TOP 25 Discos 2020 (V): 5-1

Últimos coletazos de este 2020 tan inolvidable -pese a nuestras ansias de dejarlo atrás y borrarlo de nuestras mentes cual mala pesadilla- y que pese a todo lo malo nos ha dejado una buena ristra de discos con los que sobrellevar de la mejor forma el transcurso de los días y noticias. Entrando en lo estrictamente analítico de la tanda que hoy toca, me he percatado que no hay ningún nombre proviniente de EEUU. Algo que no me había pasado en ninguna de las entregas de repaso anual que he publicado desde 2016 en este Blog. Es más, en el TOP 10 únicamente Izthmi representan al país de la bandera de las barras y las estrellas. No sé si es un reflejo de algo o simplemente una casualidad de que los discos que más me han gustado han sido de artistas alternativos no provenientes del mercado anglosajón preponderante, el caso es que al no ser lo normal pues ahí queda. Nos quedamos con la buena música de la que hemos tenido que disfrutar obligatoriamente este año en nuestros auriculares y altavoces sin poder gozarla en el hábitat que más nos gusta: en directo. Esperemos que 2021 depare buenas nuevas en múltiples frentes y nos vuelva a inocular el veneno de los conciertos como expresión máxima de la felicidad plena musical. Mientras tanto le daremos vueltas a estos discazos. Feliz Fin de Año y Año Nuevo. Enjoy!

5- Motorpsycho: The All Is One

Hace un año entraban justitos al TOP 25 los noruegos Motorpsycho con un The Crucible que era un más que digno sucesor del también fantabuloso The Tower de 2017. La trilogía se cierra de manera más que brillante con un The All Is One que ha excedido cualquier posible expectativa sobre el trío comandado por Snah Ryan. Es todo un logro que treinta años después la longeva banda consigan seguir siendo tan relevantes y significativos dentro de su espectro musical tanto para un oyente casual que se acerque a este The All Is One como para su parroquia más fiel, la cual me consta es bastante leal. Aquí ahora se coronan con un trabajo profundo en minutaje y cortes con una majestuosa composición coral que alcanza momentos brillantísimos. Ya en la apertura de nombre homónimo al álbum sientan cátedra de cómo marcar el camino en un tema de casi nueve minutos. Esos aires zeppelinescos en las baterías in crescendo de la siguiente The Same Old Rock son de muchos quilates. Más directa y trabajada en arreglos orquestales es The Magpie con unos punteos de Snah Ryan del virtuosismo arrebatador que posee a las seis cuerdas. Y así en adelante te llevan de la mano en un disco que a pesar de su hora y ventipico minutos no se atraganta lo más mínimo. Hay momentos de folk más recogido acústico como en A Little Light o las algo más prescindibles The Dowser o Delusion. A destacar claramente esa pieza partida en cinco actos que es N.O.X. donde se vuelven más espaciales y psicodélicos con un viaje que ya de por sí hubiese dado para disco por duración, profundidad y calidad. Esos vientos e instrumentación de la primera parte, ese enajenado loop cuasi garagero a lo John Dwyer en Ouroboros (Stange Loop) con Snah sacandose la chorra en una de las mejores canciones del año, lo pinkfloydesco de Ascension, el bajo elevador de Night of Pan y esa reencarnación de las jams chaladas The Mars Volta en Circles Around The Sun, Pt.2. Discazo colosal con el que perderse y disfrutar de la grandeza musical en todo su esplendor.

4- Oranssi Pazuzu: Mestarin Kynsi

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Seguimos por los fríos países escandinavos si bien pegamos un volantazo sonoro. Desde la portada de tonos verdosos y óxidos de Mestarin Kynsi que casi uno se sumerge en el particular universo de los fineses Oranssi Pazuzu. En este quinto disco de estudio Oranssi Pazuzu han debido realizar un pacto con el mismísimo diablo para encontrar el balance perfecto entre psicodelia-experimentación-aura extraterrestre suprasensorial y black metal con el que seguir deleitándonos. En Mestarin kynsi hacen otro leve ajuste en el scroll entre crudeza blacker y experimentación hacia este último sin que nada se resienta excesivamente con respecto de obras anteriores. El protagonismo de esos loops que te fríen el cerebro de Ville “Evil” Leppilahti tienen más protagonismo aún que en los dos brillantes antecesores trabajos. En la inciática Ilmestys la fusión entre esa calma tensa y la voz amenzando de fondo Juho “Jun-His” Vanhanen parece querer augurar un aquelarre cósmico que se irá desarrolando durante el disco. La paz ácida y psicotrópica de Tyhjyyden sakramentti y los lamentos reverberizados de fondo te funden los sentidos completamente. Cuando encienden la trituradora cacofónica y se ponen en modo batalla en el tema, ya te han desbordado. Eso por no citar esa iteración boomerang electrónica final que te derrite el poco cerebro que te quede funcional a esas alturas del segundo tema con más minutaje del álbum. Para quienes busquen a unons Pazuzu más directos tendrán la crudeza, disonancia y saturación máxima de Taivaan portti. Canción que deja exhausto en un ejercicio de vigor máximo instrumental. La conocida Uusi teknokratia hubiera colado en Värarähtelijä sin mayor problema y es otro temarral de mucho cuidado. Sin embargo, es quizás Oikeamielesten sali, y su aire similar a al tema Värarähtelijä donde creo que alcanzan la perfección de esa pequeña vuelta de tuerca en la continuación/evolución del peculiar sonido instranferible de la banda. Tiran de unos arreglos de lo más “épico” que se les recuerda y salen victoriosos de otro episodio enajenado marca de la casa. Con Evil al nivel Hors Catégorie de Noah Landis cualquiera les tose. Y para muestra el botón del streaming del directo de Mayo de abajo.

3- Kaatayra: Toda História pela Frente

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Si ya es difícil sacar un disco tan jodidamente bueno como este Toda História pela Frente que literalmente no te acabas imagina pensar que el brasileño Caio Lemos aka Kaatayra también ha publicado en este 2020 el también reseñable Só Quem Viu o Relâmpago à Sua Direita Sabe que libra por libra hacía méritos para colarse en mi selección final. Nos es novedad que hablemos de proyectos de un único artista que ejecuta de cabo a rabo todas las labores de composición y ejecución instrumental, y es que en este mismo TOP hemos tenido cuota de one-metal-man-band con MSW y en pasadas cosechas han sido proyectos como Mizmor o Panopticon los que han llevado el cetro de tal categoría. Del brasileño Caio Lemos no sabía mucho antes de este ejercicio, y de hecho sigo sin conocer demasiado sobre su obra ya que la información en la red se sirve a cuentagotas sobre este hombre. Por suerte para quienes anden avispados y sigan las listas de mejores álbumes no solamente lo verán en Antípodas Sonoras sino también en el máximo escalón en Hipersónica y arribísima en el Chart de Rate Your Music de 2020. Tres canciones vastísimas con dos de ellas por encima del cuarto de hora entre las que es más difícil elegir que entre mamá y papá. O Castigo Vem à Cavalo ya muestra de inicio la mezcla del folk místico que incluye arpegios de guitarras limpias y etéreas y el black por el que discurre el proyecto de Lemos. Transiciones que fluyen con la misma naturaleza que el Amazonas y una amplísima paleta de recursos en los que tienen cabida la épica, la velocidad, la rabia, el vigor y la belleza. Y si no oigan cómo es capaz de realizar la transformación final a modo de fake outro del citado primer tema hacia terrenos más calmos para desembocar en un puñetazo final que pilla a contrapié. Toda Mágoa do Mundo tiene algún momento más atropellado pero rezuma quilates en riffs, trémolos y ritmos sincopados deudores de su país de procedencia. Los veintiséis minutos clavados de Miséria da Sabedoria son de volar sin motor. Mi canción del año. Lo mejor de Austin Lunn y de otros tantos nombres que me vienen a la mente de titanes del black metal más atmosférico de los últimos 20 años aquí redondeados. Hay días en los que he pensado en este artefacto como disco del año, y no me hubiese equivocado tampoco. Absolutamente imprescindible.

2- Ulcerate: Stare Into Death and Be Still

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Que no se haya alzado ganador el disco de los neozelandeses Ulcerate publicado en Abril responde únicamente a decisión final subjetiva y no a que este sexto disco de estudio de los neozelandeses Ulcerate no sea una auténtica barbaridad. No hacen prisioneros y sin embargo contienen esa plétora de matices progresivos como para que su death ultratécnico a la Gorguts pueda acabar entrando a oyentes menos avezados en el, en ocasiones, indigesto extremo subgénero. Lo intrincado y comprimido de la habitual sacada de chorra de la banda en su dominio aplastante de los instrumentos sigue teniendo continuidad en su nueva obra si bien parecen querer colarse nuevos aires igualmente oscuros pero más inclinados hacia la atmósfera que a lo polirrítmico y constantes cambios de patrones. En la homónima Stare Into Death and Be Still ya se vislumbraba precisamente eso en un tema en el que Saint Merat parece querer dar la réplica a la exhibición de Maciej Kowalski con Mgła en los parches el año pasado. Probablemente mi trabajo de baquetas favorito del año junto al de Paul Seidel de The Ocean. No menos impronta deja la anterior en el tracklist Exhale the Ash donde la deconstrucción de estructuras de Michael Hoggard casa a las mil maravillas con los arrebatos de doble bombo de la nombrada bestia de las baquetas y pedales. Me encanta igualmente el riff inicial arrastrado disonante de There is No Horizon y la interpretación feroz y angustiada de Paul Kelland. Otro acierto es el lado ambiental más cercano al post metal de Visceral Ends que en seis minutos campeona como otro de los mejores temas de metal de la temporada. Quizás por poner un pero me sobra Drawn Into The Next Void que baja el listón sobre el resto. Por suerte el final apabullante y de lagrimita de Dissolved Orders borra de un plumazo cualquier mal regusto que pueda quedar. Ulcerate con esta apuesta han conseguido ganarme para la causa con un trabajo acojonantemente profundo, denso y fascinante en el apartado técnico. En lo suyo era difícil toserles y ahora refuerzan los motivos de su posición en el escalafón.

1- WuW: Rétablir L’eternité

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Y en la posición de honor recogen el testigo de los chicuelos británicos black midi el dúo de hermanos franceses WuW. Estaba megaexcitado desde que me adentré en los adelantos de este segundo trabajo del vanguardista dúo parisino. Las sensaciones se han elevado exponencialmente cual curva de contagios del dichoso virus a lo largo del año y finalmente, como acto de justicia interior, he decidido otorgarle el número 1. El salto que pega la banda, visto en retrospectiva, con respecto del anterior Rien ne nous sera épargné es casi infinito. De unas raíces post y por querencia a la experimentación que ya estaban allí, ahora cuajan una obra que a buen seguro volveré a analizar con la perspectiva del tiempo dentro de muchos meses y espero que años. Pelotazas para abrir con las más larga Ce silence qui nous délivre de tout con un desarrollo bien ejecutado donde hay guitarras saturadas, sintes darkwave y una magistral dirección que recoge esa querencia por expandirse con recursos de baterías propios del free jazz más loco y fluir con naturalidad hacia un doom sepulcral. Pura libertad desde un inicio por parte de Benjamin y Guillaume Colin. Las programaciones y sintes de Benjamin durante todo el disco hará que pienses en Noah Landis de Neurosis, en Ulver o en lo progresivo y experimental de aquel discazo de Ex Eye de hace 3 años. El lamento ahogado en reverb de comienzo del segundo corte da paso a un riff grueso y efectos con los que volar tejiendo una maraña de capas envolventes con un patrón que aislado sería simplísimo pero que explota con una fortaleza inusitada. Mención especial para el uso de la percusión y sinte de la outro en el que de nuevo dan una lección de como cambiarle la cara con naturalidad a una canción con el transcurso del minutaje. Brutal la aportación de Bruce Lamont en el saxo- algo que me hace pensar en nuestros Orthodox- y añadir que las baterías de Assiegé para le cris du sursis son la rehostia. No bajan en intensidad ni en imaginación en la final Dans l’intense clarté de la solitude. Emotivo inicio con un arpegio que firmaría su paisano Neige. Pero lejos de caer en la épica más facilona vuelven a reivindicar una experimentación en docenas de capas superpuestas creando otra magistral canción de transiciones angulosas y con una estructura vertebral en torno a esas programaciones de B. Colin. Sumando todo el mejor disco de mi 2020. Apenas un par de miles de visionados en Youtube de alguno de sus temas -y con menos seguidores en su cuenta de Twitter que hasta la de servidor- me hace pensar que es un diamante totalmente oculto que muchos no testarán y que no saben lo que se pierden. Dadle una oportunidad porque es una auténtica pasada. Ya han restaurado la eternidad.

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