TOP 25 Discos 2019 (III): 15-11

Mono band Japan guitar

En los albores del pasado puente de Diciembre leía la interesante reflexión publicada en El Periódico y firmada por el reputado Jordi Bianciotto en la que exponía la realidad del peso preponderante en las cimas del mainstream de artistas en solitario y cómo han desbancado a las grandes bandas en el imaginario colectivo de grandes estrellas de arena y headliners de festivales. Más allá de buscar las razones detrás de este giro entre luchas de poder imaginarias sí que es innegable que únicamente hay que mirar las cifras de los principales servicios de streaming o los cabezas de cartel que pasarán por nuestra península la próxima primavera/verano para saber fácilmente que los grandes cachés y sobrexposición se lo ganan artistas solitarios del pop y ritmos urbanos yankis en su gran mayoría con el permiso de esa tendencia latina que todo lo inunda. Y como que Twitter es el rincón preferido para las polémicas y debates estériles y vacuos pocos días después hemos sido testigos de peña echando espumarajos digitales en una absurda e imaginativa comparativa entre Bad Gyal y AC/DC e incluso Mozart. Cómo para no tener ganas de aislarse del mundo y vivir en el individualismo y burbuja más absoluta en lo que a lo musical se refiere al menos. Y yo tarareando las coñetas renovadas del disco nuevo de Camellos de cara a este mismo Viernes en la Sidecar…

15- The Moth Gatherer: Esoteric Oppression

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En cualquier entradilla de estos posts recopilatorios de fin de año podría haber insertado mi perorata del regreso para quedarse del post-metal cuando todos los daban por muerto. Seguramente esa chapa os la habré dado o daré en cualquier otro contexto pero claramente al menos tengo que admitir que en este 2019 me he reconciliado con ese subgénero con el que me llegó el amor hacia los Neurosis, ISIS y Cult Of Luna y de ahí todo lo demás. Grandes discos que podrían haber tenido slot en esta selección y no están son los de los griegos Their Methlab, los alemanes Codeia y A Secret Revealed, los daneses Cartographs. En el otro lado del charco hablaríamos de Russian Circles y en lo doméstico a destacar El Altar del Holocausto, Kaleikia y Syberia. Lo cierto que uno de los primeros discos que más me ha marcado y acompañado del género es el tercer larga duración de los suecos The Moth Gatherer. Consagrados tras un disco y EP publicados en 2015 y 2016 respectivamente han conseguido alinear las múltiples piezas de esos arreglos siderales de sus paisanos y amigos Cult of Luna- Magnus Lindberg de Cult of Luna firma de hecho la masterización del álbum- y conseguir la cuadratura del círculo sobre todo en un arranque de disco formidable. El primer tema de este Esoteric Oppression, The Drone Kingdom es una apertura progresiva inmejorable. Un tema que incluye el contrapunto vocal femenino con cierta dosis enigmática de Messy Mathi. Más potente en la onda de The Ocean/Cult of Luna son los ocho minutos mayúsculos de Motionless In Oceania. Todo un viaje en ascensión con gran trabajo de producción y de unas guitarras contundentes y vertiginosas. Esas capas de guitarras superpuestas a los arreglos sintetizados siguen su curso en la distópica PL-C17-18-00803 – Utopia o en la saturación instrumental en The Failure Design. Que la sombra del tremendo tótem paisano sobrevuela en la música de esta banda es algo que huelga destacarse, sin embargo más allá de arquear la ceja al discurrir por lugares con un denominador común encuentro que The Moth Gatherer consiguen abrirse paso en tan habitada escena.

 

14- Mgła: Age of Excuse

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Ya os veo con el AK-47 apuntándome por entrar en la nazi-friendly zone. Pues sí, pero vamos que aquí hemos venido a juzgar los 42 minutos de nueva música firmada por los polacos M y Darkside. Que sí, que las sensabilidades están resentidas por la escena de la Sala Caracol de este pasado finde pero es imposible no ignorar el magisterio en lo suyo artísticamente de una banda que en esta meloblack de nueva ola van varios pasos por delante de compañeros. Eso por no hablar de que uno queda absorto al ver a Darkside trabajando baquetas, parches y cymbals. Ni confirmo ni desmiento que en algún momento de aburrimiento máximo me enchufe vídeos en drum cam del tiparraco como el que se casca highlights de Messi sin vernir a cuento por el único placer de ver a un privilegiado entre nosotros los seres humanos comunes. Cabría empezar subrayando que es probable que Age of Excuse ande un escaloncito por debajo de Exercises In Futility en cuanto a inspiración compositiva, aunque en cuanto a ejecución e interpretación resulta difícil ponerle alguna pega. Imposible escapar de los tentáculos y brillo de la batería cuando el citado bataca trabaja los platos como lo hace en el primer tema. Unos minutos finales con un trabajo a las baquetas que remiten a lo mejor de la insuperable Exercises in Futility V. Su compi y polemista, el señor Mikołaj “M.” Żentara, alcanza cotas altísimas en la caústica y dolorosa Age of Excuse III. Esos rugidos y esa miseria arrastrada cuando canta “Ersatz revolt Ersatz rebellion” junto con un trémolo demencial conforman uno de los momentos más inspirados de todo el disco. Con un tono descaradamente más melódico arranca la siguiente Age of Excuse V que otorga cierta dosis de originalidad en la introducción y en el desarrollo posterior. Para el final la joya que es la última pista, nueve minutazos de absoluta lección instrumental al alcance de casi nadie. El fluir de los riffs acompañado de un bastante minusvalorado trabajo vocal de M te lleva en volandas hacia una bella oscuridad. Vuelven ahí a aparecer como en las grandes ocasiones los redobles rapidísimos en la percusión. De Polonia al mundo, algo que se ha hecho habitual en los últimos 10 años en el metal. Imposible quedarse únicamente con toda la mierda que les rodea.

 

13- MONO: Nowhere Now Here

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El primer disco de impacto internacional del 2019. Y quizás ya el amor fluía desde finales de un 2018 en el que mis japoneses favoritos ya habían compartido temas en directo en aquella edición del AMFest y publicado un adelanto tan incendiario y brutal como After You Comes the Blood. ¿Mejor canción del año?. Ahí ahí está el asunto. Abrumados ya de antemano y con un tremendo hype sí, pero es que MONO han conseguido hilvanar la mejor colección de canciones que han publicado de su década discográfica. Coincidencia que encuentren la fórmula 10 años después de aquella maravilla sensorialmente inigualable que fue Hymn to the Inmortal Wind. MONO no inventan la rueda ni descubren el fuego en la confección de Nowhere Now Here sino que por contrario se entregan por completo a desarrollar los múltiples recursos que ya les conocemos de lejos: esos redobles de batería cual ritmo marcial en pos del crescendo, los contrastes en pocos minutos entre los arpegios limpios de Taka Goto y el clímax distorsionado final, lo intrínsecamente cinemático de los arreglos orquestales e instrumentación, lo cinemático y serpenteante de ciertos patrones, etc… La queja de que sus anteriores discos publicados esta década pecaban de contener uno o máxime dos temas excepcionales y mucho de piloto automático y paja ahora se ve borrada de un plumazo al exprimir MONO casi cada minuto del nuevo tracklist. Amén del ya comentado single, vertebran fundamentalmente la obra son las más largos: Nowhere, Now Here, Sorrow y Meet Us Where The Night Ends. Hay momentos de belleza, de la víscera grabada en analógico por Albini y algún que otro desenlace fulminante como el de Meet Us Where The Night Ends. El pellizco de siempre en el que apenas chirría el momento cantado de Tamaki Kunishi en la algo insulsa Breathe y en Vanishing, Vanishing Maybe. Los reyes de la sutileza instrumental y de la explosión catártica coronándose en el terreno de juego desde el cuál han labrado la colección de canciones post-rock más sólidas en una playlist de su catálogo reciente. Los putos amos. Nada más que añadir.

 

12- We Lost The Sea: Triumph & Disaster

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Y casi de manera análoga a cómo he descrito con MONO surgió el flechazo con el cuarto disco de We Lost The Sea. En el caso del combo australiano el amor a primera vista surgió con el corte de adelanto que abre su Triumph & Disaster. El cuarto de hora de Towers pasa por ser el el decálogo del buen hacér del post-rock/metal más épico. Apertura en una primer movimiento más contundente de unos tres minutos y medio que posteriormente sabe adornar y embellecerse con unos pianos omnipresentes a lo largo de los mejores momentos del disco por cortesía de Mathew Kelly. El trabajo tenso del núcleo de tres guitarras en las capas superpuestas no sólo tiene su momento brillante en el excitante épico tema sino que consiguen darle continuidad a aquel gran tema del anterior disco llamado Bogatyri y redondear crescendos excepcionales tan bien tejidos como en Parting Ways donde consiguen adelantar por la izquierda a toda velocidad a toda la languidez random que últimamente han ofrecido en este terreno Explosions In The Sky. Absténgase dicho de paso los que en las estructuras arquetípicas del subgénero acaben empachados, ya que el disco sigue ese mismo patrón de desarrollos up-and-down tantas veces oídos pero parido con un tino sublime. El cambio de tempo y remate más cercano al post-metal melódico de Toundra con el músculo de la batería superpoderosa de Nathaniel D’Ugo, las guitarras cinemáticas y el cuerpo de ese bajo tan en la cara a la Mogwai de A Beautiful Collapse y el tono apocalíptico saturado del inicio de The Last Sun son muestras del potencial de una banda que una vez asentada en el sonido instrumental ha conseguido entregar un trabajo a la altura de todos los nombres referenciados anteriormente. Se le perdonan algún pecado menor cuando entran en terrenos más calmos, lánguidos y edulcorados como en la prescindible Distant Shores. Definitivamente el mejor y más completo disco de post-rock que he escuchado en todo 2019. El sexteto de Sydney desde ya uno de los nombres a bancar para que pasen por nuestra tierra en 2020. En el dunk! ya les han echado el lazo, ojalá por aquí hagan lo mismo.

 

11- Híbrido: I

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Resulta tremendamente paradójico que pese a los escasos 100 kilómetros que separan mi localidad natal y la Algeciras de los componentes de Híbrido haya sido con mucha más distancia de por medio cuando haya podido meterme de lleno en el universo de los múltiples e interesantes fregados musicales en los que se han sumergido esta peña en los últimos tiempos. A Atavismo, del que forman parte Poti y Sandri, los habrá visto un mínimo de tres veces ya en la ciudad condal y a los propios Híbrido los pude disfrutar presentando de cabo a rabo el magnífico trabajo de debut publicado a principios de 2019. Con los currículums y trayectorias de Zoa Rubio, José Ángel Océano, Poti y Sandri Pow pues se sabía que habría matices psicodélicos y progresivos presentes. Pero también hay mucho más que eso. En cinco canciones son capaces de mostrar una plétora de recursos a disposición de pocos. Los dos últimos minutos de Pensando En Un Eco De Instinto Interior con el riff armónico doblado y en escalada celestial son sin ninguna duda el primer momento en el que te zarandean y comienzan a mostrar lo que atesoran en apenas cinco canciones pero de una profundidad abismal. En canciones como Escarlata tienen un ramalazo psych-heavy, registro al que evolucionan volando hacia cotas espaciales donde confluyen momentos de los que Stephen McBean de Black Mountain estaría contentos de componer. El encomiable solo final es de erección. La guinda al pastel del en mi opinión segundo mejor elepé nacional la ponen Les Pilules Vertes y Ente. Ambas por encima de los diez minutos, ambas enrevesadas a ratos y ambas con una cantidad de matices, registros y rincones por descubrir infinitos. Trabaja de guitarras de Zoa y José Ángel de matrícula y derroche de reminiscencias pasando por el marsvoltiano final de Les Pilules Vertes y el cruce al lado blacker con la ayuda de la voz de Jorge de Adrift en la hipnótica y pluscuamperfecta Ente. Continua exploración y apertura de nuevas vías, viaje lisérgico con el resplandor del sol del SUr del Sur cegándonos. Se quedan fuera del un Top 10 que hubiesen merecido. Unos músicos en estado de gracia que merecen todo lo que les llegue de bueno.

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