Informe Musical Semanal al amparo de cuatro paredes y un techo

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Consulto esa herramienta global que es Google Maps y verifico que son 350 metros los que separan la celebérrima Comisaría de Vía Laietana, zona zero de las caóticas imágenes que todos estaréis viendo esta semana, y el número 1 de cierta calle de la zona de Sant Pere donde servidor ha morado durante año y medio, desde donde escribía hasta hace apenas una meses las mismas líneas que ahora leen. 100 metros clavados con respecto de la confluencia de Plaza Urquinaona con Fontanella y la citada Vía Laietana donde durante un par de noches parecía posarse el apocalipsis para una ciudad que muchos auguraban a morir de éxito por el problema de la gentrificación. Uno que nunca fue hombre de fe, si acaso más bien de ciencia y arte, poco o nada entiende de lo que lleva sucediendo en la ciudad de Barcelona durante toda una semana aciaga. Se mire por donde se mire la problemática ha tomado carices tan oscuros como los restos sobre el pavimento “herido” que transitaba en cierta intersección del Eixample este mismo mediodía. Los ojos bien abiertos, y pendiente de unas noticias que en ningún caso portan nuevas con las que ver luz al final del túnel. Los pesimistas de cuna como yo pregonamos que lo peor del temporal está por llegar y que mientras todos y cada unos sigamos alimentando nuestro sesgo de opinión, algo de lo que soy testigo a diario con aquellas personas para las que su mundo, su verdad, y por extensión lo que claman con rotundidad como verdad absoluta se reduce a lo que da de sí su timeline de Twitter y los grupos con transfondo de política de medio pelo de Whatsapp en los que invierten su tiempo. Y así, mientras todo Cristo siga practicando un comunal y masivo ejercicio de timón holandés en el que reafirmar sus postulados cual mandamiento, la realidad nos irá dando de bruces ya sea mediante un porrazo o un adoquín caído del cielo. Molaba más cuando uno escuchaba las incendiarias letras de Dennis Lyxzén o Zack de la Rocha y se creía todopoderoso durante unos minutos en el cuarto. A día de hoy, me da repelús enchufarme temas como Know Your Enemy y Protest Song’68 vaya a ser que me enfunde en cualquier trapo de colores – para el caso me da lo mismo uno, otro o el de más allá- y me invada el espíritu de la libertad de los instintos más primitivos del ser humano. Aunque pensándolo bien, tras haberme vaciado enérgicamente en dos noches consecutivas con Sleep y King Gizzard & The Lizard Wizard creo que mejor me quedaré al amaparo de éstas cuatro paredes y techo.

Sleep: Sala Apolo 18/10/19

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El repóker de fechas en directo esta semana hubiese llegado si me hubiese tirado adelante para visitar la Rocksound entre semana y ver a Alain Johannes, Inter Arma y Ecstatic Vision. Especialmente doloroso el autodescartarme del segundo de los nombres, pero no ayudaba que una celebrara 30 palazos ese día y que poco antes había tenido en 4 días a bien asistir a 26 conciertos en el AMFest. Sin embargo, desde hacía meses había entrada para reencontrarse con Matt Pike, Al Cisneros y Jason Roeder en la Apolo. Hace 2 años barrieron sobre las tablas del Primavera Sound y no fue menos lo que hicieron durante hora y treintacinco minutos anteayer. Antes amenizaron la espera los psicodélicos y espaciales Lucy in Blue. Los de Islandia presentaron más de un tema de su nuevo elepé In Flight y sonaron algo descafeinados para lo que esperaba el personal después. Reverb a tope de su guitarrista y cantante y sobre todo llamativo un hiperactivo teclista y corista, Arnaldur Ingi Jónsson, con pintas de duendecillo/hobbit intrigante. Más allá de eso buenas atmósferas, Hammond mediante, y algún tema de lisergia psicodélica que en otro entorno y circunstancias hubiesen entrada algo mejor.

Con la típica locución interminable de introducción por fin saltaron a las tablas el trío norteamericano. Y a partir de ahí cuesta abajo en un concierto no apto para quien sufra de cervicales. Hubo quien me dijo que en la zona de Pike de la sala, lado derecho donde mismamente vi el concierto, no se oía demasiado la voz de Cisneros pero no me lo pareció incluso con los tapones puestos. Jefazos desde el arranque con Marijuanaut´s Theme y el rugido de los Orange de Pike a escasos metros. Lo pétreo de Holy Mountain provocó una catarsis colectiva de headbanging inevitable en uno de los mejores momentos de todo el concierto. Más feliz que una perdiz de que estén tocando ese temazo que es The Clarity que supuso la vuelta al candelero de la banda de culto. Pike haciendonos babear con la raja de su culo asomando y su bartola meciendo sus Gibson. Cisneros en su mundo en el otro extremo con su Rickenbacker 4003AC y Roeder con esas baquetas largas cual palo de varear. El final enlazando la envolvente Leagues Beneath, la más radiable guitar hero mode on The Botanist y el riff supercoreado de Dragonaut para cerrar fue de traca. En lo puramente musical al top absoluto de los conciertos del año. Sleep nunca fallan.

King Gizzard & The Lizard Wizard: Sala Razzmatazz 19/10/19

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A juzgar por el ambiente de la previa en la zona de los alrededores de Metro Marina ya se aventuraba que habría mucha gente congregada para ver a los australianos King Gizzard. Pude pillar media actuación de las aussies Stonefield sin poder sacar prácticamente ninguna conclusión al respecto. A lo siguientes, también paiasanos australianos, ORB que sí les tenía tomada la matrícula los disfruté algo más. En términos generales me falto algo de punch en cuanto a volumen para elevar las guitarras y quizás el momento que más me levantaron el ánimo fue con Reflection de inicio con ese redoble de batería que es casi un calco de Good Times Bad Times de Lez Zeppelin.

Lo de King Gizzard & The Lizard Wizard se recordará durante mucho tiempo en una actuación en la que desde el minuto 0 el público estuvo dentrísimo. Un pogo y algarabía continua con el acelerado inicio enlazando los únicos momentos de su ramalazo trasher de 2019 con la muy Motörhead Venusian 2, las más vacilona Mars For The Rich salatando a muerte bien lololos de fondo y nuevamente el doble bombo a pasear en el despelote que es Planet B. Ahí quedó esa parte de un repertorio en el que luego fueron picoteando enlazando de seguido temas sobre todo de Polygonwanaland y Nonagon Infinity. Del primero destacar la gigantesca Crumbling Castle y de mi favorito del 2016 cómo encararon la tripleta inicial en bucle enajenado absolutamente de dicho álbum. Absolutamente zarandeados y asfaltados por una banda que cada vez más apunta a ser la punta de lanza real de toda una generación que se resiste y sigue aún creyendo en las múltiples dimensiones del rock de guitarras.

Consulto el setlist y no encuentro momentos que juraría que escuché en alguno de los tramos de medleys que intercalaron como esas intentonas de reventarnos del todo con Altered Me I del infravalorado Murder of the Universe y Rattlesnake de “la banana”. Aunque quizás lo soñé. Cuando aún había tiempo para seguir intercalando temas de su amplísimo catálogo decidieron tomarse su propia fiesta de despedida de tour europeo con la ayuda de sus compis de gira de Stonefield y ORB y darles literalmente sus intrumentos y ellos aprovechar para hacer el cafre y disfrutar cual gorrino en lodazal, derramando birras y agua al público, tirándose al público y crowdsurfing, o despelotándose como hizo el bueno de Stu que se quedó en calzoncillos como podréis ver si buscáis por los mundos del señor de Internet e inmortalizar todo en móvil y vídeo para su perfil en RRSS. Y obviamente sin parar de sonar la música con una versión extendida de esa gema escondida pretérita más directa que es Head On/Pill. El concierto más divertido en un buen tiempo. Quien los siga viendo como unos impostores o un hype no sabe lo que se pierde. Imposible no querer a estos majaras. La pura expresión de la celebración del vivir, macho.

We Lost The Sea: Triumph & Disaster

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Y para acabar no se me ocurre manera más poética que hacerlo con uno de los mejores discos de este 2019 de post-rock/metal. Con un título que casa extraordinariamente con la película dramática que estamos viviendo en Barcelona. Y para redondear el círculo vienen de Australia. We Lost The Sea se han superado con un disco en el que huyen de la parte más edulcorada del post-rock, algo que sólo tocan aquí en cortes como Distant Shores como en fragmentos como A Beautiful Collapse que pese a su arranque a lo Explosions in The Sky se transforma en una oda guitarrera con lo mejor de Mogwai. Esa belleza de la destrucción que tantos parecen que encuentrar estos días para hacerse sus selfies para la posteridad y granjearse así miles de likes. Más aguerridos y épicos suenan en la perfección de Towers con una batería superpoderosa de Nathaniel D’Ugo en la mezcla que ha hecho Greg Norman en los Electrical Audio de Steve Albini. Quince minutos de épica absoluta que me recuerdan a lo mejor de Long Distance Calling y que suponen continuar el guión de aquella excepcional Bogatyri contenida en su álbum anterior. Tampoco va mal de fuerza y músculo la más Russian Circles The Last Sun. Capaz de empezar con una disonancia y acoples reverberados deliciosos durante dos minutos y medio y después evolucionar hacia terrenos más calmos propios de los siderales MONO, aunque con cierto robo algo descarado de sus habituales redobles marciales de batería y arpegios de Taka en alguna parte demasiado evidente. ¿Estamos ante el mejor disco de instrumental post-rockero del año? Así lo creo fervientemente y lo digo en un año en el que lo de MONO no ha sido precisamente obra menor.

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