Tool: Fear Inoculum

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Mientras comienzo a escribir esto, miro por la ventana desde el salón de casa y compruebo si hay señales que me alerten de si la tormenta anticipada ya ha llegado. Vislumbro alguna luz encendida en los coches que pasan alertando de la poca cantidad de luz, así como las ramas de los árboles bailan al son de las ráfagas cada vez más intensas de viento, señales inequívocas de que ya llega. Coartado todo el día por un fenómeno meteorológico elevado a la categoría de alerta naranja por unas horas. ¿Y por qué os cuento todo esto en una entradilla del ínclito nuevo disco de Tool? Pues porque precisamente la misma sensación de espera y desazón por la no llegada del fenómeno -en este caso musical- es la que tantos declarados fans hemos soportado durante 13 años en los que el nombre de Tool ha sido carne de meme, trolleos inducidos por los propios miembros hasta definitivamente zanjar la cuestión con la publicación de Fear Inoculum el pasado Viernes 30 de Agosto. Acontecimiento del que no sólo hemos estado pendientes sus seguidores, sino la comunidad progresiva, metal, rock y casi por extensión musical. Y al que a poco le gusten las guitarras distorsionadas y el metal en cualquiera de sus variantes como mínimo habrá mirado de reojo al igual que se hace cuando pasas ante un accidente de carretera, ni que sea por el morbo y por prender mechas entre los talifanes defensores a muerte de cada paso de la banda californiana. Mucho preámbulo para hablar de la chicha sí, pero ni Tool son una banda normal ni las circunstancias de la creación y publicación de Fear Inoculum lo son. Si a todo esto le sumas que los tengo entre el olimpo de mis bandas favoritas y que cada vez que he escrito sobre ellos “ha subido el pan” y el contador virtual de visitas de esta casa, pues a tomárselo con calma que no todos los días se hace review a una obra tan esperada.

No me extrenderé sobre la filtración anticipada casi una semana antes de la salida del álbum más allá de que volvíamos a aquella situación de búsqueda de canales “alegales” para encontrar el veneno que inocularnos con fecha prematura a la prevista. Curioso que una vez disponible el archivo en una calidad más que notable hasta mi propio PC se quedase atorado por momentos cual representación del estado de ansiedad de su dueño. En lo estrictamente musical mucha tela por cortar si se tiene en cuenta el minutaje de la versión completa deluxe nos vamos hasta la hora y veintiséis de nueva música de Tool. El cénit en cuanto a duración en su carrera si bien lo suyo nunca bajó de la hora en ninguno de sus LP´s pasados. ¿Motivo para la celebración? Pues sí y no. Sí porque a priori el dejar espacio a la cocción profunda de largos temas con desarrollos progresivos marca de la casa es algo que a mí personalmente me encanta y no tan bien debido a que parte de la suma la componen temas menores/interludios que en el conjunto no aportan ni ayudan al flujo adecuado en el tracklist. Está ahí uno de mis primeros argumentos a lanzar para no entender demasiado la inclusión de esos cortes y su sitio en el álbum. No es novedad, lo sabemos, de hecho se acercan bastante a lo random de aquel cierre de Lateralus con Faaip De Oiad. Chocolate Chip Trip y Mockingbeat entiendo que responden únicamente a espacio otorgado al cacharreo de Danny Carey y Adam Jones más que a ninguna idea concreta de fondo o peso sobre el concepto musical del álbum.

Por suerte, nos encontramos con todo el magro concentrado en 6 canciones. Para algunos dicho número es una rémora, yo no lo veo tan así. La veda se abre con el conocido tema homónimo cuya parte de desenlace y esa estrofa cual llamada al rezo por parte del líder Maynard a sus fieles que arranca con “Forfeit All control…” eleva mi sensación sobre todos los minutos anteriores. Quizás se queda un poco a medias en el remate que te pide el cuerpo cuando Danny Carey se pone serio con los redobles ultrarápidos. No obstante a destacar el punteo final de Jones y el recurso conocido del frenazo tras la estámpida. Con Pneuma en su primera escucha sentí que era el tema que esperaba y deseaba de Tool en 2019, es decir, calma tensa y con esos patrones rítmicos que van y vienen en oleadas cual boomerang y Maynard en un tono espiritual con un color vocal similar a lo mostrado con A Perfect Circle el año pasado. Se podría decir que se cumple de sobras todo eso, aunque el pellizco de la interpretación de nuestro calvorota favorito no esté a la altura de lo publicado en 2018, y en cambio hay partes en las que los casi 12 minutos no evolucionan y ascienden como me hubiese gustado. La omnipresencia del bajo de Chancellor en la mezcla ya ni hace falta citarse, siendo un elemento tan característico del sonido Tool. El tramo con las percusiones tribales y el sinte de fondo es auténticamente de o lo amas o lo odias y el groove final del riff de Jones y solaco final deja con la sensación de que cuando pisan el pedal hasta el fondo nos tienen en su mano comiendo. La outro de la canción es canela fina.

Conocíamos también previamente Invincible y Descending de las grabaciones en sus directos y de haberlas vivido en primera persona en Praga y con ellas y las escuchas ha ocurrido que en sus versiones de estudio las posiciones justo al revés de la percepción personal que tenías tras haberlas conocido en directo. Si en su momento era Descending era a la que le hacía ojitos, ahora Invincible es la niña de mis ojos y puedo decir que es la que más escuchas lleva de todas cuantas conforman el conjunto. ¿Es en realidad el mejor tema del álbum? Si no es así al menos es el que mejor compuesto en cuanto a dirección, recursos usados, intepretación y magia se refiere. Y es que pese a esa crítica recurrente a la producción excesivamente limpia y cerebral de la obra me parece que Invincible es casi imposible de mejorar en ningún aspecto. El bajo zigzagueante de Chancellor tejiéndose alrededor del riff principal de Jones es de una cantidad de quilates que no sé yo si hay muchas bandas capaces de sacar adelante. Cambios constantes de rimos, el patrón, la espiral, la creación de tensión y el clímax. Todos los elementos de temarrales de la vida pasados presentes. Y precisamente no puedo parar de pensar en el riff principal de Jambi cuando el señor Adam Jones se aisla en el minuto 8 con una mutación que es hermana de la citada gran canción del 10.000 Days. Por poner una sola pega ese tramo siguiente vocal procesado de Maynard sobre el sinte rollo sci-fi lo cojo únicamente con pinzas. Después la pérdida de la consciencia y el levitar como siempre ha ocurrido con Tool con la excelencia absoluta de una sección rítmica única y Adam Jones en una interpretación prodigiosa. En la estrofa final escuchamos ciertos recursos de fraseos también reconocibles del pasado del cantante.

Con Descending podemos confirmar en su mayor grado que este disco deja con el regusto de que Maynard James Keenan es en el que su figura menos se eleva y más secundaria y a rebufo de lo demás va. ¿Cuántos minutos del disco su voz no se oye? No los he contabilizado -ya lo hará alguien con más tiempo que servidor a buen seguro- pero la prueba máxima apunta a Descending  y su tramo instrumental de casi 7 minutazos. La exhibición de Adam Jones solo se me empaña un poco por el primer tramo de slides con una producción bluesy-sureña que no me convence en absoluto, algo que en directo no me chirriaba para nada aquí me deja un poco con sabor agridulce. El posterior crescendo en primera instancia con la percusión eléctrónica y bajo marcando la pauta es la gloria, y qué decir del probablemente momento de guitarra más excelso de todos los firmados por Jones para volvernos a elevarnos al firmamento y abrirnos las puertas del paraíso el gong de Carey.

Algo que la mayoría de detractores del disco esgrimen, y esgrimirán, es el hecho de la utilización de una buena plétora de recursos ya conocidos de sus anteriores discos, algo totalmente esperable por otra parte cuando se trata de una banda con una identidad más marcada en su música de las últimas tres décadas. Intentan salirse un poco de la norma en una canción como Culling Voices con su aire misterioso  y cierta línea intrigante de guitarra de Jones. Uno de los cortes más sosegados de los norteamericanos que se recuerdan. Loable el intento de desarrollar melodías en otros aspectos pero el tema es de lo que menos me aporta. La intepretación de Maynard es cumplidora y de hecho es el tema en el que más peso parece tener su voz, pero simplemente no me eriza la piel ni en la primera ni en las sucesivas escuchas. La parte final in crescendo se hace algo repetitiva con otros pasajes de anteriores temas y el arranque metálico final no mejora mis sensación de tema menor. Finalmente, cuando todos estábamos esperando un tema más directo para cerrar, Tool vuelve a tomar la senda más larga para ganarnos con el tema puramente más largo de toda su carrera discográfica -omitiremos Disgustipated de Undertow como canción al uso- y que argumentalmente podría libra por libra luchar por se el mejor tema de todo el disco. Sin lugar a dudas el único del conjunto en el que la banda mira hacia su pasado más visceral de la era Undertow. 7empest con ese siete intrigante que anuncia que se abre la veda para especulaciones y teorías alrededor del citado número y su relación con el álbum es desde ya el mejor tema de cierre de disco que ha publicado Tool ever. Entiéndase esto sin meter la parida de Mockingbeat de la edición extendida. Sí, a día de hoy ya la meto por delante de Third Eye. Cuarto de hora regalándonos muchos momentos que justifican nuestro amor incondicional por la banda. Mejor no entrar a diseccionarla con palabras y dejar que fluya y saquen vuestras propias conclusiones con las escuchas. Profundidad extrema y una de las mejores canciones que podrían incluir en sus repertorios en directo.

Si hubiese que concluir con una nota o resumen sobre Fear Inoculum, diría que pese a su duración es un disco que se deja escuchas bastante bien de un tirón si exluimos los tres interludios extras y que en su tramo central es donde destapa el tarro de las esencias para rematar con la guinda final. Los momentos y picos de Pneuma, pero sobre todo Invincible, Descending y 7empest acreditarían nivel sobresaliente, pero por contra hay otros tramos menos novedosos, rompedores, espectaculares e incluso se le puede acusar de faltarle en algún que otro pasaje menos pulido. Quizás todo esto responda a ese sobreanálisis y perfeccionismo extremo especialmente de Danny Carey y Adam Jones y que siguen enervando a un Maynard a juzgar por sus declaraciones de que el disco ya hubiera podido lanzarse hace 8 años sin haber estado muy por debajo musicalmente. Nunca sabremos eso, pero lo que sí es totalmente cierto es que el camino que lleva a la cima Tool siempre está repleto de baches, curvas y contratiempos. Esperemos que con su resolución contractual arreglen sus archiconocidos problemas judiciales y se dediquen en plenitud a lo que mejor se les da: componer y tocar música.

Miro nuevamente por la ventana, dos días más tarde de haber arrancado la odisea que es esta larguísima pieza de unas contadas al milímetro 2.000 palabras, veo cierto sosiego y calma y no puedo evitar acordarme de esa última frase en bucle cantada por Maynard:

A tempest must be just that

 

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