En las antípodas V

Por esta sección aparecerán artistas cuyas latitudes están distantes, o no. En cada capítulo viajarán desde las antípodas dos grupos para acabar encontrándose en el núcleo del universo sonoro. Y es que los polos opuestos se atraen. O eso dicen…

Rescato esta sección con la que en su momento trataba de cruzar conceptos entre bandas que en primera instancia pudieran diferenciarse entre ellas por algún motivo, no siendo siempre en lo puramente musical. Y lo hago como una manera de hilvanar dos discos recientemente editados de dos bandas que normalmente me suelen ofrecer alegrías, hablo de King Gizzard & The Lizard Wizard y de Thee Oh Sees. Me dirán ustedes con razón que no se encuentran ambas precisamente en las antípodas en lo sonoro, pero no menos cierto es que entre sus propias obras cada banda tienen discos que en algunos casos se parecen como un huevo a una castaña. Tomen como ejemplo sus dos nuevas obras. Sea como fuere, bajo este paraguas lo importante es que hoy hablamos de Infest The Rats’ Nest de los australianos y de Face Stabber de los norteamericanos. Tan lejos y tan cerca…

King Gizzard & The Lizard Wizard: Infest The Rats’ Nest

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Veníamos con el cuchillo entre los dientes con los adelantos y comentarios de Stu y secuaces referente al segundo de los discos del 2019 de King Gizzard & The Lizard Wizard. Musicalmente absolutamente en las antípodas en cuanto a tempo y construcción a lo ofrecido en Fishing for Fishies, trabajo a todas luces en mi mente inane y flácido al que pocas veces recurriré en el futuro, un hecho que desde el 2016 prácticamente sólo me pasó con el ejercicio jazzy que fue Sketches of Brunswick East. Más a saco Paco si cabe que en I’m in Your Mind Fuzz, Nonagon Infinity Murder of the Universe, amén de un viraje claro y nítido hacia tempos, afinaciones, sonoridades y melodías que mezclan el trash metal, y en general el metal de corte clasicote, y otras vertientes metaleras con riffs veloces como son el caso de la apertura Planet B casi sonando cual Motörhead. Ese doble bombo a lo Overkill es todavía más patente en Venusian 2 en la que incluso la voz de Stu busca el matiz de trazo grueso del malogrado bajista británico. La horda de haters que los ven como una amenaza al ecosistema acotado metalero los acusarán de masacrar sonidos clásicos de Judas Priest, la citada banda de Lemmy o los primeros Metallica. Yo en cambio veo que partiendo de una base clara de cómo quieren sonar anclada en esa época consiguen meter su manita y sonar a ellos mismos. ¿Acaso los efectos de sonido y acoples psicodélicos con el bajo de fondo de Mars For The Rich no suena 100% a los australianos? Una Mars For The Rich que es en su totalidad absolutamente inapelable.  Ídem  los punteos rápidos locos y psicotrópicos de Venusian 1 y 2 o al rollito de esa especie de escala anatólica de la pieza final del tracklist: Hell.

Más que indemnes igualmente salen del embate de sonar más pesados que nunca en Superbug, canción que los saca de la zona de confort al igual que hicieran con The Great Chain of Being de la zarzuela de marisco que era aquel disco de colofón del 2017 publicado sobre la campana, y que incluso los lleva a hacer un ejercicio de ejecución y resultado similar a la deliciosa I Walk for Miles que Dinosaur Jr. incluyeron en su último disco. Pesada, oscura y casi proto-doomy como ningún otro tema de los 9 temas que conforman un disco que se pasa tan rápido como cabalgan por momentos las baterías de Michael Cavanagh y Eric Moore. Decimoquinto, si no falla wikipedia, de una banda a la que se le puede criticar por muchos motivos pero no será por falta de reinvención o por perezosos. Su media de discos/año sigue yendo hacia arriba tras un 2018 de parón discográfico. Aprovechan aquí todo el minutaje sin meter nada de paja, y es que por ejemplo el tramo central es una auténtica delicia. Ese que abre la citada Superbug y que luego abre paso a la coreable Venusian 1 -de locos en pensar en cómo puede sonar en vivo con ese coro sílaba a sílaba de engorilamiento total y absoluto- a la que James Hetfield podría echarle el ojo y marcarse una epic cover sin desentonar en absoluto. No menos impactantes son los también tres minutitos de Perihelion rezumando clasicismo heavymetalero desde la letra hasta cada estrofa y ese estribillo que te taladra el hipotálamo.

Paradójico que en sólo unos meses la misma banda sea capaz de ofrecer versiones tan distintas, y ojo, que no creo que el endurecimiento en su sonido sea lo que hace a este disco mucho más disfrutable a servidor, sino un sentimiento de ir al grano y explorar otra vía más que al parece se les da también de puta madre. No dudo que de cara a sus próximos directos esto va a ser la traca, sólo por eso y por el buen rato que te saca sus escuchas ya merece estar entre los discos más recomendables de lo que llevamos de año. Un apriete de tuerca al camino que también tomaron los psicodélicos Wand en Golem, y con temazo tras temazo. Los majaras de las antípodas se van más a las antípodas y salen victoriosos en una odisea de temática apocalíptica/jeviata tan delirante como fascinante. Cómo no les vamos a querer…

Oh Sees: Face Stabber

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Café para muy cafeteros el nuevo disco de Oh Sees. A estas alturas de la carrera de John Dwyer y su principal banda sus seguidores deben estar curado de espantos. En esta casa siempre hemos estado muy atentos a todo cuanto ha ido editando este buen hombre y es que al final nunca nos ha defraudado, prueba de ello es que ha conseguido colar cada uno de los tres últimos años un disco dentro de mi Top Personal. Y quizás ahí radique uno de los primeros problemas que le puedo encontrar a este nuevo Face Stabber, vigésimosegundo disco de estudio ahí es nada, que en el cara cara con discos tan recientes como A Weird Exists, Orc y Smote Reverser se queda a la zaga. La hora y veinte minutazos de experimentación psicodélico/progresiva que se adueña durante gran parte de la obra tampoco ayuda a la hora de dejar esa impronta inmediata que pelotazos sónicos recientes como Overthrown y Animated Violence sí albergaban de sobras. Spoiler, quien quiera el vodoo garagero marca de la casa con Dwyer arreando coces, lengua fuera y ojos fuera de sus cuencas se tendrá que conformar con un par de aperitivos en la segunda mitad del disco: Gholü y Heart Worm. Ambas por debajo de los dos minutitos y en los que muestran esa vena de jarana de dus directos a la perfección. Igualmente reseñable ese particular y enajenado timbre del cantante. La completamente instrumental Face Stabber también arrea pero con menor contundencia y tempo. Sin embargo, los derroteros van por otro lado aquí. Ya de primeras cuando una especie de ruido que recuerda el que hacen esos patitos amarillo de plástico de juguetes al estrujarlos te da la bienvenida piensas que te vas a meter en una espiral de sonidos experimentales y que quizás se pierda algo el hilo tema a tema.

De esa primera parte más vanguardista y experimental se podrían destacar algunos momentos lúcidos de una exótica The Experimenter y por encima de todo lo demás la deliciosa psicodelia de cocción lenta en Snickersnee en la que un Dwyer certero nos recuerda que los políticos solamente nos cuentan mentiras con unos efectos de fondo sintetizados que desde el primer momento he hermanado a la monumental Flies Bump Against the Glass, si bien aquí no se alcanza el nivel de matrícula de honor del corte del Smote Reverser del pasado año unido a que la presencia vocal tiene aquí gran parte del protagonismo. El siguiente momento de desconexión conforma avanza el minutaje lo provoca Fu Xi y el casi cuarto de hora de jam en que se torna Scutum & Scorpius. Demasiado viaje drogatis para mis oídos. La juguetona Poisoned Stones con sus ruidicos nintendocore y esa especia de sintetización de marcar llamada elevan nuevamente el asunto algo y abren un tramo más disfrutable con cortes ostensiblementes más al grano. La dirección más directa de la recargada Psy-Ops Dispatch recuerda a lo excesos bien entendidos de Ty Segall, culminando con un final de lo más llamativo y combustible de todo el disco. El toquecillo vacilón del riff principal S.S.Luker´s Mom hace pensar en remontada pero no termina de explotar y se queda algo plana.

Hacia el final nos encontramos con mas brotes verdes graciasa la acelerada Together Tomorrow que parece una deconstrucción del patrón rítmico y melodía de Poisoned Stones como vuelta de hoja. En cambio los veinticinco minutos finales ya conocidos de Captain Loosely y la jammy Henchlock vuelven a dotar de esa pátina de experimentación tan acentuada que aquí ha venido a desarrollar Dwyer y que no termina de convencerme personalmente. Tal y como anunciaba al principio café para muy cafeteros. Nos gusta el café, sí,  pero hay que ser consecuentes con la ingesta de cafeína. Aquí Dwyer se excede con un disco al que cuesta mucho más entrar que sus últimos artefactos, algo provocado por un arranque y final de álbum que requiere paciencia y en el que la deconstrucción de patrones y estructuras en pos de mayor viaje artístico e improvisación le restan ese puntito reconocible garagero ragga-ragga que tanto disfrutamos. Si a los lagartos australianos les ha salido cara al lanzar la moneda al aire con el cambio estilístico, a los Oh Sees no podemos decir que sea cruz el lado que les haya tocado pero sí que no han entregado una obra con el gancho que nos han tenido acostumbrados últimamente.

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