesto ejemplifica a la perfección aquello de más vale tarde que nunca. Además, su entrada en esta lista directamente hasta la posición 15 se debe a haber descubiertos a Cult Leader y este segundo largo titulado A Patient Man a raíz de una de varias listas internacionales como la de Revolver Mag y especialmente la de Exclaim!. Hecho que pone de relieve la verdadera importancia de estas listas: descubrirte música. Con toda pena han usurpado con nocturnidad y alevosía este slot a sus paisanos Ancestors -si hubiesen acompañado a Elder en su reciente concierto por aquí quizás hubiese cambiado el tema- quienes también merecían flores por su mezcla edulcorada y seductora en Suspended In Reflections. Para ubicar a los neófitos, como servidor hasta hace nada, lo de Cult Leader es una mezcla entre el hardcore violento y crujiente de Converge con la pesadez y carga épica controlada de unos Neurosis una pizca más melódicos. A pesar de lo que puede indicar el título de la obra, no abre el disco de manera paciente justamente. I Am Healed te atropella literalmente sin que hayas parpadeado. Sonido tosco y sobre todo una batería galopante que recuerda al trabajo de Ben Koller del citado tótem de Massachusetts. En la misma onda de golpe directo al maxilar auspiciado por el vozarrón de Anthony Lucero -ex-Gaza como 3/4 partes de este combo- que transmite claustrofobia y tensión cuando debe. Sin embargo, es en los momentos en los que bajan las revoluciones donde me ganan por completo. Avisan ya en el final de Isolation in the Land of Milk and Honey – ojito al título- con un cambio de tempo hacia un paso más viscoso y pesado que hará que pierdas las cervicales. Más obvio es el empoderamiento de las armonías en To: Achlys y la fantástica canción con mismo nombre que el álbum. La profunda voz de Lucero lo potencia todo y dota de una significación mayor todo el disco en esos momentos. En A Patient Man con una tensión a punto de estallar con momentos melódicos rollo sadcore que bien podrían firmar Nothing o Cloackroom. Y amigos para finalizar toda una “epicada” como The Broken Right Hand of God en las que me recuerdan de alguna forma nuevamente a los Converge de aquella joya del año pasado llamada Eve. La sombra de Converge tan aludida en esta review no es casualidad cuando compruebas que todo ha sido grabado por el propio Kurt Ballou y que su reciente publicación el 9 de Noviembre ha sido vía Deathwish. Lo bueno siempre queda en casa.

 

14 – Rhye: Blood

Resultado de imagen de rhye blood

He aquí el disco más soft de toda la lista. Y el que guarda menos paralelismos con el resto, compartiendo tal honor quizás con el All Melody de Nils Frahm. En un año en el que el sustento de mi dieta ha sido a base de sonoridades metaleras, he agradecido enormemente toparme con un disco en el que la delicadeza y el minimalismo y triunfo de la simpleza me haya acompañado durante bastantes meses. Blood es la segunda referencia del proyecto liderado por Mike Milosh y fue publicada en Febrero. No miente el algoritmo de recuento de Spotify cuando me dice que es uno de las obras a las que más tiempo he dedicado en este 2018. La andógina voz del canadiense te sumerge en un disco en el que los temas han sido cocinados a fuego lento y con el crepitar de fondo de una chimenea. Arreglos preciosistas que se van incrustando en su música para ensalzar la belleza de una obra a la altura de su sugerente portada. En temas como Waste los coros y arreglos de cuerdas elevan la composición, una línea que también sigue en Song For You con sus vientos o en los susurros y lamentos de Blood Knows. La sensualidad inherente en todo el minutaje tan bien personificada en la vaporosa voz de Milosh, que en momentos no es distante de la faceta R&B del Frank Ocean de Pink+White, también casa bien cuando les da por aumentar el tempo y dejar los terrenos más íntimos y acercarse sin pavor a patrones más cercanos a unos Daft Punk sosegados queriendo hacer de The Rapture en How Deep is Your Love. Es el caso de Taste, Feel Your Weight o especialmente Phoenix y Count To Five que por tono son las más diferentes del conjunto. La portada monocroma no tiene continuidad en un disco con cierto dinamismo dentro de sus parámetros. No obstante, tampoco necesita demasiados elementos la voz de Milosh para enamorar, y es que en una versión casi desnuda despojada de todo artificio alrededor como en Softly también convence. Su concierto en el Primavera Sound en el escenario Ray-Ban me abrió aún más los ojos hasta verles como una banda total al estilo de aquella transición que hizo Bon Iver del primer al segundo disco. Rhye han supuesto no solo una grata sorpresa sino la necesaria oxigenación de sonidos más densos y enmarañados hacia terrenos más accesibles al oyente casual. Todos deberían darle una oportunidad a un disco que desde ya hace tiempo debería ser tu banda de sonora de cabecera para tus cuestiones más íntimas de alcoba. Elegante erotismo el que supura la voz y música aquí contenida.

 

13 – Oh Sees: Smote Reverser

Resultado de imagen de smote reverser

Y volvamos a la tradición ya anual del disquito de los Oh Sees que se acaba colando en este top. Costumbre por estas fechas a la altura del habitual mensaje del rey. Ya estuvieron presentes en las dos ediciones anteriores con A Weird Exists y Orc, muchos me acusarán de “talifán” y que no tengo mesura cuando se trata de la obra del maquinote de John Dwyer. Y no les faltará razón. Pero es que de verdad que pienso que pese a su actividad frenética no nos  la cuelan apenas. Más bien en los discos en que están entonados suenan como un auténtico cañón. Smote Reverser es más largo que sus sucesores e incluso desvaría más, lo cual para ser ellos es ya todo un logro. Tenemos a los Oh Sees chalados como una regadera yendo a piñón de fuzz garagero en la bestial Abysmal Urn e incluso una Overthrown que es algo así como los Oh Sees se vuelven más metal en sus riffs. Esa vena abrasiva y de zapatiesta también en dosis más contenidas está incrustada en tramos de la más psicodélica Sentient Oona o en Enrique El Cobrador con la conversación entre las dos baterías tan característica de su sonido de un tiempo a esta parte. Hablábamos de esa psicodelia que aquí se acrecenta con unos teclados tarumbas en la citada Enrique El Cobrador o en la ácida Beat Quest. Los viajes larguísimos a los que parecen que se están acostumbrando los Oh Sees tienen aquí continuación con una infinita Anthemic Aggressor que supera la docena de minutos. Curioso ver que una banda con imagen de ensalzar el leitmotiv “a saco Paco”, temas cortitos e intensos, últimamente opte por lo psicotrópico de temas como el citado o Keys To The Castle del anterior disco Orc. Más satisfactoria que la jam instrumental larga es la tremenda y también sin aparición vocal Flies Bump Against The Glass, en la que la guitarra de Dwyer es la que parece casi hablarnos. Parlanchinas y angulosas líneas de guitarras distorsionadas que se funden con una atmósfera espacial alcanzando uno de los momentos más brillantes de cuanto han publicado estos hombres en los últimos años. John Dwyer es el nuevo advenimiento del Mesías en forma de tipo en pantalones cortos y con esa Gibson SG transparente colgado a la altura del sobaquillo. A ver si el año que viene tampoco falla a esta tradición el muy mamón. Y si ya de paso los consigo pillar por fin en directo en Sala pues probablemente será el día en el que muera en directo. Jefazo.

 

12 – A Perfect Circle: Eat The Elephant

Resultado de imagen de eat the elephant cover

Volviendo al recuento anual en minutos de la dichosa aplicación de streaming musical de origen sueco, Spotify, constato que A Perfect Circle copan la posición de honor en tiempo de escucha. Y no me extraña en absoluto. El hype interior que tenía de cara a la publicación de Eat The Elephant dado los extraordinarios y lejanos precedentes del proyecto comandado por Billy Howerdel y Maynard James Keenan. Quince añazos ha sido la brecha que han separado aquel Thirnteenth Step con este nuevo largo de estudio. Y claro, luego está el hecho de que probablemente el tercer disco de A Perfect Circle ilustre a la perfección ese caso que podríamos denominar disco grower, que con las sucesivas excuchas acaba pasando de convencerte a medias a atraparte por completo. Ya lo intuía, por otra parte. La preponderancia de los sonidos nítidos y las melodías en base al teclado ya me entraron de primeras con temas como Disillusioned, The Doomed o By and Down The River y sin embargo canciones como la homónima de apertura -con interpretación prodigiosa y de pellizco de Maynard y batería tocada con mimo absoluto- o una The Contrarian más outsider acaban por robarte el alma. Durante toda la obra habrá quien eche en falta los momentos más fieros basados en riffs reminiscentes de las pretéritas Pet o Judith y es que más allá de la explosión contenida de una grandiosa TalkTalk el disco discurre por unos terrenos diferentes. La sensibilidad melódica de Howerdel al servicio de una voz y presencia escénica magnética, tal y como pudimos disfrutar durante su actuación en el Poble Espanyol, para regalar joyas como Feathers. Magia hecha música ante la que solo toca rendirse y disfrutar. En un primer momento los momentos más experimentales de la segunda parte del tracklist me dejaron ciertamente algo fuera de juego, y aunque sigo pensando que Get The Lead Out me sobra enteramente, he acabado cogiéndole cierto regustillo a la industraloide Hourglass. Loable esfuerzo el de los norteamericanos por progresar y seguir desarrollando su sonido, máxime con un paréntesis tan largo entre discos. Algunos elegidos son capaces de regresar con tanta diferencia en el tiempo y entregar obras sublimes, casos como el de Slowdive el año pasado o el de los Alice In Chains en su momento se cuentan con los dedos de una mano por desgracia. Añadan a A Perfect Circle a esa exclusiva lista. Ojalá en un año digamos lo mismo de Tool. Pero eso es otro melón que no conviene abrir ahora mismo…

 

11 – SUMAC: Love In Shadow

Resultado de imagen de sumac love in shadow

El caos como la ausencia de orden. La deconstrucción absoluta de patrones y reglas. El viaje por lo inexplorado. El abrirse paso por un enmarañado manglar a base de riffs que de un segundo a otro te sorprenden con un nuevo cambio de ritmo. Mi idolatrado Aaron Turner vuelve con SUMAC para embarcarse en una aventura que le vuelve a poner en el olimpo de las mentes más inquietas y relevantes de lo que lleva de evolución el metal en este nuevo milenio. Cuatro temas, tres por encima del cuarto de hora y una experiencia densa, estresante pero la mar de atractiva para quien busque sumergirse en sus sorprendentes aguas. Con The Task muestran desde la apertura muchas de las facetas por las que discurre el disco. Inicio frenético y abrasivo apoyados en los guturales de Turner y evolución hacia un tempo mucho más lento y doomy durante todo el eje central. Cuando parece que ya no tienen más que ofrecer sorprenden con cierta experimentación y punteos inclasificables para desembocar en un pasaje amparado por unos teclados que retrotraen a los inigualables ISIS. Love In Shadow huye de cualquier convencionalismo y acaba destrozando las estructuras habituales del post-metal y el sludge. Attis´Blade es una maravilla que representa la máxima expresión la libertad creativa de un Turner desatado durante varios minutos de cuasi jam con su guitarra. Una telaraña tejida al milímetro, si bien no son pocos los momentos en los que se piensa en el espíritu del free jazz o de improvisación fuzzy en clave metálica. No hay escapatoria, uno de las canciones del año. Lo caótico de las guitarras de Turner también tiene su hueco Ecstasy of Unbecoming donde en algún momento parece que la sección rítmica conformada por Brian Cook y Nick Yacyshyn parece que hayan recibido un merecido descanso de parte de su patrón. A pesar de la larga duración de la obra y de lo opresor y difícil de digerir que pueden ser ciertos pasajes, SUMAC consiguen que en ningún momento desconectes gracias a la sucesión comentada de sorpresas en forma de alteración de compases y armonías. A todos los que este año se nos ha caido la lagrimita con la vuelta sobre las tablas de ISIS –rebautizados como Celestial y en principio de manera puntual– no tenemos que obviar los méritos posteriores que el alma máter de todo, Aaron Turner, está consiguiendo con obras como la que aquí destacamos. Un ejercicio titánico increíble capaz de demostrar que quedan rincones por visitar y que el vasto universo en el que viven las grandes mentes musicales del metal nos abre los ojos, y oídos, al restos de los simples mortales.

 

 

Un comentario en “TOP 25 Discos 2018 (III): 15-11

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s