TOP 25 Discos 2019 (I): 25-21

La imagen ganadora del certamen es del fotógrafo chino Yongqing Bao, titulada El momento, y capta el instante en el que una marmota del Himalaya acababa de salir de la hibernación y es sorprendida por una zorra tibetana con tres cachorros hambrientos que alimentar.

Diciembre y su listita recopilataria de mejores discos del año que cierra. Cuidemos las tradiciones. Se lo dice uno que ya se está hartando en apenas las primeras horas de Diciembre a mantecados bombón El Patriarca. Y como no estamos muy por la labor de justificaciones adicionales de los discos seleccionados, prefiero meter la cuñita aquí del puñetazo al hígado que ha sido ver los nominados al Premio Ruido 2019 de mejor álbum publicado por banda/artista nacional. Curioso comprobar que el jurado que vota nominados y ganadores, la asociación PAM Periodistas Asociados de Música, tenga un sesgo tan marcado estilísticamente hablando cuando en las bases del propio Premio se cita literalmente como objetivo “ofrecer al público una visión global de los mejores discos editados en España, independientemente del estilo musical y género al que corresponda”. Joder, para proclamar aperturismo me parece que les ha quedado una lista algo monoestilística en cuanto al pop indie de festivales nacional se refiere. No entro a valorar a los artistas nominados ya que más allá de Derby Motoreta Burrito Kachimba -que se quedan a las puertas de mi TOP 25- Fuerza Nueva, Cala Vento y Los Punsetes no he oído ningún material más. Y claro, uno que tropieza demasiadas veces en la misma piedra quiere creer que hay luz y que se le irá dando paso a otras tendencias, al underground más profundo que en pleno siglo XXI debe haber equilibrado la partida de exposición mediática con la supuesta democratización de las RRSS e Internet, pero se ve que no. Dado que parece que todavía a cierto sector periodístico musical les cuesta salir del sota, caballo y rey imperante, este año mezclo en la misma lista algunos nombres nacionales que no verán en muchos TOP de fin de año pero que bien hubiesen merecido un esfuerzo por quien sigue alimentando las mismas barrigas de casi siempre.

25- Motorpsycho: The Crucible

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El trío noruego Motorpsycho es uno de esos nombres que pese a una dilatadísima carrera y referencias en varias décadas no han adquirido el estatus de grandeza que otros nombres propios del progresivo de los últimos años. Para reafirmar esto sólo hay que ver el estatus que han alcanzado Opeth o la carrera de Steven Wilson. Quizás su base rock, desvaríos que miran al jazz y otros arreglos los convierten más en una banda del progresivo clásico que el que ha bebido con éxito de un inicio metálico. The Crucible con sus únicas tres canciones ponen de manifiesto la grandeza de Snah Ryan a las seis cuerdas y el timbre sosegado de Bent Sæther. Con un barroquismo que les acerca a ratos a Foxygen y con una composición central como Lux Aeterna donde comprimen al máximo una especie de jam distorsionada loca que es una auténtica delicia que da paso a un solo de un pellizco pluscuamperfecto por el que mataría el bueno de “Miguelito” Mikael Åkerfeldt por meter en el también bastante reseñable In Cauda Venenum. Las mucho más rockera y clásica Psychotzar  bebe del octanaje en el gran recital que dieron hace dos años en The Tower. El aroma a la década de Yes y Genesis también sobrevuela la composición más larga que da cierre a la trifecta. Durante casi veintiún minutos los nórdicos dan rienda suelta a una introducción a modo suerte de rock instrumental espacial de trazo finísimo para ir encajando patrones rítmicos diversos, cambios a tonos más ocuros y arreglos estilísticos bellísimos más folkies sin que nada suene a cliché demodé de otra época y con tufo a naftalina. Un disco que debería gustar a tantos que reverencian lo magno de Spiritualized como a quienes disfrutan de la libertad desnuda de convencionalismos de cualquier intersección con el género progresivo. Sabiendo lo prolíficos que son, el único pecado de Motorpsycho aquí es haberse quedado en unos escasos cuarenta minutos que dejan con la sensación de que mucho más pudiera haber entrado en un elepé cuya aventura se antoja algo corta cuando lo estás pasando tan bien.

24- Red Eye: Tales from the Days of Yore

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Como nos hemos quedado un poco tristones con la noticia del periodo de hibernación de las humaredas de nuestros amados Sleep, viajamos unos cuantos meses atrás hasta comienzos de años para rescatar unos de los mejores discos de stoner/doom que he escuchado en un año que no me ha dado tantas alegrías en ese apartado musical. Y la alegría es doble al saber que se trata de una banda que debuta y viene desde la megalítica y molletística Antequera. Tremenda ensalada de riffs es lo que contiene la carta de presentación del cuarteto RED EYE. Seis canciones en las que el espíritu distorsionado de Tony Iommi y los guitarrazos pétreos de Matt Pike encuentran su momento en temas tan redondos como Encounter, Azathoth o Hall of the Slain. Encounter, la más larga y completa del conjunto, evoca ese sabor ahumado y solos de guitarras arrastrados que tanto nos gusta saborear a base de headbanging apesadumbrado y cochino. También tienen a bien los malagueños incrustar algún espacio tenebroso en transiciones como es el caso hacia la mitad de BHC y Azathoth en la que hay algún retazo a ocultismo minimalista. El crujido de ampli al 11 se hace presente durante  las seis canciones y cuarenta y siete minutos con unos guitarrazos por cortesía de Antonio Campos y Pablo Terol. El olor a válvulas quemadas deja paso puntualmente a algún ramalazo psicodélico más sosegado en Yagé que quizás es la nota discordante en cuanto a la línea más pétrea que sigue todo el conjunto. La dureza de las piedras del Torcal presente en unos riffs que te secuestran y te dejan molido de arriba a abajo. Reclamando el cetro del género patrio – a mi modo de ver lo mejor publicado aquí con varios cuerpos de distancia a otros discos interesantes de combos como Hela, Double Horse o Mano de Piedra- con apenas un disco en el que dejan suficientes motivos como para creer que este cuarteto tiene más recorrido que los que dicen su par de miles de escuchas en las plataformas de streaming. Sirva este alegato para que alguien les dé su voto de confianza y se deje peinar para atrás con la música de estos andaluces.

 

23- Glassing: Spotted Horse

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No es la primera vez, y probablemente no sea la última, que los directos de Audiotree me ponen sobre la pista de alguna banda emergente que intersecte con cruces bastardos entre subgéneros que bordean el metal y el hardcore. Así ha sido el caso con el que he llegado hasta el nuevo artefacto caótico de los norteamericanos Glassing. Algo les dan a los tejanos -más allá de disgrustos mis Dallas Cowboys- para que en poco tiempo bandas como Glassing o los también hipercabreados y musculosos Portrayal of Guilt cuyo EP también llevaba alguna papeleta de entrar en el TOP 25 hayan lanzado sonoros guantazos de un post-harcore gritado vía screamo pero con multitud de recursos más propios del metal. El uso de la batería en ambos casos es impecable, y aquí con un Jason Camacho que lo mismo sea apacigua que suelta un blast-beat negruzco que te pilla a contrapié. El ejemplo de Sleeper del trabajo a las baquetas da prueba de ello por ejemplo. Arrancan el trío impecablemente con la épica del tema más largo y más compacto When You Stare donde ya se les ve esa querencia que confiesan por lo cinemático de los paisajes épicos del post-rock de unos This Will Destroy You. En ese sentido es toda una disonancia exquisita insertar a mitad del tracklist los ecos shoegaze goes metal de Coven y A Good Death donde me evocan las mismas sensaciones que el año pasado me ocurría con ciertos temas de Cult Leader o los paisajes brumosos de BIG BRAVE.  Las melodías que dibujan las guitarras de Cory Brim en Sleeper, en la angulosa Lobe y en la certera Follow Through albergan suficientes motivos como para haberme enganchado a los claroscuros de una obra que ha acabado superando en dicho apartado a trabajos como el de Wear Your Wounds. Encantado con la intensidad bien entendida de un disco que en casi ningún momento cruza la línea de intenso a intensito, y eso amigos, ya es mucho en mi mente cuando se trata de géneros como el post-harcore, mathcore, screamo y afines. Bien por Glassing que se cascan un disco la mar de visceral y potente. Mención especial a una portada que pese a su simpleza me hipnotiza a nivel cromático y de diseño.

22- Soen: Lotus

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En 2017 con un fantástico Lykaia, pura orfebrería melódica progresiva, parecía que Soen al fin habían encontrado su propio hueco dentro de la poblada escena progresiva de este Siglo XXI. No han tardado ni dos años para darle continuación y aprovechar su buen momento de forma tal y como comprobamos este año en directo en la Salamandra. Con Lotus vuelven a destilar elegancia y dar buena muestra de que en los medios tiempos han encontrado su hábitat natural si bien también tienen cabida los riffs progresivos más canónicos. No arranca precisamente Lotus reposado, sino que en Opponent, Lascivious y la efectista Martyrs hay una buena dosis de momentos de guitarras con el groove propio de los también escandinavos Pain of Salvation o Leprous- vengo a referirme a los Leprous previos al olvidable Pitfalls obivamente- y con el toque distintivo del privilegiado timbre vocal de Joel Ekelöf. El énfasis en construir atmósferas y texturas más melódicas, senda continuista a Lykaia, tiene su contrapunto en momentos más aguerridos como el final de Covenant, el esporádico uso del doble bombo de la completísima Rival –hija nacida con los mismos rasgos que aquella Kuraman del Tellurian-o el espectacular sincopado final de Penance en el que la batería del bueno de Martin Lopez toma el mando para incitar al headbanging. A Soen en un principio se les acusaba abiertamente de intentar masacrar algunos patrones de Tool y asemejarse por el tono vocal de su cantante pero con el paso de los discos han conseguido no solo quitarse de encima el estigma de ir a rebufo del totem norteamericano sino construir una carrera algo más orientadahacia un rock progresivo que pese a tener cierta dosis de posibilidades dentro de un mainstream bien entendido contiene la suficiente profundidad compositiva y de interpretación  para rara vez quedarse a medias. Continuación magnífica a un bellísimo Lykaia que ponía el listón muy alto y que pese al cambio en la posición de lead guitar no ha afectado a la química de las canciones de los suecos. A mí me ganan con esos teclados y el puente de Martyrs o cona la línea juguetona y estribillo casi popero de Lunacy. Llamadme blandengue, lo merezco y a mucha honra.

21- DIIV: Deceiver

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Habiendo metido doble ración de progresivo, otra de doom/stoner y algo de post-harcore muchos estarán esperando mi habitual disquito outsider de electrónica, ambient aislado del año pero no -los de Thom Yorke y Floating Points me han molado eso sí- o mi habitual retahila de bonanzas del instrumental, pero para eso habrá tiempo, tranquilos. Ahora toca shoegaze de toma pan y moja de la mano de DIIV. La banda y su preciosísimo tratado de admirable guitarras distorsionadas y edulcoradas melodías es lo mejor que podrán enchufarse de este género en 2019. La lisergia dulce que transmiten su cara más dream como en Like Before You Were Born mira por encima del hombro a muchos compañeros de generación. Cuando las guitarras ganan más cuerpos como en For The Guilty o en la línea oscura de bajo de Blankership vemos todo el potencial del cuarteto de Brooklin probablemente coronandose por encima de su anterior Is the Is Are del 2016. Manjenado el tempo como hacen en cortes largos como el cierre Acheron en un lamento musical que bien podría reflejar los demonios internos del frontman Zachary Cole Smith y sus luchas para vencer sus problemas con la heroína. Un tono melancólico y unas guitarras que crujen en su justa medida que hace babear en 2019 a quien se pirra por My Bloody Valentine como headliner de algún festival patrio o para quien simplemente guste de la emotividad contenida en golosinas cortitas y al pie como For The Guilty. En un año en el que ha habido lanzamientos de favoritos de mi rincón emotivo del otro lado del charco como son American Football y Pedro The Lion es finalmente DIIV quien se ha ganado mayores respetos y escuchas en mi espacio musical vital. Un disco cálido en el que refugiarse cuando el frío arrecie.

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