Explosions in the Sky: Sala Barts 03/01/20

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De camino a la Sala Barts el Lunes pensaba en una hipotética jerarquía dentro del post-rock internacional y en concreto en el posicionamiento en la misma de la banda tejana Explosions in the Sky. Una banda para servidor inédita en directo al no haberles pillado en su último paso por la ciudad condal allá por el 2016 dentro del Primavera Sound- concierto que por cierto recuerdo haber visto en la frialdad y distancia del streaming oficial de aquella edición con bastantes ganas- presentando un a menudo denostado por mí último trabajo de estudio de larga duración como The Wilderness al que la perspectiva del tiempo quizás no deja en tan mal lugar. El caso es que siempre he tenido a la banda norteamericana tan afiliada a esa ola post-rockera de corriente más épica de primer lustro de la pasada década como una banda menos original e impactante que quizás una trinidad conformada en mi mente por los más longevos Mogwai y Godspeed You! Black Emperor y mis queridos MONO. Y la verdad es que tampoco es culpa de Explosions in the Sky que toda una caterva de bandas rozando el tributo a sus mandamientos musicales hayan proliferado para mal de cierto sonido más edulcorado del subgénero. La tontería de escalafones se me quitó tan pronto llegué a los aledaños de la Sala situada en la Avenida del Paral·lel y vislumbré una buena cola rodeando el edificio y el autobusaco de gira allí aparcado. El primer concierto del año venía a saldar dudas y resolver resquemores internos.

Una Barts llena que daba que pensar si un recinto de mayores dimensiones tipo Razz o Apolo grande no hubiese sido mejor escenario. Se dio la bienvenida al quinteto en directo- cuarteto como banda- sin prolegómenos de artista invitado telonero y fue momento para que activasen sus mecanismos conocidos y patrones de sube-bajas para celebrar una carrera que hacía 20 años. Tras el macarrónico castellano -traducción mediante del nombre de la banda- de Munaf Rayani empezaron con una A Song for Our Fathers de su lejano debut que siempre va a más. Posteriormente enlazaron la más larga The Birth and Death of the Day con ese final en el que ya se notaría esa ecualización en la mezcla quizás excesivamente alta de la caja de la batería de Chris Hrasky en sus habituales redobles y ritmos marciales épicos y una Yasmin the Light que pese a estar entre mis favoritas de la banda me supo a poco. Andaba un poco frío el ambiente con un público especialmente respetuoso con la ocasión y quizás contagiado de una iluminación escénica algo austera jugando sólo con el contraste cromático cuando por fin se caldeó el asunto con un tramo de concierto que fue probablemente el que hizo justicia a las expectativas depositadas. Greet Death del Those Who Tell the Truth Shall Die, Those Who Tell the Truth Shall Live Forever con esa marea de guitarras y escala armónica tan característica fue uno de los highlights absolutos de la noche. No menos impactante fue el regreso a las raíces del pasado con una Magic Hours que en directo eclipsó cualquier idea que tuviese de ella para mejorarla infinitamente.

Catastrophe and the Cure es un temazo y sonó pulcramente con esas baterías que tanto peso tienen durante gran parte de la canción. Otro momento de lagrimita, ciertamente. El contrapunto de Desintegration Anxiety -muy aplaudida por lo que he de pensar que había mucha parroquia seguidora reciente- quizás como tema introductorio del bolo tendría más sentido que en mitad del setlist. Perfectamente entretejidas esas líneas de guitarras sutiles y complejas a la vez de una canción muy superior a la otra elegida del anterior álbum, Colours in Space, de lo más prescindible dentro del repertorio. Wilderness o Logic of a Dream me hubiesen parecido mejores selecciones.

En la parte final las explosiones emotivas y catárticas esperadas de la mano de Your Hand in Mine y la brutal The Only Moment We Were Alone respectivamente incluidas en el aclamado The Earth is Not a Cold Dead Place. Difícil no venirse arriba especialmente con el colofón perfecto que es la última citada que durante sus 10 minutos contiene todos los elementos que auparon a una banda que no ha sabido escalar quizás cota tan alta de inspiración como ascendieron con dicho tema. Resumiendo y por poner alguna pega de vinagre al inicio de directos de 2020 podría decir que el público en algún momento pecó en los típicos parones de tempo o paradinhas, como en The Only Moment We Were Alone– de romper el clímax con aplausos que se anticipaban al final real de la canción y por parte de la banda no se entiende mucho que no metieran algún tema del Take Care, Take Care, Take Care para cerrar el círculo coral de repaso de carrera.  Al final, la sensación de que todo lo que podía pensar de antemano se cumplió tras verles: son una banda más que solvente en directo y con unos temas que si te pillan con el día tonto te sacan a paseo algún lagrimón, reafirman en mi interior su grandeza sin llegar al olimpo de los más grandes del género en mi opinión y acabo entendiendo como leía en Twitter poco después de acabar el concierto Explosions in the sky o cómo hacer del mundo un sitio mejor. Pues sí, la verdad es que mi episodio para con ellos de haterismo estaba fundado en prejuicios de un último sabor amargo por su disco más reciente y por el acribillamiento de su sonido por tantas y tantas bandas influenciadas por su música, y si no cotejen cuántas bandas tienen referencias incluso en su propio nombre a la banda de Austin. Ciertamente, no hacen daño a nadie y hay que quererles.

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