Okkult Session 2019: Sala Apolo 16/07/19

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Muchas eran las ganas de poder ver a Neurosis en directo, y con ocasión de esta segunda edición del Okkult Session organizado por la gente de Madness Live se presentó por fin la oportunidad. Y dado lo poco que se suelen prodigar los de Oakland en pisar nuestra tierra, no obstante no venían en Sala desde 2011, no podíamos perdernos su paso por la Apolo. No venían solos ya que venían mano a mano con de los grandérrimos YOB –recordemos mejor disco de 2018– y unos menos conocidos Kowloon Walled City. Ver en una Sala como la Apolo, marco siempre de gran sonido y buenos conciertos, a una de las bandas más influyentes de los últimos 25 años y al combo liderado por Mike Scheidt en el mismo día eran razón más que suficiente para acercarnos una tempranera y calurosa tarde de Julio al enclave de la zona del Paral·lel barcelonés. Por suerte no fue demasiado sofocante la temperatura durante la actuación.

Llegamos con algo más de la hora cumplida del pistoletazo inicial y turno de los californianos Kowloon Walled City. Una banda desconocida para servidor hasta pocos días antes de asistir al concierto previa investigación. No estuvo mal las cuatro canciones contadas que les presencié. Especialmente disfrutable el ritmo machacón y denso del cierre con The Pressure Keeps Me Alive, quizás por ser la más acorde sónicamente a los parámetros de las otras dos bandas del cartel. Mientras se iba caldeando el ambiente con la llegada de más peña metalera, recordemos que apenas habían pasado las siete de la tarde cuando ya habían finiquitado su actuación el cuarteto de San Francisco,  pude presenciar alguna que otra cara familiar como la de Jorge García de Adrift que no quiso perderse tampoco la ocasión y que ciertamiente tan bien hubiese encajado presentando su brutal nuevo Pure con el resto de compinches de Adrift.

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A YOB ya les pudimos ver el año pasado, en aquella ocasión su actuación fue en la pequeñita Sala Bóveda y con un setlist muy anclado en el magnífico Our Raw Heart. Menos lógica tenía a mis ojos ver que en esta gira apenas estaban pasando de puntillas con algún tema de un discazo que sólo tiene un año, y en el que no nos engañemos, todo es puro magro aprovechable. No fue la excepción su actuación el pasado Martes. Sólo cayó en mitad del set la compungida interpretación de Our Raw Heart con el arpegio introductorio fascinante de Scheidt mediante. Y pese a que su actuación fue solidísima me quedaba durante el transcurso esa inquina interior de estar mosca porque no estuviesen regalando interpretaciones de temas como Ablaze, The Screen o Original Face. A ver, The Lie that is Sin en su desarrollo inicial es muy buena apertura pero no es Ablaze. Atma fue el momento más visceral con un Scheidt transformado en ogro capaz de mutar su voz en varios momentos de manera acojonante pero todo quedó con sensación de que su actuación fue salvada por la campana cuando el propio cantante y guitarrista de Oregon fue interpelado de que aún quedaba tiempo de show para cerrar con al menos 1 o 2 temas. Fueron a la decisión de sólo uno, pero vaya uno. Cayó para regocijo de todos la Adrift in the Ocean que libra por libra podría decirse fue el momento más brillante de toda la velada, quizás en dura pugna con el propio cierre de Neurosis, pero ahí no hemos llegado aún. Sensación de menos a más en una actuación algo corta marcada por las pautas de tiempo pero repleta de grandes riffs y dosis de ese pellizco incondfundible que tienen majestuosas piezas como Adrift in the Ocean. Siempre grandes, siempre sólidos.

Tardaron un poco en montar todo el tinglado para que Neurosis pudiesen descargar sus dosis de ese culto y catecismo metálico que han sabido propagar como pocos en las últimas tres décadas. Su actuación fue la de una banda que tiene el culo pelado de dar grandes actuaciones pero te quedas con la sensación de que no pisaron el acelerador hasta abajo, una intuición que sobre todo tengo en el caso de un Scott Kelly que estuvo bastante más encorsetado y rígido que lo que le he visto en tantos vídeos en directo y leído de legendarias actuaciones de ellos en el pasado. Con su camiseta habitual raída de los Raiders su aspecto como clavaron el personal cercano a mi posición era bastante similar al del famoso alcalde comunista Sánchez Gordillo sin palestina. El movimiento y carisma ya lo pusieron en buena medida sobre todo ese Nacho Canut anfetamínico que es Noah Landis con sus vaivenes físicos de su teclado/sinte y la imponente presencia física de Steve Von Till, un colega que acongoja más en vivo que lo que transmite en foto.

En lo musical se basaron bastante en sus dos últimas obras publicadas de larga duración, con especial tino es A Shadow Memory y sobre todo en la dupla del Honor Found in Decay que tocaron: My Heart for Deliverance y la casi perfección de At The Well, un tema tan profundo como pocos puedes oír. Todavía resuena en mi interior ese efecto sintetizado tan espectacular del puente de la canción que es capaz de sacar un Noah Landis del que se hace difícil apartar la vista durante la actuación dado sus espasmos y coqueteos con su instrumento. Una verdadera pena que también no hubiesen rescatado esa maravilla que es We All Rage in Gold. Y es que, seguramente las decepciones que podemos contar la mayoría de asistentes son las relacionadas con la elección de temas, o más bien el no haber alargado más una actuación en la que hubiesen entrado como anillo al dedo canciones del calibre y la intensidad emocional de Belief, Times of Grace o The Eye of Every Storm. Por suerte todos podremos guardar los momentazos de inicio y final con dos temarrales de la vida como son A Sun that Never Sets y Stones From The Sky. La última incluyó ese habitual efecto de microcortes sonoros provocados por Landis que con toda la bola sónica que montaje entró en puro trance acabando por arrojar al foso incluso su teclado para enloquecimiento colectivo final durante el turno de aplausos a lo acontecido. Quizás no fue la actuación perfecta soñada que imaginaba, de hecho no la pondría en la categoría de evento místico como por ejemplo lo que viví allí mismo hace un par de años con Swans o lo presenciado a otros niveles con A Perfect Circle o Radiohead, y quizás yo hubiese intercambiado algún tema en detrimento de las canciones que sonaron del Given to the Rising pero la vida es como es. Se disfrutó y el poso que deja no es tan hondo como creía, pero su obra discográfica sigue siendo lo que es, algo a la altura solamente de los elegidos, los que marcan el sino de varias generaciones posteriores basadas en su credo y legado.

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