Informe Musical Semanal y el timón holandés

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En esta semana me ha llamado especialmente la atención las reacciones ante cierto artículo musical publicado por el periodista -y polemista a partes iguales en RRSS- Víctor Lenore. El caso es que Lenore usaba como hilo conductor el último disco de León Benavente, insulso en su parecer -algo de lo que no puedo opinar al no haberlo escuchado- para hurgar en la herida de la escena “independiente” nacional que pobla festivales pero con tan poca sustancia de base. Y ciertamente, más allá de apoyarse en según qué recursos para encender al personal -algo propio de esta era de los clicks en medios digitales- debo admitir en que estoy de acuerdo en los síntomas de la enfermedad y en cómo se ha extendido ese virus de música en la mayoría de casos bastante vacía de contenido. La reflexión aquí sin embargo no es acerca del estado de la nación indie, sino la consecuencia directa en Twitter de gente indignadísima con el periodista con el único motivo de no estar de acuerdo con lo desarrollado por Lenore, y por extensión con las citas a Nando Cruz. Tremendas pataletas por el simple hecho de estar leyendo algo que no le gusta oír a cierto personal. Y es que esto resume la triste realidad extendida a todos los ámbitos que ejemplifica una sociedad que parece querer vivir en la burbuja sesgada de un timeline de Twitter en el que sólo le “masturban” con las cosas que previamente les gusta y vivir en un ejercicio infinito de timón holandés con sus seguidores y fieles sin mirar más allá. Vamos, que ningún ápice de crítica, de salirse del tiesto ni de mirar más allá del muro. Mucho de eso se puede también confirmar en la realidad ficticia política que muchos extraen de leer cuatro mensajitos de 100 carácteres de peña que tiene el mismo carné de afiliación mental que el lector. En definitiva, poca mano izquierda, poco atisbo de abrirse a otros que piensan diferente y mucho de autocomplaciencia prescrita por uno mismo día tras día. Y mientras tanto yo aquí de Domingo leyéndome el especial de la década de Rockdelux que precisamente no entra en lo que sería mi patrón o línea editorial…

Godspeed You!Black Emperor: Sala Apolo 14/11/19

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Se ha acostumbrado uno a hacer un poco de autocrítica cuando valora los conciertos a los que asiste en base a qué temas han sonado, y sobre todo cuáles se han quedado fuera, de manera que evite servidor la frustración inevitable del “no tocaron aquella canción tan buena del segundo disco…”. Y en estas, habría que decir que precisamente los de Quebec GY!BE no metieron en su repertorio del pasado Jueves muchos de los temas que más me gustan de su repertorio. A saber: Mladic, Storm, Static, etc… Y sin embargo sus 100 minutos de actuación son de los que demuestran sus estatus de culto, y de los que sales con la sensación de que en la escena post- instrumental difícilmente encuentres shows a la altura de esta banda. Con los dedos de una mano podría enumerar a Mogwai y a MONO en ese tier. Antes de que barrieran en la Apolo pudimos sumergirnos brevemente en la sesión ambiental/drone/melódica de Light Conductor sin poder sacar demasiadas conclusiones al respecto.

Empezó el concierto con el violín de Sophie Trudeau y el contrabajo de Thierry Amar abrazando Hope Drone para justo después enlazar la perfección melódica in crescendo de las tres partes de Bosses Hang de su último largo Luciferian Towers. Inmersión absoluta en ese contraste de luces con 8 músicos dando toda un lección magistral musical de cómo hacer mucho con poco y con mucho. Especialmente reseñables esas proyecciones preciosas lanzadas vía aparato analógico de película colocado en la habitual zona de cabina de DJ de la parte superior de la Sala y usada en las noches de Nitsa Club. Dejaron como es costumbre en su caso rarezas como son Glacier y Cliff, con una contundencia especialmente reseñable en la primera interpretada en un bucle rítmico del que es imposible escapar y la segunda con unas proyecciones de aviones cayendo en picado en blanco y negro exquisitas con ese riff algo destartalado que vertebra el tema. La dosis de épica melódica de final climático la pusieron el final de Anthem for No State Part. III y sobre todo el colofón con BBF III que supo a gloria una vez se apagan esa característica locución de entrevista y comienza esa danza entre las tres guitarras, dos bajos y batería y percusión epatante. Uno de los clímax absolutos y cumbres en directo de lo asistido en 2019. Ese visual de apoyo con magma y fuego emanando de la tierra le va como anillo al dedo al tema. Los grandes reyes del post-rock de este milenio citados antes todos me han deslumbrado con sus directos, veremos a ver si en Febrero unos cada día menos impactantes Explosions In The Sky están a esa altura en tres meses.

Thrice: Sala Apolo 2 16/11/19

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Los nervios de las últimas horas me habían hecho autoconvecerme que era buena idea atentar contra mi promesa de no ojear los setlists previos al concierto de Barcelona de Thrice. Y así, pues horas antes de irme de camino a la Sala Apolo- un recinto que concentró en las mismas horas por coincidencia a bandas a los que tanto amor he procesado en los últimos tiempos como son Leprous, The Ocean y los protagonistas de la noche Thrice- me dediqué a reescuchar multitud de temas que sonarían en vivo más tarde. Cómo si no hubiese sido suficiente tantos años de escuchar obras que me han marcado musicalmente, discos que me acompañarán siempre como son Vheissu o The Alchemy Index. Ambiente de gala en la “pequeña” de Apolo para 15 años que se dicen pronto sin ver a la banda californiana en la ciudad condal. Con paso como headliner y set completo, como debe ser. Antes que ellos y intentando coger las mejores posiciones posibles ante una sala aborratada que se quedó pequeña -paradójico que el concierto de la grande de Leprous y The Ocean fuese más barato que el programado en el piso de abajo- fue el turno del punk feminista e incendiario de Petrol Girls. Quizás no era el mejor maridaje con la música más introspectiva y eleaborada de Thrice pero se ganaron bastantes aplausos del respetable, quizás más en los demasiado extensos paralamentos combativos de su cantante Ren Aldridge que con el repertorio en sí.

Pero allí estábamos a otra cosa, muchas caras conocidas habituales de la esceno underground de Barcelona e incluso cantantes y miembros de grupos como los de Trees Will Tell, Cobra, Desakato o Amplify poniendo de manifiesto la influencia de una banda de culto sobre espectros musicales bastante variopintos. Y durante la hora y media de actuación de Dustin Kensrue y compañía el extasis absoluto. Quizás suena a tópico y a frase reciclada de agradecimiento en cada fecha pero sólo hay que leer el mensaje de agradecimiento en Twitter de la banda ensalzando un público que nos entregamos al máximo anoche para pensar en la magia de lo vivido. No recordaba una entrega de corear canciones de la banda desde actuaciones como las de Touché Amoré o IDLES.

Primera parte del concierto espectacular rememorando viejos clásicos imborrables como la coreada puño en alto Image of the Invisible y una Silhouette vertiginosa que dejó momentos de mosh brutales en los que duré poco más de ese tema por razones de un físico qu da para lo que da. Intercalaron algún respiro como la prreciosista Just Breathe de su último disco pero no hubo tregua en un tramo en el que rescataron del Alchemy volumen de fuego la rabiosa The Arsonist con su mensaje revolucionario que muchos enlazarían con cierta situación cercana. Brutal como siempre un Teppei Teranishi, enfundado en camiseta de Messi por cierto, que se sacó la chorra en los momentos que usó el tapping tanto en mi favorita Of Dust and Nations como en probalemente el momento más brillante de la noche por su parte en The Earth Will Shake hacia el final de la actuación. Una de las canciones definitivas por parte de la banda sin lugar a dudas.

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Entre medias hubo tiempo de su versión de rock más directo y angulosa de Yellow Belly y Hurricane, la más melódica de In Exile y The Window o la más combustible y juvenil con Stare at The Sun gritada a todo lo que daban las cuerdas vocales colectivamente o The Artist In The Ambulance del mismo disco y etapa pasada. Gente emocionada saltando, otras yendo como locos al pogo delantero y otras cantando con casi lagrimas en los ojos. Verdaderamente algo inolvidable después de tantos años de espera. Hubo un bis final con la recuperación de su primer gran hit, Deadbolt, y la emotividad extrema de su última canción del Palms: Beyond The Pines. Ojalá no tengamos que esperar otros 15 años para que hagan parada por nuestra tierra con un tour propio, la magia que desprenden juntos los hermanos Breckenridge, Teppei Teranishi y Dustin Kensrue cuando tocan es simplemente incomparable. La espinita de haber visto a una de las bandas de mi vida ya ha salido y ahora sólo quiero más noches como las de ayer. Una hora y media de comunión total y de volver a creer en la nostalgia del pasado, el poder del presente y de la música. Muy grandes. I will meet you there, beyond the pines…

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