TOP 25 Discos 2020 (III): 15-11

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Más allá de lo fútil del habitual repaso de final de año de artistas que nos dejan de los medios musicales, este año además podría decirse que con la que está cayendo y con la perversión de las cifras de fallecidos que hemos llegado a interiorizar, no parece muy acertado acordarnos de nombres puntuales que han muerto por más que sus carreras hayan hecho méritos para el ejercicio de memoria/homenaje. Con tanta gráfica, recuento de muertos e índices a uno se le quita el ánimo de alabar las bondades de las bandas sonoras de Ennio Morricone. Lo que no ha muerto pese a los continuos augurios de cantos de cisne es el rock y el metal y si ha algo ha provocado los confinamientos es el “empujar” a artistas a darle a la sesera y a componer material que tener listo en breve para no perder el momentum cortado por la suspensión y paralización de tours. Me viene a la mente el caso de Cult of Luna que habiendo publicado disco en 2019 ya están adelantando música para un EP a publicarse este invierno. La vida no para y por eso hay que continuar empujando la rueda cual hamsters. Y como prueba de ello es que de esta otra tanda de cinco discazos de este 2020 tres de ellos son óperas primas de nuevas bandas. La vida siempre se abre paso.

15- All Them Witches: Nothing as the Ideal

All Them Witches - Nothing as the Ideal | Science of Noise - Rock Magazine

La propuesta de All Them Witches siempre ha contenido elementos progresivos y psicodélicos con algún guitarrazo contenido de corte stoner y también ramalazos de aires más sureños folclóricos. El anterior disco ATW a pesar de contener temas destacables como Fishbelly 86 Onions1st vs. 2nd Diamond no terminó de convencerme globalmente tanto como en anteriores momentos de su carrera. En cierta manera, a la banda liderada por Charles Michael Parks Jr. Y Ben McLeod podríamos emparentarla musicalmente a unos Elder algo más lisérgicos, bizarros en cierto modo y sin tanta preponderancia de guitarrazos y solacos distorsionados. Afortunadamente su sexto trabajo, Nothing as the Ideal, recupera cierta pulsión más Stoner, vertiente en la que a mi modo de ver más brillan y realzan los temas. El disco empieza notablemente con una Saturnine & Iron Jaw en la que la dupla citada de Charles Michael Parks Jr y Ben McLeod se desmelenan en cierta forma, cimentando una canción apoyadísima en un riff machacón que sustenta todo el tema e incluso añadiendo algún arrebato a nivel de arreglo que bien firmaría Josh Homme para Queens of the Stone Age. Con esas bazas también se presenta una Enemy of My Enemy que mejora por mucho lo que esperábamos de Elder en 2020 y que no han terminado de darnos los de Boston. En ese mismo corte sónico hay otros temas como una 41 que es una auténtica apisonadora con otro riffaco y una línea de bajo hipnótica. Sin lugar a dudas de lo mejor del disco y uno de los temazos del 2020. Lights Out es otro cañón de trazo grueso de stoner con solos que no desentonan en absoluto. Mas pausada son The Children of Coyote Woman– emparentada en el tiempo con aquella The Marriage of Coyote Woman– y la casi interlúdica Everest. Los dos temas más largos del disco son See you Next Fail y Rats in Ruin situándose ambos por encima de los nueve minutos. En la primera juegan la carta psicodélica descaradamente en la conjunción de guitarras en un desarrollo tenso que explota finalmente con otro gran solo de guitarra. El cierre descaradamente épico de Rats in Ruin no es del todo de mi agrado y su efectismo de medio tempo es llo único que no me encaja con el resto de la identidad del disco y le baja algo de nota al global. Una obra que gustará a amantes fronterizos de bastantes subgéneros como el stoner, el garage, el rock clásico, la americana, e incluso el progresivo más psych. Aplausos.

14- Ramper: Nuestros mejores deseos

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La de ramper es una de esas pequeñitas historias que -desgraciadamente- quedarán opacadas por los grandes nombres de lo alternativo nacional/internacional en la mayoría de listas de los medios tochos y que sin embargo gente de bien os dará -daremos- la matraca para que os sumerjáis en su disco debut. Seis canciones son las que forman un alegato de capas y mareas evocadoras en su mayor medida a un shoegaze tan a ratos minimalista y cuidado como atrevido por momentos. Y me refiero a la osadía del que nada tiene que perder -ni se debe a intereses- en alusión directa a esa desconcertante introducción desarrollada durante cuatro minutos del primer corte en donde vientos metálicos se funden con una batería jazzy en un tono casi amenazante para luego dar entrada a la voz vaporosa y envolvente de Álvaro Romero. Digno de unos Godspeed You! Black Emperor de los que me acuerdo en más de una ocasión. La atmósfera aparentemente lánguida deja paso a una melodía deliciosa de guitarra notable a lo Slowdive. Pánico en las calles me hace disfrutar con una sublimación de la conjunción de lo etéreo y el buen hacer de dejar respirar al tema y la catarsis emocional controlada de las guitarras de Ángel Oreste y Álvaro ganando volumen conforme lo va pidiendo la canción. Difícil dominar dicho arte de sobresalir en el paso lento y finiquitar con una distorsión y disonancia más propia de géneros que abrazan al metal. Esos ramalazos más afilados predominan en Amalola donde los ecos de trompetas y redobles retrotraen a aquel disco de 2011 de *Shels y un poco también al aire de las bandas de la Andalucía cofrade como nota folclórica indirecta. En Oxígeno por su crudeza y peso de la sección rítmica, amén de esas voces ahogadas dobladas, son los inigualables Lisabö en quienes pienso. Palabras mayores pero que dan fe del nivel. Un trabajo denso y con bastante gusto por arreglos, especialmente de viento, que transciende en lo que a originalidad de una propuesta con una identidad desbordante para una banda joven y novel que tira la puerta abajo desde Granada. Mejor disco en castellano de 2020 y punto.

13- Sweven: The Eternal Resonance

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El death metal melódico escandinavo del nuevo proyecto de Robert Andersson, ex- Morbus Chron, ha sido otras de las tremendas sopresas en clave metal “bonito” de este 2020. Su disco The Eternal Resonance rezuma esos sollozos ahogados -en ocasiones casi de vocalidad ronca- con una envolvente musical melódica trabajadísima en un disco que crece y crece desde a primera escucha. La intro instrumental The Spark con esa escala juguetona desenchufada es todo un disclaimer para quienes busquen otra concepción del death metal más extrema.   Los primeros compases del single Mycelia sin ser del todo representativos de la obra globalmente son de una punción y perfección absoluta y los habré oído varias docenas de veces esta temporada. Me gusta que en la mezcla del habitual Magnus Lindberg (Cult of Luna) el bajo tengo sus momentos de presencia imponente acercandose a los Blood Incantation más proggies y benevolentes que campeonaron en 2019. También de aquellos primeros Opeth hay aquí reminiscencias. Sin embargo, con la citada Mycelia mi cerebro activa automáticamente la conexión con el cercano Down Below de Tribulation. Influencias suecas de death melódico que brillan en el buildup final de SolemnRetreat – ojito al tramo preciosista que también bebe de Peaceville Records- y en la consutrucción más musculosa de de Visceral Blight. Esa especie de virtuosismo bien más luminoso que se cuela puntualmente en Solemn Retreat también está contenido en el solo de The Sole Importance. No menos importancia tienen en el álbum tanto el inicio como el final. The Spark  es orfebrería instrumental al alcance de los elegidos.  Esos ramalazos y vertiente progresiva más limpia en Sanctum Sanctorum tienen su mejor exponente en un ejercicio prácticamente instrumental si no fuese por los ecos de rezos en latín que definen un disco calmo, de tono apesadumbrado y solemnidad acongojante. Robert Andersson ha publicado que el disco es casi una obra DIY en la que él ha parido prácticamente todo por lo que toca ovacionarle por un colosal trabajo con el que debería obtener parabienes y atención necesarios para darle continuidad a un proyecto del que deseamos más en el futuro.

12- Ikarass: Relapse Into Desolation

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Un disco que se titula recaída en la desolación difícilmente podía condensar mejor el estado emocional global que en mayor o menor medida todos hemos sentido en este 2020 en su nombre.  Sin embargo, no me cabe duda de que más allá de lo anecdótico, este trabajo de presentación de la banda vizcaína Ikarass se alzaría imponente en cualquier contexto. Absolutamente anonadado ante un muestrario en cinco canciones del mejor post metal y sludge que he podido oír no sólo aquí sino en toda Europa en los últimos años. Un hecho que viniendo tras el colosal Pure de Adrift apunta más brotes verdes en esta dirección en cuanto a obras paridas al sur de los Pirienos. El quinteto se muestra en gran cantidad de momentos a caballo entre la faceta menos proggie de The Ocean y el punch de todo unos Cult of LunaDesde Guided by Greed queda patente la fortaleza de un conjunto en el que cabe destacar la desgarradora interpretación vocal de su cantante Imanol. Capaces de emular la potencia de patrón machacón propia del género y cuajar durante doce minutos una canción por la que los belgas Amenra se hipotecarían. No menos interesante son los desarrollos instrumentales. La maravilla de introducción de BloodHeaven en la que el bajo de Unai te atraviesa a lo Russian Circles para luego dotar de cierta épica post-metalera convierte otro tema en sobresaliente. Más sinuosa y pausada arranca Descend con unas melodías que subliminalmente acaban por quedarse en tu cerebro. Aunque la labor de escoger una canción entre el tracklist sea ardua es quizás ésta donde la cantidad de matices compositivos toca techo. Colosal exhibición en la angulosidad en mareas de las guitarras y el tino en las transiciones hacia los pasajes más lúgubres como el ominoso cierre. En el tema homónimo se colegian en hacerte sentir lo mismo que los admirados Cult of Luna, y eso son palabras mayores para una banda nueva en el panorama. En la final Deception todavía queda tiempo para constatar alguna querencia por un paso aletargado doom ciertamente siniestro y apetecible. Para servidor el mejor nacional de 2020.

11- Fluisteraars: Bloem

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El tándem black metal de tintes atmosféricos y portada “bonita” de entrada da alguna que otra pista sobre el contenido con tan solo vislumbrar el continente del disco de los neerlandeses Fluisteraars. Empero, huyendo de los clichés manidos del género y de la prosa habitual sobre discos como Bloem, lo que convierte el trabajo de Fluisteraars en brillante es la capacidad de ejecutar en apenas 35 minutos una obra dinámica de las que no te hartas de oír. En unos parámetros similares que sus paisanos Turia -con quienes han publicado Split en el pasado- y con un exquisito gusto para alternar los pasajes más post con los más black, Fluisteraars campeonan con dulces puñaladas como Nasleep – donde casi podrían colar por unos Mgla en versión en vivo sin Darkside a los parches- o la hiperépica Vlek que bien vale un imperio y alzarse entre el Olimpo de canciones de Metal del 2020. En los puentes con guitarras más bondadosa se puede señalar sin vergüenzas a Deafheaven sin que ello suponga ningún debe para con los holandeses, de hecho, el uso de arreglos en Vlek ya da prueba de que la ambición en cuanto a sonido y querencia por cierta épica es parte de la idea tras un Bloem que ahí lo borda. Tampoco habría de llevarse a engaños quienes no los haya oídos y es que las rendijas luminosas vienen de la mano en ciertos momentos de lo instrumental pero el registro de B. Mollema es 100% blacker sin salirse del growl un ápice. Es el cierre Maanruïne donde cuelan ecos de trompetas, guitarras acústicas y un coro que es 100% Alcest donde algo más vaporosos se vuelven. Pese a ello, la sensación que queda tras oír los 5 cortes del trabajo es que aquí hay talento para sobresalir y una evolución exponencial sobre la base más cruda de referencias anteriores que tienen más cariz de demo que de elepé de estudio. Les ha salido redondo.

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